Sucios, Malos y Feos

Por Claudio Posse.

No es ninguna novedad que la pandemia cambio, por lo menos, la lógica del gobierno  conducido por Alberto Fernández. Pero, como dice el dicho popular: “No hay mal que por bien no venga”. La Pandemia nos obligó a todos poner en la superficie las problemáticas más agudas de nuestra comunidad. Nos obliga también a decir las cosas por su nombre y apellido.

Obviamente, me tienta destacar las barbaridades de algún sector de la oposición en su postura con respecto al análisis de la realidad (seguramente mencionaré alguna) lo que me moviliza es cuestionarnos, a nosotros mismos, a aquellos que nos auto denominamos “Nacionales y Populares”.

¿Cómo fue que no pudimos solucionar el terrible problema de los asentamientos populares? Vemos por la tele la terrible estigmatización que sufren los compañeros que les toca en suerte sobrevivir en lugares sin los servicios básicos, sin ninguna otra opción que salvarse día a día, sin más aspiración que cuando se levante al otro día tenga la fortuna, sí… la suerte, que le proporciona el sistema como si fuera una dádiva cruel, de pegar una changa para sostener la olla familiar del día.

Aclaración importante: No estoy escribiendo sobre el gobierno de Alberto. Estoy tratando de pensar por qué nosotros nos olvidamos de los más vulnerables de la sociedad. Pará… no te pongas nerviose, no estoy puteando al gobierno de Néstor y Cristina. Estoy hablando de nosotros como movimiento Popular, como construcción política dinámica y permanente.

Uno es lo que vivió y aprendió. Aquellos que alguna vez le faltó un plato de comida saben de lo que estoy escribiendo, pero el que no, aquel que nació en un lugar donde el sistema te deja desarrollarte, si es del campo popular, tendrá que haber aprendido algo. Digo, el peronismo nació y se desarrollo con una columna vertebral compuesta por los excluidos. Porque el movimiento obrero organizado se construyó con los excluidos de antes, esos que rescató Perón, los mismos que, tiempo después,  lo sacaron de la cárcel y lo colocaron en la presidencia al general. Y ellos, ¿quiénes eran?  Estoy seguro y puedo afirmar que no eran los sectores medios, menos altos. Eran los cabecitas negras, los grasitas, los descamisados. Los sucios, los malos y los feos. Ellos y ellas hicieron y desarrollaron al Peronismo.

Pienso entonces y me pregunto, a riesgo de parecer clasista, ¿por qué será que hacemos tanto hincapié en observar a los sectores medios y desproteger a los que no tienen nada? Acá va otra aclaración, el movimiento Nacional y Popular es policlasista, en eso coincidimos todas y todos, pero también es verdad que “cada uno cumple una función”, porque en caso contrario tendríamos el inconveniente de romper la lógica movimientista y caer, justamente, en el clasismo. Entonces, todas y todos podemos ver que algún sector es más proclive a defender los intereses de los industriales, otro los intereses de los profesionales, y los peronistas ¿a quién vamos a defender? Y… es una obviedad  ¿no? A los que liberaron a Perón aquel mágico e inigualable 17 de octubre: Sí, a los excluidos, que serían trabajadores todas y todos, los que tienen empleo y aquellos que no. Eso representa el peronismo. Es la voz y la acción de los que nunca tuvieron nada.

Un compañero y amigo me decía esta semana, en relación a la instalación y propagación del virus en las villas miserias: “¿Sabés cómo termina esto? Cierran las villas y que se mueran todos adentro, para que no salga al resto de las ciudades». Me corrió un escalofrío por la espalda. Y pensé, inmediatamente, en la presión mediática y empresarial para salir de la cuarentena. Y me pregunto ¿Vamos a permitir que se mueran los compatriotas sin hacer nada?

Confío en la conducción de Alberto para resolver este tema, para meterse, para poner el cuerpo. Porque confío plenamente en que seguimos representando a los sucios, a los malos y a los feos, porque al fin y al cabo salimos de ahí, esa es nuestra familia. En la otra, compañeras y compañeros, estamos de prestado, trataremos de convencerlos hasta el fin de los tiempo, pero tenemos que saber que son muy rápidos para compartir las desgracias pero a sus fiesta nunca nos van a invitar.