Violencia es mentir

Por Daniel Prassel.

Hoy abordaremos un hecho puntual que sucedió hace 33 años en nuestro amado partido de Lomas de Zamora, más precisamente en Ingeniero Budge, situación que terminó desembocando en la adopción popular de la expresión “Gatillo Fácil” para hacer mención a los abusos de la fuerza y las armas de fuego por parte de las Fuerzas de Seguridad, término que quedó muy asociado a la Policía Bonaerense pero lo más importante no es nuestro vocabulario y sus expresiones, sino que también este hecho, donde 3 jóvenes fueron fusilados y asesinados por los efectivos, tan solo por estar conversando y tomando una cerveza en una esquina, represento gracias a la lucha y organización vecinal, unos inmensos y comprometidos abogados como León Toto Zimerman y Ciro Annichiarico y una visibilidad de la problemática, un hito importantísimo para la vida en democracia, pudiendo ser condenados los tres responsables y bajando así el umbral de tolerancia social a estas prácticas que subsisten hoy en día.

Dicho esto no vamos a quedarnos en el efeméride y no porque recordar no sea importante, claro está que cada fecha tiene su peso y su significación histórica, social y política, pero concebimos la lucha por los derechos humanos como algo integral, cercano, dinámico y en pleno movimiento, por lo que asumimos el compromiso de vida de propiciar y dar los debates necesarios que nos aproximen a un estado cada vez más respetuoso de los mismos y no tan solo conformarnos con uno que genera legislación o mecanismos que a veces son difíciles de aceitar en cada territorio para realmente efectivizarlos, estimamos fundamental la creación de leyes y resortes institucionales que nos garanticen el pleno goce de cada derecho, pero también le sumamos a eso el diseño de políticas públicas de respeto, promoción y concientización que se construyan conjuntamente con los actores de la sociedad civil para poder empoderar realmente a cada persona en el ejercicio irrestricto de sus derechos.

Un primer abordaje histórico nos demuestra que las transiciones nunca son fáciles, imaginemos entonces como desmantelar el legado de las dictaduras en las instituciones democráticas. Sabemos que, en la Argentina, el 10 de diciembre de 1983 comenzó formalmente a funcionar un gobierno democrático, pero el legado de las dictaduras en las instituciones democráticas sobrevivió a aquel día y aún hoy puede rastrearse en algunas prácticas y reacciones de las agencias del Estado, cuando ese legado se expresa en las peores practicas emanadas de las fuerzas de seguridad hablamos entonces de “Violencia Institucional”.

Fue (y sigue siendo) muy difícil empezar a pensar al Estado como un actor más que sujeto a la ley como todos nosotros, debe responder en caso de violarla, ha habido aportes realmente contundentes para trabajar en este campo, organismos como Correpi y la Comisión Provincial por la Memoria realizan un trabajo fundamental que no solo visibiliza y releva estos abusos sino que promueve instancias de participación colectiva para poder reflexionar en pos de elaborar respuestas a este tema que hoy nos convoca.

Ahora bien, es también un buen momento de hacer preguntas incomodas, pensemos en lo siguiente, si aceptamos como sociedad que estamos organizados de acuerdo al basamento del derecho romano que defiende la propiedad privada, claramente sabemos que tendremos fuerzas de seguridad, pues entonces ¿Qué fuerzas de seguridad queremos? ¿Qué limites le ponemos? Y la más importante al menos desde mi punto de vista personal, sabiendo que las fuerzas de seguridad también son instituciones de la vida en democracia, ¿debemos o no debemos “politizar” las fuerzas? Obviamente no son interrogaciones sencillas de abordar, nos exigen seguir estudiando sobre la materia y tienen por objeto ser punta de lanza en debates que ya se olfatean inminentes, porque como bien decíamos en notas anteriores da mucha bronca ver que morochos nuestros que se forman en escuela pública, que caminan nuestros barrios y que conviven con lo mejor de la militancia expresado en sus docentes, sus vecinos y las organizaciones políticas que trabajan en el territorio, terminen, muchas veces por la necesidad de tener un trabajo, siendo mano de obra barata para los intereses elitistas, separándolos para siempre del mismo Pueblo desde donde emergen y que los cobijo hasta que se calzan el uniforme, el camino será entonces estar ahí para acompañar todo su proceso de formación que deberá ser con perspectiva de DDHH, de Genero y de total respeto hacia sus semejantes, no hay soluciones mágicas tan solo hay que animarse a meterse a discutir política en serio y clarificar los objetivos que se persiguen, creo que nuestra democracia es lo mejor que pudimos armar luego del genocidio de la dictadura, pero aun así siempre podrá ser perfectible, y para eso no alcanza con unos pocos, para eso como siempre, necesitamos al Pueblo.

Ojala lo sucedido en Budge, hace 33 años, nos siga llevando a discutir cuestiones medulares para que realmente podamos arribar a los modelos de comunidad que supimos construir, donde cada pibe no tema por ser víctima de ningún atropello o abuso y donde al  mismo tiempo las fuerzas de seguridad de la democracia estén a la medida de un Estado de bienestar que cuida a sus habitantes y comprendan desde su rol de funcionarios públicos la importancia de no vulnerar ningún derecho, pues sino la ley también debe y como corresponde con todo su rigor, ser para ellos, nunca más impunidad alguna.

¡Nuestra responsabilidad es que así sea!

Siempre se escarba mejor la tierra recién mojada.

Más Estado, Más Solidaridad, Más Comunidad, como nuestros 30000 nos enseñaron.