Violencia de género parlamentaria: ¿Y si sancionamos en vez de opinar?

Por Maximiliano Rusconi.

Si la producción legislativa de los diputados Waldo Wolff y Fernando Iglesias fuera directamente proporcional al ancho de la hilacha mostrada en sus arranques de violencia de género en redes sociales, seguramente representarían un virtuoso récord de eficacia parlamentaria.

Por ahora, solo tenemos presente una vergüenza institucional que sólo el destino podrá medir en sus alcances finales.

Corría el año 1989 y, siendo muy joven, yo integraba un grupo de trabajo multidisciplinario para la reforma judicial. En alguna de las reuniones de debate conceptual que normalmente sucedían, un lúcido representante de las “ciencias duras” -no me acuerdo si era un arquitecto, ingeniero o estadístico-matemático-, emitió una frase que nos marcó a todos y se transformó en forma inmediata en uno de nuestros lemas: “¿para qué opinar si se puede medir?”.

Vale traer a cuento ese pequeño relato ya que frente al desastre moral de estos “señores”, sólo queda decir: “¿para qué opinar si se debe sancionar?”.

Es que, en verdad, y con todo respeto a la tendencia individual y social de opinar sobre todo, hay que decir que hay extremos que NO SON OPINABLES.

Veamos.

Hemos leído que Iglesias dijo: “Para mí, la señorita iba a ayudarlo a encontrar la perilla que enciende la economía para poner la Argentina de pie”.

Y luego hemos visto que  Wolf contestó: ”Pero ella de rodillas no?🧐”.

Ese diálogo público nos debe escandalizar y ello más allá de la risible y extemporánea aclaración de que esta última respuesta se refería a “la economía”. Ella sólo es comprensible si asumimos que quien la escribe, no respeta una sola regla gramatical.

Solo quiero recordar brevemente, desde el punto de vista normativo, las razones por las cuáles lo que institucionalmente debe hacerse sobre este desastre ius-humanitario no es materia de debate.

La ley 26.485, se ocupa de la protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales.

El artículo 2 de esa ley define su objeto del siguiente modo: “La presente ley tiene por objeto promover y garantizar:

a) La eliminación de la discriminación entre mujeres y varones en todos los órdenes de la vida;

b) El derecho de las mujeres a vivir una vida sin violencia;

c) Las condiciones aptas para sensibilizar y prevenir, sancionar y erradicar la discriminación y la violencia contra las mujeres en cualquiera de sus manifestaciones y ámbitos;

e) La remoción de patrones socioculturales que promueven y sostienen la desigualdad de género y las relaciones de poder sobre las mujeres;

f) El acceso a la justicia de las mujeres que padecen violencia;

Para tener más claridad sobre la gravedad de los actos de estos dos diputados, hay que recordar que el artículo 3, define los derechos protegidos del siguiente modo:

a) Una vida sin violencia y sin discriminaciones;

c) La integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial;

d) Que se respete su dignidad;

j) La igualdad real de derechos, oportunidades y de trato entre varones y mujeres;

Para algún comunicador o político distraídos hay que resaltar que el artículo 4 se ocupa de definir a la violencia contra las mujeres:

“…toda conducta, acción u omisión, que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial,…

“Quedan comprendidas las perpetradas desde el Estado o por sus agentes”.

Se considera violencia indirecta, a los efectos de la presente ley, toda conducta, acción omisión, disposición, criterio o práctica discriminatoria que ponga a la mujer en desventaja con respecto al varón”.

Y si quedara alguna duda, el artículo siguiente recuerda que: “…Quedan especialmente comprendidos en la definición del artículo precedente, los siguientes tipos de violencia contra la mujer:

2.- Psicológica: La que causa daño emocional y disminución de la autoestima o perjudica y perturba el pleno desarrollo personal o que busca degradar o controlar sus acciones…..mediante… humillación, deshonra, descrédito,… Incluye también ….insulto,….ridiculización….o cualquier otro medio que cause perjuicio a su salud psicológica y a la autodeterminación.

….

5.- Simbólica: La que a través de patrones estereotipados, mensajes, valores, íconos o signos transmita y reproduzca dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales, naturalizando la subordinación de la mujer en la sociedad.

El artículo siguiente de la ley nacional citada define las modalidades, para que no haya ninguna duda.

…”b) Violencia institucional contra las mujeres: aquella realizada por las/los funcionarias/os….y agentes pertenecientes a cualquier órgano, ente o institución pública, que tenga como fin retardar, obstaculizar o impedir que las mujeres tengan acceso a las políticas públicas y ejerzan los derechos previstos en esta ley. Quedan comprendidas, además, las que se ejercen en los partidos políticos, sindicatos, organizaciones empresariales, deportivas y de la sociedad civil;

….”f) Violencia mediática contra las mujeres: aquella publicación o difusión de mensajes e imágenes estereotipados a través de cualquier medio masivo de comunicación, que de manera directa o indirecta promueva la explotación de mujeres o sus imágenes, injurie, difame, discrimine, deshonre, humille o atente contra la dignidad de las mujeres, como así también la utilización de mujeres, adolescentes y niñas en mensajes e imágenes pornográficas, legitimando la desigualdad de trato o construya patrones socioculturales reproductores de la desigualdad o generadores de violencia contra las mujeres.

No se trata de sólo legislación nacional, también hay compromisos internacionales que están cristalizados en la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer (La llamada vulgarmente “Convención de Belem do Para”).

Allí se afirma a modo de legislación supranacional  que “debe entenderse por violencia contra la mujer cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado”.

Incluso el Artículo 2 prescribe que se entenderá que la violencia contra la mujer incluye la violencia física, sexual y psicológica.

¿Cuánto tiempo más debemos soportar que nuestro parlamento incluya a estas dos personas que de modo visible han lesionado (y difundido esa lesión) de modo tan grave un sector muy importante de nuestra legislación?