Testimonio en momentos difíciles

Lic. Mlga. Marta Maldonado Nassif.

Ingreso al muro personal de mis redes sociales y me encuentro con la dichosa pregunta: ¿qué estás pensando? Entonces… todo me lleva a conclusiones teñidas por la historia, la geografía, la globalización; sí, la globalización cultural que nos llevó a la integración de costumbres y creencias, donde el factor predominante es la economía y las telecomunicaciones, los cuales han influido enormemente en los modos de vida.

Los beneficios y los riesgos de esta situación son muy variados, algunas personas han encontrado en la globalización enormes oportunidades de desarrollarse personal y profesionalmente; otros han encontrado una pérdida poco a poco en su identidad como personas y como sociedad. Atravesamos un tiempo difícil que a nuestra edad nos interpela en muchos temas existenciales.

El ser humano, creador de grandes invenciones y capaz de viajar a la Luna, hoy se encuentra en vilo por una partícula nanoscópica, que ni siquiera alcanza a ser un organismo vivo.

Es que el COVID-19 nos plantea más un desafío social, que su propia naturaleza: “ser un virus de transmisión global”; porque nos expone a un cambio de hábitos, nos impulsa hacia alternativas más o menos tentadoras, pero sumamente necesarias.

En todo el mundo estamos aprendiendo a vivir puertas para adentro, en encierro forzoso. Es que hemos perdido el libre albedrío, resignamos la libertad por algo que amenaza no solo nuestra salud sino la posibilidad de expandirnos, de crecer con nuestros afectos cercanos, familiares y laborales. Nos impide estar en contacto estrecho con nietos e hijos, con nuestros alumnos, amigos y seguidores.

Somos bombardeados por información de manera constante.

Las situaciones críticas nos muestran desnudos, nos muestran las miserias humanas, que están relacionadas con la pérdida del sentido de la trascendencia, lo que nos impele a vivir en un mundo de valores efímeros casi sin ningún contenido espiritual.

La realidad nos supera, pero también nos muestra que hay una otredad….

En épocas de distanciamiento social y responsabilidad ciudadana, las plataformas virtuales están siendo una opción interesante, y es que la tecnología llego para quedarse.

En un mundo dominado por la razón y la técnica, vi cien y mil tutoriales de cómo fabricar y ponerme un barbijo, de cómo lavarme las manos y hasta de como tener sexo virtual seguro.

Escaparse del aburrimiento puede ser creativo, solo basta con mirar los videos que circulan todos los días por grupos de whatsaap y por las redes. El saludar a un familiar o un amigo por su cumpleaños, el escuchar a un político o seguir a un artista, puede sonar interesante.

El teletrabajo, la cursada, los zooms, los “meetings” y reuniones virtuales pueden resultar muy necesarios y hasta comprensibles, pero siguen siendo lo que son: formatos determinados que nos permiten seguir conectados mientras respetamos las medidas de prevención.

Es muy importante compartir el conocimiento en estos “entornos virtuales”; sin embargo, todo es posible cuando realmente se tienen las herramientas y la conectividad necesaria.

Parafraseando a Eduardo Galeano: “El automóvil, el televisor, el vídeo, la computadora personal, el teléfono celular y demás contraseñas de la felicidad, máquinas nacidas para ganar tiempo o para pasar el tiempo, se apoderan del tiempo.”

¿Esta pandemia servirá para considerar donde está lo importante… donde poner la atención… y cuáles son los valores que tenemos que cuidar…?