Sobre el amor, las mujeres peronistas y las habladurías

Por Luciana Hidalgo.

Había una vez una mirada, la de la mujer peronista, cuya base de vida era crear desde el amor. Crear puentes, tocar el mundo interno del otro con la responsabilidad que eso requiere, crear un canal de comunicación verdadero, ser amables. La mirada de mujer peronista, trae la armonía, el hacer mancomunadamente entre hombres y mujeres, de manera natural. Por esa razón, para nosotras, parir un hijo, por ejemplo, significa crear vida. La vida es lucha y cada acto osado en el vivir, trae sus desafíos. Ninguna dificultad con la que nos encontremos siendo madres, supera la enorme gratitud a la vida, el enorme compromiso que asumimos de enseñar lo que sea necesario, para que nuestros niños honren la vida que tienen y la de quienes los rodean. Traer un hijo al mundo, es el mayor acto de trascendencia que elegimos las mujeres. Trascender en la mirada del porvenir de un hijo. Que pueda honrar su pasado, lo vivido y sobre ello, viva plenamente su vida.

Ahora bien, para poder ejecutar tremendo acto de entrega, nosotras primero aprendemos a entregarnos a nuestra propia vida. Construir una comunidad donde esa vida que vivimos sea posible. Rodolfo Kush decía: «Existimos porque hacemos proyectos para afirmar nuestro ser, porque existir implica ser posible.» Dentro de ese existir, desde ese Ser, Evita nos decía “Lo único que construye es el amor”, marcándonos el camino del corazón, en esta forma de construir de la mujer Argentina, siempre partiendo desde el ser.

Esa forma de ser viene siendo mancillada día y noche por el modus operandi de los escraches y las difamaciones. Donde no importa lo “bien” que se hayan hecho las cosas en la vida, siempre existirá un hombre/mujer lobo de otro hombre/mujer para decir lo indecible y aniquilar el alma de otro/otra. No hay cuidado ni salud que valga con esas prácticas en nuestra sociedad (sociedad porque se pretende que la única forma de vincularnos sea a través de lo material y no a través de las estructuras de valores y tradiciones como sucede en una Comunidad), mucho menos dejar florecer nuestro verdadero ser. Pareciera haber un plan para llenar la vida en comunidad de gestos de la Oligarquía (el egoísmo, la vanidad, la ambición y el orgullo), de justificar lo injustificable, en vez de poner en práctica los gestos de Pueblo (generosidad, sinceridad, desinterés y humildad). Incluso el Papa nos habló el 8 de marzo de 2015 remarcando el gran aporte que hacemos las mujeres cuando asumimos nuestra propia naturaleza: “Un mundo donde las mujeres son marginadas es un mundo estéril, porque las mujeres no sólo traen la vida, sino que también nos trasmiten la capacidad de ver más allá – ven más allá de ellas -, nos trasmiten la capacidad de comprender el mundo con ojos diversos, de sentir las cosas con corazón más creativo, más paciente, más tierno.”

En la actualidad, ante tanta causa que tapa la sensibilidad femenina, cabe preguntarnos ¿La mujer argentina se permite preguntarse cómo quiere vivir? ¿Qué rol quiere asumir en la comunidad? ¿Existen ambientes públicos donde la esencia femenina puede brillar con esplendor? Ocupar un “espacio” no implica de ninguna manera, que estemos ocupándonos de lo que queremos ocuparnos. Incluso, ¿Cuándo asumiremos que este sistema de vida alienante en el que vivimos fue creado por HOMBRES Y MUJERES? Mucho oímos hablar sobre el patriarcado y sobre el matriarcado, pero cuando se trata de criticar al sistema se dice que es “patriarcal”. Yo creo que este sistema es resultado de hombres y mujeres. Hoy existen muchísimas mujeres masculinizadas, de las cuales Evita ya nos había hablado en sus discursos. Nos encontramos con hombres que nos explican por qué no se nos puede decir ‘Feliz día’ en el día de la mujer, mujeres que exigen el 50% de puestos de poder en lugares donde las mujeres podríamos estar sin ningún inconveniente si así lo quisiéramos. Entonces ¿Qué pasa con nosotros? (parafraseando a Moris en ‘De nada sirve’).

La naturaleza del hombre está íntimamente ligada con el hacer, mientras que la naturaleza de la mujer está íntimamente ligada con el sentir. ¿Vivimos en una comunidad donde ambas naturalezas construyan mancomunadamente?, pues ese fue el mandato de Evita: “Ese debe ser nuestro objetivo. Nada más que el derecho de crear, junto al hombre, una humanidad mejor.” Recién cuando entendamos que como individuos debemos estar dispuestos a sostener los valores de Pueblo, sentiremos que es en “nosotros” donde podemos expandirnos y trascender. En ese momento podremos asumir que la política se hace por el bien común, y no, por “puestos” o por el especulativo mecanismo de “hacer política” desde prácticas marketineras, que nada tienen que ver con nuestra esencia humana. La respuesta de todo está en nosotros, en La Comunidad Organizada y en el amor que le pongamos para construirlo.