Traigan soluciones que herramientas sobran

Por Julio De Vido (h).

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Al interno de las entidades gremiales agropecuarias, CAME (Cámara Argentina de la Mediana Empresa) fue históricamente una de las más resistidas ya que para bien o para mal las otras cuatro (SRA, CRA, FAA, CONINAGRO) tienen una génesis histórica que las avala y sectores agrarios generalmente bien delimitados.

Esta situación quizás hasta de marginalización ha hecho que esta tenga que evolucionar en un perfil más técnico y menos gremial como decíamos antes lo que la lleva a elaborar documentos y estadísticas muy interesantes y a apoyarse en particular sobre las economías regionales. Esta semana publicó un escueto comunicado titulado “Falta mano de obra en las economías regionales y desde CAME solicitan poder compatibilizar trabajo registrado con planes y programas sociales.”

Como el título lo indica, una de las principales problemáticas en las áreas rurales del interior del país es la falta de mano de obra en general y, agrego, capacitado. CAME apunta en particular la situación a la falta de herramientas de empalme o compatibilización entre los planes y asistencias sociales de los distintos estratos del estado con la formalización de relaciones laborales temporales, en particular, que permite la ley de trabajo agrario específica para el sector dadas las características estacionales y/o cíclicas que tienen determinadas producciones.

La ley de trabajo agrario contempla un órgano normativo propio que la Comisión Nacional de Trabajo Agrario, la cual está integrada por dos representantes titulares del Ministerio de Trabajo; un representante titular del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca; un representante titular del Ministerio de Economía; dos representantes de los empleadores y dos representantes de los trabajadores.

Dicha representación ampliada en un contexto como el de la CNTA tendría que traer rápidas soluciones para los problemas que plantea CAME y tantos otros sectores como así también a la contraposición de ciertos sectores que declaman que en “el campo” se paga poco por lo que a los trabajadores les conviene “quedarse con el plan”.

Los planes no son malos per se, son malos sus intermediarios y los gerentes de la pobreza, como así también su duración por falta de alternativas y en el caso de tratarse de personas en edad y condición física económicamente activa su contraprestación, también como se planteaba al inicio el hecho de que no puedan compatibilizarse con empleos privados ya que al menos una parte de lo erogado por Estado tendría su retorno en aportes y contribuciones y a través de los tributos que provengan del consumo de dicha remuneración al trabajo.

Por otra parte, recapitulando en algunos conceptos, si los sueldos, los jornales o las remuneraciones son malas, escasas o insuficientes su corrección o actualización es prácticamente una política de Estado al estar los convenios paritarios encuadrados en la Comisión Nacional de Trabajo Agrario.

Como en tantos otros ámbitos en el que los intereses y actividades privadas se conjugan con las competencias del Estado queda cuasi demostrado que lo que hay a disposición son herramientas institucionales como así también organismos específicos que tienen a su alcance la resolución de estas tensiones que se generan en el mercado de trabajo y en la actividad económica en general a partir de la delicada situación en la que nos encontramos.