Sobre la humanidad, la posmodernidad y la verdad de las cosas

Por Luciana Hidalgo.

Había una vez una máscara, que cada ser humano usaba, para evitar ir a lo profundo, a la verdad de las cosas que lo rodeaban. Ya había explicado en otra ocasión la diferencia de Sociedad y Comunidad, en cuanto a cómo se estructuraban las relaciones entre los individuos.

Cuando hablamos de sociedad hablamos de que los vínculos se establecen a raíz de lo material y lo monetario, económicas. En la comunidad esas relaciones se dan a través de la estructura de valores espirituales, los principios, la ética. Podríamos afirmar, a grandes rasgos, que hoy en día en la argentina impera el concepto de sociedad. Esa forma de vincularse también nos lleva al posmodernismo, al relativismo y a la superficialidad, donde podemos encontrar la gran preocupación por las formas más que por el contenido.  Emilio Komar en «El optimismo cristiano» al profundizar en el concepto de posmodernidad y relativismo, explica que hay algo más profundo, escondido en ello, que es el ‘relacionismo’. Para hacerse entender ante un estudiante le pidieron que lo explique a lo camionero, (expresión máxima de pueblo) y lo dijo así ‘existe el comer, pero no el que come ni la comida’. Profundiza en esto en lo que había decantado la vida de la sociedad, luego del derrumbe del marxismo. Hacer que la vida con los demás nunca se centre en el individuo sino en las ‘relaciones’ que existen entre los individuos ha llevado a muchos hombres y mujeres a convertirse en ‘hombres del aparato’, un carácter antipersonal de un ‘movimiento idealista’. Idealista porque todo relato que sale de allí, es puro cuento, no se revierten verdaderamente las condiciones de injusticia social que viven muchos argentinos. Todas estas prácticas no sólo se alejan de la necesidad del equilibrio y armonía que necesitamos para vivir, sino que logra la insectificación de la vida en común. La industrialización unificadora del mundo, que nos hacía comer una hamburguesa de Mac Donald’s tanto en Argentina como en EEUU, ha cambiado, se ha transformado, para combatir la monotonía de la estandarización universal, en una moda integral con permanentes novedades. De más está explicar la inestabilidad que genera en los individuos que todo cambie permanentemente todo el tiempo, dicha concepción también se edifica sobre un concepto distorsionado de la libertad, que como bien decía Perón en La Comunidad Organizada ‘libre no es un obrar según la propia gana, sino una elección entre varias posibilidades profundamente conocidas’. Bajo la estructura de sociedad que propone el posmodernismo, y teniendo en cuenta que ‘la vida es política’, urge resaltar todas las veces que haga falta, la necesidad de terminar con la cultura del derrotismo en la Argentina. Terminar de pretender que la gente sea feliz si no come, si no tiene para comprarse un ibuprofeno, si sufre la hostilidad de una sociedad indiferente. El General y Evita nos demostraron que merecíamos y que tampoco era imposible de lograr, la felicidad y la grandeza de nuestra Patria. Nunca prometieron nada y nos dieron todo. Néstor Carlos Kirchner, junto a muchos funcionarios más, nos vino a proponer un sueño, y muchos argentinos volvieron a soñar, a vivir su vida de una manera distinta, virtuosa. Nuestra condición de trascendencia nos hace ir tras la verdad de las cosas, la verdad que tanto se ensañan en esconder. Santo Tomas de Aquino tenía una frase que decía: «Natura non abundat in superfluis – la naturaleza no abunda en lo superfluo, va a lo esencial». Para poder empezar a sanar el corazón del hombre argentino, es necesario dejar de pretender que abandone su naturaleza, que no hable, que no quiera (más allá del proceso de comer), que exista el que come y la comida barata para que pueda completarse el proceso en la realidad tangible. Quienes queremos dejarles a nuestros hijos un mundo mejor, queremos que en nuestra Argentina triunfe el sentido de Comunidad. Que entendamos el beneficio de dejarle a las generaciones futuras una comunidad dispuesta a acompañarse los unos a los otros en la vida en comunidad, que sepan ser solidarios, misericordiosos, puedan perdonar y pedir perdón. Cuando homenajeamos, nombramos y leemos a quienes supieron cumplir para que tengamos dignidad humana, lo hacemos para imitar su ejemplo. Como nos dijo alguna vez Evita: «Esa unidad la sentimos los verdaderos patriotas, porque amar a la patria no es amar sus campos y sus casas, sino amar a nuestros hermanos.»