Un proyecto de país para todos los argentinos, no un plan económico para el FMI

Por Juan Valerdi.

Aclaración inicial.

En las últimas semanas he basado mi apoyo a este gobierno debatiendo y criticando públicamente algunas de las medidas que, a mi humilde entender, tenían aspectos que alejaban al Gobierno de sus propias promesas y de los valores que representa para la mayoría de quienes lo votaron. Desde el que asumió este gobierno traté de hacer críticas constructivas y de no darle argumentos a los opositores, a quienes en su mayoría considero responsables no solo del estado actual del país sino de encarnar fuerzas ligadas a décadas de saqueo, miseria y asesinatos.

Voté a este gobierno y no solo no me arrepiento, sino que además tengo intactas mis esperanzas de que la argentina encuentre de una vez el rumbo perdido de la mano de quienes encarnan este frente. Sin embargo, no puedo aceptar que la forma de encontrar ese rumbo esté basada en la obsecuencia, en no hablar de los errores o en festejar los males menores. En mi columna de hoy voy a tratar de aportar solo análisis y propuestas para hacer una pausa en las críticas constructivas que el propio presidente pidió públicamente en agosto de 2019 justo antes de ganar las PASO[i] (aunque me tomo el atrevimiento de considerarme un joven con varias décadas de experiencia ya que el pedido se lo hizo a los jóvenes).

La crisis mundial y el momento de buscar nuevas soluciones a viejos problemas.

La situación de la Argentina es extremadamente grave a nivel económico y social. A los experimentos, fiestas financieras y de deuda y los desvaríos de quienes condujeron el país de 2016 a 2019 se suman daños hechos adrede por parte de ese gobierno. Sucede que una parte del sector productivo era considerada prescindible en el modelo agroexportador que encarnaba el Macrismo así como los asalariados eran considerados un costo rebajable y por ello fueron pulverizados y domesticados en ese mismo período. Adicionalmente, como es obvio, la pandemia termina de complicar el panorama interno e internacional, tanto a nivel económico como político y social. La crisis económico/financiera y de hegemonía internacional, sin embargo, plantea tanto desafíos como oportunidades. Se ha mencionado ampliamente que los ideogramas con que se escribe el equivalente de la palabra china “crisis” se pueden traducir como “riesgo” y “oportunidad”, no obstante, algunos especialistas en ese idioma advierten que el segundo ideograma se asemeja más a una traducción de “punto crucial o crítico” y en la actual situación argentina creo que esta traducción parece más apropiada que oportunidad. El futuro político, social y económico de la argentina presenta riesgos graves por diversas razones, entre otras la grieta magnificada por los medios masivos de comunicación y reforzada con los instrumentos de manipulación ligados a redes sociales. Por eso la coyuntura actual debe ser leída como un punto crítico en el que las decisiones de rumbo deben apuntar al desarrollo de un país viable económica, social y políticamente para los 44 millones de argentinos. No hay margen para emparchar un país que ya venía a los tumbos y empeorando las condiciones de una parte cada vez mayor de su población al ritmo del péndulo político y económico. No es posible imaginar la construcción de una argentina realmente soberana, viable e inclusiva volviendo a una supuesta normalidad de los sistemas productivos, impositivos, educativos, judiciales, financieros y políticos tal cual funcionaron hasta la cuarentena. Las soluciones probadas en varias décadas han llevado al fracaso y a dolorosas consecuencias acumulativas, no es necesario ser Einstein para notar que solo un necio o un suicida seguirían aplicando las mismas recetas después de tanto retroceso. Por eso es hora de aprovechar la ventana de oportunidad que nos brinda la turbulenta coyuntura mundial para encontrar nuevas soluciones que en el fondo no demandan inventar la pólvora sino decidirse a ejercer la soberanía que supuestamente posee la argentina para decidir su futuro.

Un proyecto de país para todos los argentinos, no un plan económico para el FMI.

Conseguida la renegociación de la deuda con los acreedores privados se presenta ahora el desafío de acordar las nuevas condiciones de pago con nuestro mayor acreedor en el mundo, el FMI. El aporte de campaña que la gestión Trump le otorgó a Mauricio Macri a través del FMI persiguió no solo el objetivo de tratar de mantener a un presidente fácilmente manejable en el gobierno del tercer país más importante de Latinoamérica. Si la reelección fallaba la inmensa deuda argentina con el FMI resultaría un condicionante fuerte para el gobierno que derrotara al elegido del poder estadounidense. El FMI no es ni bueno ni cristalino y que su presidenta sea la enamorada de Macri que todos íbamos a amar o la amable Kristalina es irrelevante respecto del rol que juega ese organismo desde su creación en la postguerra. El FMI es un órgano de control geopolítico de EEUU y en menor medida de algunos de sus mayores aliados europeos, pero ninguna decisión trascendente del organismo se toma sin la aprobación del Tío Sam, así como el poder de veto de EEUU es absoluto en los hechos. ¿Significa esto que el resultado de la renegociación del aporte de campaña al candidato perdedor llevará inexorablemente a que argentina pierda su capacidad de diseñar un proyecto de país viable? En mi opinión de ninguna manera.

Sin embargo, hay riesgos en este punto crítico, como mencioné en los párrafos anteriores. El FMI va a solicitar que argentina diseñe un plan económico en el que le asegure supuestamente el repago del préstamo más grande que ha dado en la historia del organismo. Depende de las autoridades políticas del frente que nos gobierna el convertir ese pedido en un proyecto de país con ideas novedosas y originales que aprovechen las circunstancias mundiales/regionales y los abundantes recursos con que cuenta nuestro país. Un proyecto digno que no incluya el darwinismo social o el asistencialismo para la mitad de la población como era el caso del país agroexportador que afortunadamente el macrismo no llegó a implementar en su totalidad a imagen y semejanza del modelo chileno tan admirado por el ex presidente vacacionante.

La inclusión plena de los argentinos con dignidad y trabajo es una de las banderas básicas del peronismo, para lograrlo el frente de gobierno no puede limitarse a diseñar un plan económico que conforme al FMI y que solo restaure la “normalidad” en que la argentina ha venido derrapando por algunas décadas al son del péndulo. Si se impone una visión de largo plazo que incluya la soberanía y el desarrollo en el proyecto de país que surja de este frente de gobierno y se logra comunicar a la población cual es el rumbo, para qué y quienes son las minorías que van a perder con esos beneficios de la mayoría del pueblo argentino probablemente entonces se logre bloquear las posibilidades de las redes sociales y los medios masivos de comunicación para llevar a los argentinos a un suicidio colectivo como país. No hay espacio ya para seguir fracasando sin poner en riesgo la continuidad de la soberanía argentina y sobra margen para convencer a factores de poder de EEUU de que una argentina viable y que negocia es preferible a una caótica y disgregada.


[i] Ver pedido de crítica constructiva del presidente Fernández en agosto de 2019 en: Alberto Fernández a los jóvenes: «Si alguna vez me desvío, salgan a la calle y digan ‘Alberto, esto no fue lo que nos prometiste'»