Warranteros y Warranteras

Por Julio De Vido (h)

Escuchá «Warranteros y Warranteras» acá.

El crédito como instrumento financiero, o coloquialmente el préstamo, existe desde que el hombre comenzó a producir bienes y/o servicios que cuenten con algún grado de valor o utilidad para otra persona, posteriormente evolucionó cuando las sociedades empezaron a utilizar materiales que signifiquen una unidad de valor, la moneda. La moneda fue variando de patrón a medida que las economías se desarrollaban y se complejizaban, desde bienes agrícolas en las primeras formas de sociedades sedentarias hasta el patrón oro, dejado en parcial desuso en el acuerdo de Bretton Woods de 1944 en el marco de la hegemonía norteamericana tras la Segunda Guerra Mundial.

En ciertos períodos de la historia los sistemas de créditos también fueron puestos en crisis por motivaciones religiosas como una práctica “pecaminosa”, señalada de esta forma por la sociedad cristiana predominante en la Europa del Medioevo, fundamentalmente por la difusión del interés para motivar económicamente este tipo de transacciones y generarle un beneficio al acreedor. Esto motivó persecuciones de carácter religioso, en particular a la población judía, al tratarse de ser sus miembros quienes concentraban esta actividad.

La historia del endeudamiento tanto público como privado en la Argentina corre de la mano de la misma constitución de la República, las principales crisis económicas que sufrimos tuvieron todas sus contras caras en fenomenales crisis de deuda, al punto que en uno de los episodios más oscuros de la historia argentina en 1982 se estatizó la deuda privada.

Del desglose técnico de este último párrafo se desprende una cuestión que dejo sembrada para el debate, ¿recurre Argentina periódicamente en crisis de restricción externa o la Argentina se las genera por si misma?

Esta duda sobre algo que muchos, incluyéndome, damos por sentado que es el fenómeno de la restricción externa nos debería llevar a pensar la inserción financiera de Argentina en el Mundo actual, Mundo dominado por los capitales que hacen uso y abuso de la velocidad de las transacciones y del sentido más amplio de la globalización per se.

En semanas de fuertes tensiones cambiarias y de la lupa dando vueltas alrededor de lo que deciden hacer, o no, los argentinos con sus pesos, o dólares, la agenda económica impulsada por el sector político parece ser un sinfín que difícilmente recoja un buen resultado.

La ausencia de políticas certeras en cuanto al crédito para los agentes productivos, y en un mercado abarrotado de pesos no solo concierne a la conducción de la política monetaria y económica del sector público sino también al sector bancario y sus referentes que operan constantemente para poder disponer ellos de los doscientos dólares de “cupo” que tenía asignado cada argentino que se encuentre en condiciones de adquirirlos. La preocupación no pareciera ser un acto patriótico.

La puesta a punto e instrumentación de las distintas herramientas financieras, sin por ello entrar en el terreno de la especulación, son parte del problema al que hoy se enfrenta nuevamente nuestro país, es por ello que en la edición de hoy quería traerles el ejemplo de los warrants en el sector agropecuario.

El warrant es un título de crédito que permite al dueño de una mercadería darla en custodia a una empresa emisora debidamente autorizada, obteniendo a cambio la emisión de un certificado de depósito y warrant.

El warrant permite al productor, empresario en general, poner su semoviente o producción, tanto primaria como industrial, en un tipo de garantía para tomar crédito para la inversión, un detalle, la ley vigente es de 1914.

Según el “Informe Warrant” de 2018, el 84% de los warrants en pesos otorgados a la producción primaria se correspondían al arroz, el maíz, la soja y el trigo, producciones predominantemente pampeanas, porcentaje levemente inferior arrojaba el informe sobre los warrants emitidos en dólares. Un claro direccionamiento al puerto de esta interesante herramienta financiera.

El único caso a destacar de parcial excepción de la regla es el de la producción yerbatera que cuenta con mayores avales dadas las destacables estrategias provinciales y el buen trabajo que ha tenido el Instituto Nacional de la Yerba Mate.

En marzo del año pasado el Senado le dio media sanción al nuevo proyecto de ley de Warrants cuya finalidad es incluir en la normativa la totalidad de las producciones de nuestro país otorgándole mucha importancia a las economías regionales, generalmente desfavorecidas por su lejanía de los puertos, menor participación del productor en la renta final y menor capacidad de acceso al crédito.

Como así también el proyecto con media sanción apuntaba a darle un perfil agroindustrial a la herramienta otorgándole también, por ejemplo, a los industriales de maquinaria agrícola la posibilidad de “cubrirse” mediante warrants, hecho que en la práctica se realiza, pero la modernización de la normativa es sumamente importante para la mayor distribución territorial de la herramienta.