Todos los medios son públicos, también en la pandemia

Por Gonzalo Carbajal. Vicepresidente de Radio y Televisión Argentina S.E.

Que todos los medios son públicos es más que una afirmación ingeniosa, no es marketing ni un eslogan simpático. Es la síntesis de una concepción que luego de décadas de lucha ciudadana terminó de plasmarse en un texto legal: la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA) que parió la ciudadanía en 2009. Es que todos los medios de radiodifusión utilizan un recurso esencial que es público, el espectro radioeléctrico. Y en el caso de los que no lo hacen, también se mueven en la esfera pública, creando contenidos que impactan en ella, movilizando fuerzas de la sociedad, incidiendo. Son esenciales para que los ciudadanos ejerciten su derecho a comunicar y estar comunicados.

Los años que siguieron a la promulgación de la LSCA fueron muy ricos, por las distintas situaciones que ocurrieron, por los esfuerzos en los que nos embarcamos y por aquellos de que uno aprende tanto de los errores como de los aciertos. Un enorme caudal de energía política se había acumulado en ese largo camino, pero ahora debía cambiar el foco: ya no se trataba de generar las condiciones para un cambio legal, ya no se trataba de acumular fuerzas para torcer el brazo de los poderosos que siempre habían logrado detenerlo. Lo dijimos en esa oportunidad, la promulgación de la LSCA no era un punto de llegada sino de comienzo. Y eso que sonaba muy simple, no fue fácil de resolver.

Por otra parte, la judicialización del texto que llevaron adelante quienes no querían perder sus privilegios, trajo como consecuencia que durante mucho tiempo la política también confundió una parte de la Ley, con el todo. La necesaria e imprescindible desconcentración no lo era todo. No haberlo entendido a tiempo impidió expresar la potencia del texto en varios aspectos, como el del plan de desarrollo de emisoras de radio y televisión para multiplicar las voces a lo largo de todo el territorio, o la plena ejecución de los fondos de fomento, entre otros. Cuando al fin la Corte Suprema dictaminó su plena constitucionalidad ya habían pasado 4 años y mucha de la energía acumulada en su conquista, se encontraba en retroceso por los tumbos de su aplicación. El gobierno kirchnerista se encontraba en la mitad del segundo mandato de Cristina, con Néstor fallecido y ya se vislumbraban problemas para su continuidad en las elecciones de 2015. Pero todos esos golpes y la discusión de la década eran parte del haber.

Decíamos que la nueva norma comprendía muchos aspectos, uno de ellos el relativo a los medios públicos gestionados por el Estado Nacional. Se creaba Radio y Televisión Argentina S.E. (RTA) como continuación del viejo Sistema Nacional de Medios Públicos, pero con un diseño institucional novedoso que comprende un directorio con participación legislativa y de la sociedad civil, más un sistema de control parlamentario y de la sociedad civil que se ejerce mediante una Comisión Bicameral y un Consejo Consultivo Honorario. Además, se incorporaron a RTA al conjunto de radios comerciales que hasta ese momento radicaban en la Secretaría de Medios y al Canal 12 de Trenque Lauquen.

El comienzo del gobierno macrista fue a toda orquesta. En una de sus primeras medidas, por el Decreto de Necesidad y Urgencia 267/15 comenzó el desguace que tendría el foco principal en eliminar los mecanismos de desconcentración y acumulación de medios en pocas manos, además de modificar las autoridades de aplicación y sus composiciones.

Los medios integrantes de RTA resistieron con distinta suerte los embates del macrismo. La cuestión del personal fue menos cruenta que en la Agencia Télam donde la saña de los directivos recayó en particular sobre casi 400 trabajadores y trabajadoras, y las consecuencias sobre la empresa toda y la sociedad que se vio privada de su producido. Luego de la mala experiencia pública sucedida con Télam, es posible pensar que los funcionarios macristas cambiaron la táctica y para Radio Nacional y los dos canales de TV hayan elegido un camino menos beligerante, aunque no menos gravoso para la sociedad. En este caso se «ofrecieron» retiros voluntarios y jubilaciones anticipadas, con distinto impacto en las emisoras porque no fue uniforme, pero en algunos casos debilitaron mucho la capacidad de gestión esos medios.

Cuando comenzamos la gestión encomendada por Alberto y Cristina, el 10 de enero de este año, nos propusimos reconstruir los medios públicos de gestión estatal para que pudieran disputar audiencia con calidad. Para que contribuyeran a construir ciudadanía e intervinieran en el debate público con pluralidad y responsabilidad.

En eso estábamos, comenzando a reconocer el estado que nos había dejado la gestión anterior y al mismo tiempo poniendo la factoría en marcha cuando llegó la pandemia y cambió el mundo. Entramos en un tiempo distinto que puso en tensión todos los recursos con los que contábamos, los recursos técnicos, pero fundamentalmente la capacidad de quienes trabajan en la radio y los canales. Un tiempo que requiere de un esfuerzo extraordinario para compensar el cambio. Seguimos en reconstrucción, pero no nos detenemos.

Hoy, en medio de la emergencia quiero recordar aquello de que todos los medios son públicos. Porque la responsabilidad de la hora no puede tener atenuantes, no es para unos sí y otros no. Los medios que integran RTA seguirán con eje en el derecho de las audiencias a recibir información chequeada, sin sensacionalismos, con fuentes corroboradas, aún cuando enfrente haya quienes se relajen y jueguen con ambigüedades y sensacionalismos para rapiñar unas décimas de rating. Porque el gran saldo de las últimas décadas en que se discutió la cuestión de la comunicación y los medios es que hoy la sociedad argentina lee entre líneas. Aprendió a decodificar qué es información y qué es operación. Sabe que los medios de comunicación son actores políticos y tienen intereses.

La radio este año cumple 100 años, no solo Radio Nacional, la radio como sistema. La semana próxima el Canal 12 de Trenque Lauquen cumple 50 años. En 2021 la TV Pública cumplirá 70 años. Me animo a cerrar este urgente repaso de lo que vivimos en los últimos años con una afirmación, quizá aventurada. Viendo la forma en que nuestros medios pudieron adaptarse rápidamente a programaciones extraordinarias, con mayor carga de trabajo en vivo, con condiciones poco frecuentes, con la altísima responsabilidad de llevar certeza a los hogares donde hay mucha incertidumbre, pienso que este es el momento para el cual estuvieron preparándose durante décadas. Y, quizás, aquellos que privilegiaron sus intereses comerciales, aquellos que trabaron la Ley Audiovisual, que callaron despidos y persecuciones a trabajadores, los privilegiados de siempre, también. Pero hay una sociedad distinta mirando. Larguemos, que en la cancha se ven los pingos.