Tu casa interior

Por Leonardo Gotlib.

Una arista mía
se cruzó con una sonrisa tuya,
como que rozamos
los codos del alma.
Fuimos para dentro
y confundí tus poros
con los míos.

Dejamos de jugar al ajedrez
y empezamos a vivirlo
(siempre me pareció un error
administrar el amor,
esperá lo peor
y éste llegará)
y quizá eso me dañó el corazón.
Sin embargo,
siempre voy a responder
por lo que hice
en tu casa interior.