Simultaneidad en tiempos de cólera

Por Liliana Etlis.

Estuve en uno de esos conversatorios donde todos estamos en lugares geométricos democráticamente distribuidos. Los gestos de preocupación, sonrisa, incertidumbre paseaban por la pantalla bidimensional en un sentido y el tema que nos convocaba sobre geopolítica y descolonialidad recorría otro diferente, como si la mímica fuese hacia un lugar y el contenido del compañero que disertaba hacia otro.

Sentipensaba esas formas que dicen los que dicen saber más que cualquiera, que las nuevas representaciones son esas, la naturalización de las interrupciones, pantallas con visualización imperfecta, colores que pasan las fronteras como los caleidoscopios, con voces interpuestas y emoticones, manitos levantadas, chat entre rostro y rostro.

Es como el andar entre el aire y el suelo, decodificando, resignificando, encontrando sentido a estos nuevos lenguajes discontinuos. Estamos por zoom y cada 40 minutos cortan una idea y en ese espacio de tiempo que a veces se hace infinito, cuando te conectas nuevamente con los demás rostros expectantes, hay sensaciones nuevas, como si viviera otra división del tiempo, como si retomar la conectividad significara no tener memoria de ese espacio entre ideas por fuera de la pantalla, como si estar por fuera de la pantalla con otrxs sea una llamada a la introspección o a seguir con otras virtudes del pensamiento y del sentimiento en la simultaneidad. Se van armando nuevas conversaciones donde se repiten palabras, se escribe con emoticones que me recuerda más a los ideogramas chinos y así continuamos viviendo y construyendo inscripciones y huellas por debajo de la piel y la memoria.

Mi cerebro cuenta con los títulos del envío de unos 100 libros que mis amigxs creen que tendré tiempo de leer y que alguna vez imaginé poder hacerlo sin esta realidad. Mi cerebro todavía tiene que desarmar frases comounafakenewsquelejugóunamalapasadaaladerechalosdesaparecidosylasdesaparecidasdeEspañayArgentinaArtetestimonioyjusticiaDemocraciafederalyapoyoalasprovinciasmañanareuniondeperformanceelluneshablaDusseltengo10globulosdehomeopatíaquetomarlaheladeranofuncionamitelefonodelineasecortaPastordijoquelasjubilacionestieneunproyectodeVicentinnotienencómoexplicarqueelcapitalesfumó….

La simultaneidad en tiempos de cólera también es poder Desarmar.

Armar.

Rearmar.

Y ese estado que nombraba al comienzo de estar a veces colgada como la luna cuando aparece ancha y serena, le encontré una solución que viene de la mano del arte. Entre conversatorio, lecturas, laburo y el estar estando en esos pequeños tramos de tiempo, acudo a versos de autorxs que me inspiran para que esté en un estado de calma, como si Alberto, la Democracia, el comité de Solidaridad, el Plan Detectar, todxs estuvieran aguardando un lugar silencioso y el andar no se transforme en un correr detrás de las noticias sino un poder de reflexión en cada instante y diera una bocanada de aire fresco, construyendo parte de utopías nuevas, de esperanzas, de abrazos tibios y pasiones.

Por suerte siguen existiendo voces como Aguaviva, compañerxs donde sus canciones de otras épocas y otros mundos hablaban sobre el hombre nuevo cantando, era una vertiente posible que transformaba nuestros estados.

“Qué cantan los poetas andaluces de ahora…cuando sienten parecen que están solos… ¡acaso no hay nadie? gritad alto para que escuchen otros oídos…cuando su canto es de todos los hombres y no queda en el subsuelo…” algo así recuerdo sus letras en estos segundos donde espero conectividad.