Si vos querés, Larreta también

Por Claudio Posse.

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No soy muy afecto a la idea de construir adversarios o enemigos políticos para dirimir las cuestiones electorales. Creo más en la realidad como campo de batalla y, ahí, desplegar la artillería de ideas que acumule individualidades y las transforme en mayorías. Ya nos pasó con Macri, un verdadero invento, que se nos fue de las manos y terminó siendo Presidente de la Nación. Tropezar con la misma piedra sería un error imperdonable. Subestimar a Larreta es el error.

El más tonto de los ricos

El Presidente de la Nación puso, esta semana, en la superficie una discusión medular en la batalla por las ideas y los conceptos: La meritocracia. Es verdad que parece poco importante en el medio de una Pandemia y con la herencia neoliberal oligárquica que dejó el gobierno del “más tonto de los ricos”, sin embargo, es el debate urgente porque se encamina a la construcción del camino que nos define como comunidad. ¿Qué clase de comunidad queremos construir? ¿Un país para unos pocos o un país para todos y todas?

Es la disyuntiva en la cual se ha disputado nuestra Patria desde sus inicios mismos. Esa tensión generó, a través de la historia, un conflicto irresuelto que se profundizó con la llegada del peronismo al poder en la década del cuarenta y su sostenimiento, por medio de la organización popular, hasta la actualidad.

A mi entender el punto de tensión más agudo entre esas dos visiones de país se dio con el triunfo de “El más tonto de los ricos” en el 2015 porque llevó al poder político a los “dueños de todas las cosas”. Ya no hubo intermediarios, ni traidores ni “caballo de Troya”, es decir, ya no tuvieron el tupe de disfrazarse para beneficiarse de las delicias del Estado. Tomaron el Estado y lo pusieron, obscenamente, a trabajar a favor de sus intereses económicos e ideológicos.

Macri es producto de esa tensión política e ideológica que se dio en la historia de nuestro país. Es parte de una de las burguesías más parasitarias e improductivas que haya generado el capitalismo en el mundo. Un ladrón común envuelto de una estética producida por las empresas de medios de comunicación ubicándolo como un producto presentable para introducirse en la política argentina y liderar la derecha más recalcitrante de la historia argentina.

No es verdad que Macri fue una construcción coyuntural producto del marketing mediático. Macri, “El más tonto de los ricos”, es parte de una costosa construcción política del “establishment” económico argentino.

No es mi intención escribir un artículo biográfico de Macri, solo como referencia y para que veamos cómo se desarrolló políticamente el ex presidente argentino, mencionaré que Macri en su vida política desembarcó allá por 1999 en Misiones queriendo ser Senador Nacional por esa provincia, cambiando la dirección legal a la estancia Iporá, sobre la ruta nacional 105, a unos 30 kilómetros de Posadas, cuyo dueño era Ramón Puerta, hombre ligado a causas de Trata de Personas con fines de explotación laboral. Es decir, hace más de 20 años. Creer, entonces, que Macri es producto de algún libro de Durán Barba es reducir la estrategia política generando problemas de análisis en el presente y en el futuro.

Ahí es donde acierta el Presidente de la Nación. La meritocracia es un verso construido por los sectores del poder real que intentan justificar la acumulación indiscriminada de riquezas y que, al ser los dueños de todas las cosas, necesitan ser los dueños de todos los seres. Por eso necesitan tomar el control del poder político, porque la avaricia va más allá del dinero y de la acumulación de riquezas materiales, quieren la riqueza inmaterial, tu alma.

Sonó místico, pero es real. Ellos vienen por todo. Si nosotros no los detenemos, sencillamente perderemos. Y perder no se reduce a una elección. Es mentira, otro verso, pensar que puede haber una alternancia democrática entre ellos y nosotros. Para generar una alternancia democrática primero deberíamos tener jugadores que acepten y estén de acuerdo con las reglas de la democracia.

En el artículo que firmó Macri el domingo pasado en La Nación, demuestra su desprecio por la construcción de un país diverso con debate interno y democrático. Lleva el análisis a la reducción binaria de ellos o nosotros. Dos bandos. Y, en ese aspecto, no se equivoca. Los que creemos en la democracia estamos de este lado. Los que creen en la elite, el establishment y las dictaduras (de cualquier índole) son ellos. Por eso la familia Macri creció exponencialmente en la última dictadura cívico militar.

No existe democracia para los que quieren todo. Recuerdo que muchos, pero muchos, comunicadores progresistas en el 2016, cuando comenzaba el gobierno de “El más tonto de los ricos”, plantaban la idea de “la derecha democrática”, muchos dirigentes políticos avalaron esa teoría. Y, entonces, ponían como ejemplo, sí los periodistas progresistas nuestros, a Chile, a Colombia, etc. Olvidando que los “progresistas” chilenos avalaron, por omisión, la propia dictadura de Pinochet. ¿En serio podemos llegar a pensar que Michelle Bachelet es Nacional y popular? Al menos es un análisis un tanto forzado. No estoy con esto demonizando a los periodistas “progresistas”, lo que me preocupa es que la dirigencia política del campo popular avale y repita semejante sandez. Aspiramos que los y las dirigentes siempre estén un medio pasito adelante, ¿no? Esa “derecha democrática” es la que fogonea un golpe institucional contra Alberto Fernández. Esa derecha democrática es la misma que maneja los medios y el Poder Judicial. Es la misma derecha, puede estar un poco disfrazada, pero es la misma

“El más tonto de los ricos” llegó al poder político porque entre otras cosas nos quisieron hacer creer que la meritocracia era una virtud, nos hicieron creer tanto en eso que muchos de nuestros dirigentes lo incorporaron como parte de su construcción individual en la política.

Ni un pelo de tonto

No es bueno tropezar con la misma piedra. Decía Perón que siempre es mejor aprender de los errores ajenos que de los propios. Y es verdad, imagínense ustedes que todos aprendiéramos de los propios errores. Viviríamos como el protagonista de “El día de la Marmota”, que se despertaba siempre en el mismo día y volvía a pasar por las mismas situaciones hasta que mucho tiempo después corregía. Bueno, para eso está la historia. Para aprender de los errores ajenos, también de las virtudes.

La derecha se afina, se perfecciona porque aprende se sus errores. Ya no garpa la imagen de un los Alsogaray, entonces te construyen un Macri. Y, ahora, no alcanza con la imagen de Macri – Patricia Bullrich – Pichetto. Entonces te inventan, te crean otro esquema: Larreta – Vidal. Digamos, juegan a dos bandas. Pero no quiero que pensemos como es su estrategia. Me gustaría que pensemos en la nuestra. ¿Vamos a seguir diciendo que Larreta es un gran trabajador? ¿Vamos a seguir promocionando a Larreta como el líder de la oposición con el semejante presupuesto que tiene en la ciudad? ¿Vamos a seguir haciendo negocios con él (al que le quepa, que se ponga el sayo)? ¿Vamos a seguir canjeando silencio por pauta publicitaria?

Larreta es Macri. Macri es Larreta.

Si nosotros volvemos a tropezar con la misma piedra vamos a seguir penando por haber permitido que el poder político lo detenten los que siempre quieren todo.

He sido muy crítico de la forma que hemos encarado la lucha política en la Ciudad de Buenos Aires esta última década (más en realidad) pero confío que tengamos la suficiente grandeza como movimiento político de no hacer crecer a otro rico que no tiene ni un pelo de tonto.

Se me viene a la mente, quizás por el crecimiento de la pobreza estos últimos meses producto de la Pandemia, la película de Vittorio De Sica: Ladron de bicicleta, la narración, el cuento es dramáticamente sencillo, Antonio Ricci (Lamberto Maggiorani), un desempleado encuentra trabajo pegando carteles. Pero para trabajar debe poseer una bicicleta. El primer día de trabajo le roban la bicicleta mientras pega un cartel. Antonio denuncia el robo ante la policía, pero lo ningunean. Al otro día, Antonio, junto a sus compañeros y a su hijo Bruno comienza la búsqueda, la bicicleta seguramente ya esté desmontada y será imposible de encontrar. Hasta que Antonio ve al ladrón de su bicicleta. Lo persigue sin alcanzarlo. Al salir de una casa se encuentra con el ladrón de la bicicleta que al final es defendido por otros. Antonio habla con un carabinero para explicarle la situación. Entonces éste le contesta que sin testigos del robo no se puede hacer nada. Finalmente, mientras Antonio y Bruno esperan el autobús para regresar a casa, el padre se percata de la existencia de una bicicleta que nadie parece custodiar. Intenta robarla pero la muchedumbre se lanza a atraparlo. Bruno consigue frenarlos e impedir que su padre vaya a la cárcel. Antonio se encuentra ahora tan pobre como antes, y me acuerdo que para darle ánimo al hijo le dice: “

Hay una cura para todo. Excepto para la muerte.”

Antonio Ricci (Lamberto Maggiorani). Ladrón de bicicletas (dir: Vittorio De Sica 1948)

Otro gobierno oligárquico neoliberal nos va dejar con una pobreza estructural que debemos evitar, la cura para frenarla es no tropezar con la misma piedra. Sino solo queda la muerte, porque cuando ellos detentan el poder los que sufren son los pobres no la dirigencia política de la Ciudad.