Si esto no es el lawfare… ¿el lawfare dónde está?

Por Maximiliano Rusconi.

Escuchá a Maximiliano Rusconi en “Si esto no es el lawfare… ¿el lawfare dónde está?” acá…

Es parte de nuestro patrimonio cultural una expresión que, por lo menos en mi vida cotidiana, me ha acompañado dando un color particular a pequeños momentos en donde atestiguamos circunstancias protagonizadas por nuestros mayores. Me refiero a “cosa de mandinga”, una frase con la cual remitimos a lo inexplicable, a lo que, justamente por esa explicación inexistente, atribuimos al poder del diablo o de la magia del mal.

Mi abuelo Quicho, hace 40 años, luego de ir a verificar algunos resultados del azar o el éxito de alguna fija en el hipódromo,  en ¨la sexta¨ del diario La Razón, acompañado por una porción de pizza y un vaso de moscato en la Pizzería San Carlos de Almagro, hubiera llegado a casa y me hubiese dicho: ¨parece cosa de mandinga…mientras los de la contra dicen que el lawfare no existe, al pobre Boudou lo quieren encerrar de nuevo por haberse quedado el Estado de modo gratuito con una empresa que imprime papel moneda y pasaportes. No entiendo. ¿Lo castigan por haber generado una ventaja para el Estado? Encima todo fue legitimado por una expropiación”.

Hoy día, “los de la contra” niegan con sonrisas altaneras que haya en la Argentina algo que pueda llamarse de ese modo. Mi sensación es que no estaría quedando claro qué es en verdad el lawfare. Veamos. No es difícil. Se trata de la utilización del sistema de justicia, en este caso, penal, para la destrucción política de un sector ideológico. Para ello se necesita “un ejército”, que no es otro que los jueces y fiscales que han decidido alejarse del correcto y ético ejercicio de la función y eligieron una interpretación antojadiza, discriminadora, arbitraria, sesgada, y contraria a la ley de los principios constitucionales que rigen al derecho penal y procesal penal.

Esto no es nuevo, se trata de decisiones judiciales injustas, pero siempre en perjuicio de los mismos. Últimamente vengo reflexionando con algunos amigos, entre ellos Rafael Bielsa, por donde debería transcurrir una eventual categorización jurídica reclamada a veces por interlocutores prestigiosos y a veces por representantes activos del lawfare.

Hay segmentos de este problema en el recurso de revisión de decisiones de Condena. Parte de estas visiones se encuentran también en la base del recurso de inaplicabilidad de la ley ante casos que remiten a sentencias contradictorias, en el delito de prevaricato judicial, en el delito de falso testimonio, en algunas ideas que rodean al concepto de cosa juzgada irrita, la esencia del Lawfare no es nueva; es la misma preocupación de siempre: la injusticia. No se entiende la razón por la cual cuesta tanto ver lo que debiera detectarse con claridad.

Usted me dirá que esas cosas son corregidas por los jueces a través de los mecanismos recursivos: y en ese caso me debo detener y detallar una de las características más nocivas, lamentables y decepcionantes del Lawfare: en el Lawfare los jueces no son los jueces de la constitución, o por lo menos no todos son jueces de la República, sino que un grupo ha decidido constituir un ejército de persecución ideológica alejándose tanto de su consciencia como de la ética republicana.

Lo ideal hubiera sido llegar a cumplir el primer año de gestión del gobierno habiendo cambiado la realidad judicial, para usar otro refrán, “de cabo a rabo”. Hoy en día tenemos el mismo sistema judicial con las mismas excepciones que nos conmueven y las mismas decepciones que nos escandalizaban hace dos años.

Las almas demócratas creen que el gobierno no debiera convivir con esta masiva destrucción del Estado de Derecho. No alcanza con la expresión peregrina de este o aquel funcionario dando libertad a manifestaciones de solidaridad selectiva. La selectividad es muy seductora y nos atrapa. Aquí defendemos principios universales en cabeza de todes.

El lawfare puede y debe ser legislado. Empecemos por allí.