Un golpe de radio

Por Adrian Korol. Director de RAE (Argentina al Mundo)

El golpe de estado chileno del 11 de septiembre de 1973 tuvo como protagonista, por lo dicho y por lo silenciado, a la radio.

Dentro de las operaciones diseñadas y ejecutadas por los golpistas aquel martes, se destaca la “Operación Silencio” destinada, como su nombre lo indica, a sacar del aire a las emisoras de radio leales al gobierno democrático del Dr. Salvador Allende.

Desde muy temprano los bandos militares solicitaban a todas las emisoras dejar de transmitir y, en todo caso, sumarse a la Red de Radiodifusión de las Fuerzas Armadas, cuya cabecera operaba en el Batallón de Telecomunicaciones de Peñalolén, el mismo lugar desde donde Augusto Pinochet daba las órdenes correspondientes a un golpe planificado cuidadosamente, mientras que las pocas estaciones leales al gobierno constitucional como Corporación, Portales, Magallanes, Universidad Técnica y Recabarren  se agruparon en una cadena denominada “La Voz de la Patria” .

En la red de emisoras golpistas se ordenaba a la audiencia a permanecer en sus casas y no salir a la calle, mientras en la red de emisoras que apoyaban al gobierno de la Unidad Popular, se instaba a la audiencia a permanecer en sus puestos de trabajo a la espera de los mensajes del presidente.

Salvador Allende dio 5 mensajes aquella mañana. En los primeros denunciaba que la sedición provenía de la “marinería” que se había levantado en Valparaíso y, comete un acto fallido al decir que se levantó “contra el ejército” algo que corrige inmediatamente por “contra el gobierno” pero que podría ser indicio de la confusión generada por su idea de reconocer hasta último momento a Augusto Pinochet como un leal a su gobierno.

Los militares llegaron a difundir un bando obligando a los responsables de las emisoras de radio a desarmar los transmisores, extraer piezas fundamentales como las válvulas y cristales (que establecen la frecuencia de operación de los equipos) y entregarlas con un acta por escrito a representantes de las Fuerzas Armadas. Esta orden era innecesaria en los hechos, ya que los golpistas tenían identificados los estudios y plantas transmisoras de todas las radios, pero era un mensaje necesario a la hora de sembrar el terror en la población.

Instrucciones a emisoras de radio

Interferencia secreta

Las comunicaciones internas de los militares permiten tener un documento estremecedor de como se desarrolló el minuto a minuto del golpe de estado. Órdenes y contraórdenes con el cinismo extremo de un verdadero testimonio sonoro del fascismo.

La recordada periodista Patricia Verdugo publicó un libro llamado “Interferencia Secreta” incluyendo las grabaciones de estas comunicaciones.

Fueron recopiladas de al menos tres fuentes involucradas con los acontecimientos:

  1. Inteligencia Cubana. Que había sido entrenada en intercepción y registro de los sistemas de comunicación, utilizando equipos provenientes posiblemente de la entonces República Democrática Alemana.
  2. Radioaficionados locales. El 11 de septiembre se prohibieron explícitamente las emisiones de radioaficionados, con sanciones militares a quienes no cumplieran la orden. Pero no podían controlar la recepción o escucha de radioaficionados que, al no poder transmitir, se dedicaron a recorrer las bandas, escuchando (y grabando) todo tipo de conversaciones.
  3. Hay en las grabaciones registros realizados en forma local y al analizarlos se observa que fueron realizados en el mismo sitio desde el cual un operador militar esta recibiendo y transmitiendo distintos mensajes. Estas fuentes podrían estar ligadas a alguna agencia de inteligencia extranjera.

En estas “interferencias” se pueden escuchar las voces de todos los jefes golpistas, especialmente la de Augusto Pinochet, refiriéndose a la posibilidad de que Allende sea extraditado inmediatamente en un avión, “y el avión se cae” mientras él y sus interlocutores se ríen. También se informa más tarde y por estas frecuencias que Allende se suicidó (lo expresan en inglés, como si el saber inglés fuese algo sólo para criptógrafos)

En avión, se cae

Fragmentos de un discurso amoroso

Las emisoras integrantes de la cadena “La Voz de La Patria” fueron silenciadas una a una, ya sea por allanamiento de sus estudios y plantas transmisoras, o por bombardeos de la fuerza aérea sobre sus torres de antenas.

Solo una logró permanecer en el aire: Radio Magallanes. La radio pertenecía al Partido Comunista de Chile, y pocas semanas antes del golpe había recibido una donación de equipos transmisores por parte de Checoslovaquia, por lo que instaló una nueva planta, dato que no tuvo en cuenta la Fuerza Aérea, quienes bombardearon la planta anterior creyendo que así la podrían silenciar. Este blooper hizo posible que Radio Magallanes sobreviviera un par de horas más y, por lo tanto, que Allende pudiera dar su quinto, último y legendario discurso.

Todas las líneas telefónicas de Magallanes fueron cortadas como parte del golpe. Pero quedaba un viejo teléfono de magneto (a manivela, sin disco ni teclado numérico) comunicaba directamente, punto a punto, a Radio Magallanes con La Moneda. El aparato de la redacción de la emisora tenía un cartel que decía “NO TOCAR SIN AUTORIZACION”

En aquel contexto recrear lo que sucedió es muy difícil, pero no imposible. A las 9 .20 de la mañana sonó la chicharra de ese aparato (según Guillermo Ravest, director de la radio) o quien se encontraba en la redacción de la radio (Rubén Valenzuela) lo activó para ver si alguien respondía. Sea como fuere del otro lado de la línea estaba Salvador Allende y su intención era dar un mensaje sabiendo que a esa altura no quedaban otras emisoras leales en el aire y que esa sería, seguramente, la última oportunidad en que se pudiera dirigir al pueblo de Chile.

El operador de turno era Amado Felipe, hijo de refugiados españoles tras la guerra civil, y secretario de la célula del PCCh en Radio Magallanes. El director, Guillermo Ravest, le dijo a él y al conductor Leonardo Cáceres, que estaba Allende en el teléfono. Era una mañana llena de angustia y tensión. Ninguno de los integrantes de la radio había vivido antes un golpe de estado. Allende comenzó a hablar sin esperar, y por eso la voz de Allende se superpone con el anuncio de Cáceres. Amado Felipe puso a grabar sobre el final de una cinta que estaba puesta en el grabador de su cabina. Comienza a vislumbrarse otro de los protagonistas ocultos de esta historia.

Amado Felipe, un operador de radio. Partícipe necesario para que el último discurso de Allende sea hoy parte de la historia, en lo que seguramente es el contenido más conmovedor en 100 años de radio. El último discurso de Allende es, ante todo, una pieza radiofónica, una maestría de oratoria, un testimonio de dignidad y defensa de las convicciones democráticas que puede ser analizado de maneras diversas. El mejor contenido radiofónico de la historia lo produjo un médico socialista y chileno.

Pero volvamos a Amado Felipe, el operador que comienza a grabar en una cinta usada y a punto de terminarse, el último discurso de Allende. En su desesperación por registrar el mensaje, dejará abierto uno de los micrófonos del estudio, y son voces, gritos y ambiente que se cuelan en la grabación, cuando ya está llegando a su fin, se escucha la voz de Guillermo Ravest gritando “ que saquen esa cinta y que pongan otra”  y todo es un contexto necesario, un matiz que contrasta con la tranquilidad en la voz del Presidente (que es destacada en el texto por el propio Allende)

Último discurso de Salvador Allende

El rescate

El rescate del último discurso de Allende significa, entre muchas otras cosas, el fracaso de la “Operación Silencio” de los golpistas.

Uno de los muchos únicos héroes en este lío es Amado Felipe, Operador de Radio Magallanes. Logró grabar el discurso, cambiar la cinta en el medio, y es por eso que en algunas versiones falta una palabra o se repite otra. Son detalles y acertijos que dejamos, como un desafío lúdico, para las personas interesadas en el tema.

Al terminar el mensaje, es Guillermo Ravest quien queda en comunicación telefónica con Allende que le dice fuera del aire: “NO HAY MAS COMPAÑERO, ESO ES TODO”, ¡antes de colgar Ravest llegó a decirle “Cuídese!”. Cortó la comunicación, y le dijo a Amado Felipe: “Es su testamento político, estamos sonados”.

En el aire ya había una canción de Quilapayun, seguidamente difundieron el Himno Nacional y luego, gracias a la grabación realizada por Felipe, se repitió el mensaje del presidente. Hubo tiempo para un nuevo tema de Quilapayun (“El Pueblo Unido”) que no llegó a emitirse completo porque, ahora sí, Radio Magallanes fue silenciada.

Los militares ubicaron por fin la planta transmisora, allí se encontraba además un grupo de periodistas de guardia para seguir transmitiendo por si allanaban los estudios. Lo cierto es que sucedió al revés, allanaron la planta en Renca y como encontraron periodistas allí, los detuvieron y fueron conducidos primero al Estadio y luego a Chacabuco. Este segundo blooper de los militares permitió que no se allanaran entonces los estudios de Magallanes en la calle Estado número 235.

A las tres de la tarde del martes 11 de septiembre comenzó un toque de queda de 48 horas. Dentro de los estudios de la Magallanes quedaron Guillermo Ravest, Amado Felipe y dos responsables de seguridad del PCCh. Durante dos días se dedicaron a destruir cualquier documentación o información comprometedora, y a realizar manualmente copias del ultimo discurso en pequeños carretes de cinta, así como en cassette. Algunas versiones aseguran que realizaron unas 40 copias. Una investigación del Tribunal de Ética del Colegio de Periodistas de Chile indica que las copias fueron exactamente 24.

El día jueves 13 cuando Ravest y Felipe pudieron salir a la calle, sacaron esas copias escondidas entre sus pertenencias.

Ravest concertó una cita con su compañera Ligeia Balladares (quien a esa altura pensaba que ya era viuda por las versiones que daban por muerto al periodista)

Se encontraron en la puerta del viejo cine Central, por la calle Huérfanos y a menos de dos cuadras de La Moneda, epicentro del golpe. Allí Ravest deslizó unas copias de la grabación del último discurso de Allende en el bolso tejido de su mujer. En los días siguientes otras copias fueron distribuidas a corresponsales extranjeros que se encontraban alojados en el hotel Continental.

El último discurso de Allende había vencido al “Operativo Silencio”.

Salvador Allende

Títulos finales

Este trabajo ha considerado las distintas versiones sobre los mismos hechos. Incluyendo las de los periodistas Hernán Barahona y Rubén Valenzuela. Los testimonios de Guillermo Ravest y Leonardo Cáceres han resultado lo suficientemente sólidos incluyendo las conclusiones sobre los acontecimientos detalladas tras una investigación del Tribunal de Ética del Colegio de Periodistas de Chile.

Amado Felipe no volvió a trabajar en lo que mas amaba: la radio. Fue cesanteado luego del golpe y tiempo después se quitó la vida.

La misma noche del golpe comenzaron a transmitirse los programas de radio de Escucha Chile desde la poderosa Radio Moscú, con una enorme audiencia dentro y fuera de Chile. Las transmisiones continuaron ininterrumpidamente hasta el último día de la dictadura de Pinochet.

Otro equipo de periodistas exiliados en la ex URSS, con la misma y poderosa infraestructura de Radio Moscú, puso en el aire un servicio dirigido hacia Chile y el mundo al que denominaron Radio Magallanes y se identifico todas las noches diciendo “Transmite Radio Magallanes, la emisora desde la que Salvador Allende dejo a los chilenos su legado patriótico de unidad, lucha y libertad”

El director de esta radio también fue Guillermo Ravest.

Radio Magallanes

BONUSTRACK

La ultima canción que se escuchó (incompleta) por Radio Magallanes el 11 de septiembre de 1973 El Pueblo Unido (Quilapayun)