Variaciones

Por Gustavo Morato.

En su libro Ciudades Invisibles, Italo Calvino cuenta que en un diálogo entre el Gran Khan y Marco Polo, éste le dice: «…el infierno de los vivos no es algo por venir, hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo, la primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo»

Desde hace muchos años los seres humanos habitamos el infierno al cual se refería Italo Calvino. Muchos lo aceptaron, asimilándolo con algo natural, como si fuera propio de la naturaleza de las cosas.

¿O es que acaso no se pensó y se vivió como natural la esclavitud?  y fueron sus rebeliones reprimidas en virtud del derecho natural.

¿No fue natural también el apartheid y la segregación de los negros?

¿Acaso hoy no existen situaciones que para algunxs siguen siendo naturales?

¿No se toman aún hoy como naturales la desigualdad de las mujeres o la exclusión social?

Esa visión de naturalizar el orden social se fundamenta muchas veces en el mérito y el esfuerzo de cada individuo.

Vemos con estupor a dirigentes políticos y hombres de empresa cantar loas a la meritocracia mientras que en sus países aún tienen reyes y nobles cuyo único mérito fue haber nacido en un hogar cuyos padres son reyes o nobles.

Escuchamos a otros que defienden el esfuerzo individual y al mismo tiempo proclaman que la herencia es la base del régimen económico y social sin explicarnos cuál es el mérito, cuál el esfuerzo que ha forjado el heredero más que el de heredar.

Lo llamativo es que son ellxs mismos los que nos hablan de igualdad de oportunidades como si todxs tuviéramos las mismas.

Esto me recuerda una viñeta cuyo título era “Igualdad de oportunidades” en la cual había un pececito, un elefante, un mono y un cocodrilo junto a un árbol. La consigna   era:  todos tienen un minuto para subirse a este árbol.

En la actualidad estamos afrontando un desastre humanitario sin precedentes en nuestras vidas que las ha modificado de manera total. Algunos auguran que después de esta crisis va a haber un cambio civilizatorio. Muchos estamos esperanzados con la efectivización de este cambio y creemos necesario que se oriente a dar espacio a nuevas formas más justas en las relaciones económicas y sociales.

Como parte de este cambio es necesario hablar de igualdad de posiciones en lugar de igualdad de oportunidades, para establecer los mismos puntos de partida para todxs. Para que exista igualdad de posiciones se hace imprescindible entonces darle más al que tiene menos.

Ese es el concepto y el ideario del peronismo y en particular respecto de la niñez, aquel que llevó adelante Eva Perón.

¡Cuántos posibles ingenieros enfermeros, investigadores, obreros calificados, artistas se está perdiendo la sociedad por mantener desiguales puntos de partida!

Pero como expresa el prestigioso economista Piketty, la redistribución del ingreso no pertenece a las leyes de la economía sino a la esfera de las decisiones políticas.

Es por esto que avalamos la decisión del ejecutivo de enviar un proyecto de ley al parlamento para gravar con impuestos a las grandes fortunas, como así también la posición sobre la renegociación de la deuda externa, que le permitirá al gobierno destinar fondos para la protección de los sectores con más bajos ingresos. Darle más al que menos tiene.

Quizá como parte de este cambio sea necesario seguir desnaturalizando la historia, la que nos afirma que «pobres siempre hubo» y resignificarla historizándola y dándole un destino de igualdad, justicia y libertad.

Volvamos al diálogo de Italo Calvino cuando Marco Polo expresa la segunda forma de no sufrir el infierno. Dice: » …la segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuo: buscar y saber, reconocer quién y qué en medio del infierno, no es infierno y hacer que dure y dejarle espacio».