Sobre la Cultura Política para el Ser Nacional (Parte I)

Por Luciana Hidalgo.

Es indispensable para la vida del pueblo argentino la participación activa de todo compatriota, en el desarrollo de la mirada nacional. Desarrollar y profundizar en el verdadero interés nacional, hará que logremos reconstruir esa conciencia que fue destruida a lo largo de varias generaciones, en detrimento de nuestra dignidad humana. Debemos comprometernos con el hacer florecer nuestro Ser Nacional, que no tiene nada que ver con la destrucción de la familia (Constitución enriquecedora para todos los integrantes de la misma), ni la destrucción del ser humano en sí mismo. Estamos ante una moda que impone la «percepción» como herramienta divisoria en nuestra comunidad. Hay una esencia en nuestro Ser, en nuestra Naturalidad, que de manera obligada busca la Unidad.

Desde mi humilde aporte siempre hago sitas de autores que aportan al lector el poder seguir profundizando en los temas que voy abordando.

Lo que respecta a la Cultura, Emilio Komar nos dice en «El optimismo cristiano»: ‘La cultura y el desarrollo de la persona exigen una permanencia. Si cambiamos de escenario siempre, siempre, siempre ¿Qué queda? ¡No queda absolutamente nada! Lipovetsky (autor francés de apellido ruso Gilles Lipovetsky) lo dice con toda tranquilidad y le encuentra un gran sentido. Esa moda integral rápida, nos liberará de la monotonía de la estandarización universal. Entonces en lugar de la estandarización tendremos cambios temporales cada vez más frecuentes. Allí aparece una gran hostilidad a la persona. En general en todos estos sistemas la persona, el individuo que quiere permanecer como individuo, es una anomalía. Esto es algo muy importante porque hace imposible la moral y excluye el optimismo.» es tan sustancial lo que nos aporta este autor, que hasta podemos encontrar paz sabiendo que la naturalidad de querer permanecer en un orden, siempre dentro de una causa que trasciende las generaciones, aportando ese puente entre la historia y el hoy. A propósito de la importancia de la historia, J. J. Hernández Arregui nos dice en su libro ¿Qué es el ser nacional?: ‘En las horas que adelantan la liberación de un pueblo, la conciencia histórica, en sus escritores auténticos, muestra una doble arista, de un lado es conocimiento del pasado, y simultáneamente, conciencia revolucionaria actual, vale decir, troquelamiento racional con el porvenir de la nación, que no implica una fractura histórica, sino una prosecución, donde la inteligencia nacional, retorna al pasado, no para estancarse en la edad de oro perdida para siempre de la clase terrateniente, sino para superarlo, tomando de ese pretérito enmudecido por la oligarquía, los elementos vivos en el pueblo que fortalecen las exigencias revolucionarias del presente.’

Asombra de sobremanera la similitud con el hoy, en cuanto al problema con el pasado. Recuerdo aún un comentario sobre La Comunidad Organizada ‘ya no vivimos en la sociedad en la que vivía Perón’, planteos que nacen desde el desconocimiento, que logran dificultad en el diálogo verdadero para la construcción del conocimiento en conjunto. La atemporalidad de nuestra doctrina peronista nace en el hecho de que fue desarrollada en base a la esencia humana del Hombre. Hombre con ‘H’ mayúscula porque dentro de esa expresión están hombres y mujeres, niños y adultos, la especie humana en su totalidad.

La vida en comunidad puede pasar por una lógica evolución, pero lo que hace a la esencia humana no cambia, nuestro Ser es tan natural que, aquella doctrina que tanto nos aporta para la armónica vida en comunidad se hace en estos tiempos, lectura y comprensión imprescindibles para nuestro propio y necesario fortalecimiento espiritual.

Para finalizar, el Gallego Álvarez nos hablaba respecto a la Esencia: ‘Restaurar no niega lo nuevo, muy por el contrario, afirma lo necesario. Lo que niega es lo nuevo innecesario porque la tradición es lo que se le impone (…) La restauración acepta de la tradición lo que conviene a la restauración y acepta lo nuevo porque conviene a la restauración y de esta manera se da un paso adelante, o dos, o tres o diez.’

Tal vez sea hora de asumir que lo nuevo, no es tan nuevo en la medida que termina excluyendo lo ‘viejo’. Tal vez sea hora de asumir que ‘lo viejo’ no es tan viejo en la medida que incluye de manera humana y esencial la dignidad humana. Llegará la hora en que todos hagamos carne que Perón nos espera en el futuro siempre, que no es más que el hoy, sobre el cual muchos entregamos nuestros días en la edificación de La Comunidad Organizada desde nuestra Cultura Nacional.