Si Béliz dice que Estados Unidos viene a ayudar, entonces hay que ponerse calzones de lata

Por Fernando Esteche.

Gustavo Béliz sentenció “Estados Unidos se posiciona una vez más como un socio proactivo para el desarrollo de América Latina”. Lo dice en un paper que la embajada argentina en Washington, comandada por su amigo Argüello, difundió.

Claro que no es ni el más conspicuo exponente del cipayismo criollo ni es novedosa semejante línea de pensamiento. Es solamente un trabajador al servicio del “estado profundo” norteamericano y como tal intenta justificar argumentalmente su vocación servil. Siempre la historia nacional contó con un grupo de porteños que expresaron esa línea de pensamiento.

En la larga historia entre Nuestraamérica y los Estados Unidos siempre asomaron justificadores de nuestra condición semi-colonial y agentes de argumentación de la misión “solidaria” y “civilizatoria” del imperialismo.

Distintos momentos de la historia política y económica de nuestra región fueron signados en esa relación pendular de Gran Garrote y Buen Vecino que caracteriza groseramente las relaciones de la metrópolis con la periferia, con iguales consecuencias en uno y otro caso.

Sería para hacer un libro historizar la relación de semi –colonialidad, pero basta señalar la fatídica Alianza Para el Progreso (definida por el Che Guevara como “cancervero del dólar”) o revisitar los proyectos desarrollistas del cepalismo colonial, o sin ir más lejos programas como IIIRSA, Plan Puebla Panamá y otros por el estilo que a la sazón lo único que resultan es en afianzamiento de lazos de colonialidad, para entender qué es y de qué se trata la nueva propuesta en la que ahora nos quiere embarcar el hombre de las relaciones internacionales que importan.

Gustavo Béliz lanza esta reflexión a la vez que propone incorporar a nuestro país en la iniciativa “América Crece / Growth in the Americas”, que la explica como el apoyo de Estados Unidos y los organismos de Bretton Woods a la iniciativa privada para el desarrollo en la región.

Gustavo Béliz

Seguramente cuando le informaron a Cristina Kirchner de la incorporación inapelable de Gustavo Béliz al gabinete, ella cayó en cuenta de una temprana derrota en el proyecto de recuperación de soberanía porque esa designación es hija de aquella reunión pre asunción, que el presidente tuvo con Elliot Abrams y el gusano Mauricio Claver Carone (los dos alfiles de la política estadounidense para América Latina), en ciudad México, mientras los desprevenidos se ilusionaban con que había ido a construir un eje progresista AMLO-Alberto.

Fanfarrones y porteños, los analistas de cabotaje van a explicarse el retorno de Béliz a partir de sus relaciones parentales con los amigos de Alberto (Meritello) y las relaciones del ex ministro de justicia con el “estado profundo” Vaticano (Sánchez Sorondo). Ilusiones vanas o auto-propaganda del organizador de cenas de reconciliación. Lo cierto es que, Gustavo Béliz, llega al poder por esas recomendaciones a las que los gobiernos no fuertes no pueden negarse de parte del “estado profundo” norteamericano.

Para los más jóvenes es importante recordar que este hombre compartió fórmula electoral porteña con Domingo Cavallo. Fue temprano ministro de Justicia de Néstor Kirchner y ya tenía, entonces, en sus planes, integrar los tribunales de Comodoro Py con la Justicia porteña. Ahora lo venden como el primer denunciante del poder de Jaime Stiuso, pero nadie parece ver el trabajo de zapa y de desarticulación de viejos esquemas de poder mafiosos que dificultaban agilidades necesarias para acometer saqueo; tarea esta no por sanear el sistema sino para facilitar el trabajo de sus jefes.

Su relación con Cavallo y más tarde con Elisa Carrió, que la explican sus exegetas en base a su cruzada anticorrupción, no puede no verse en el marco de la articulación y los ensayos de las usinas más oscuras de poder imperial que operan en la arena nacional.

Llega así con una rimbombante designación, pero bajísimo perfil al gobierno de Alberto Fernández para hacerse cargo de asuntos estratégicos, algunas relaciones internacionales y financiamiento externo. Viene, anunciaron, a hacer la reforma del estado necesaria (¿para quién? ¿Para qué?), esa reforma es fundamentalmente la judicial, y luego se va al BID. Lo del BID fue promocionado aquí por el propio Duhalde, devenido en consultor del presidente y tiene el escollo no menor que son las intenciones de Trump de poner en ese lugar al ya mencionado Claver Carone, uno que ya ha hecho mucho por la oligarquía colonizada argentina, como facilitar los acuerdos de endeudamiento y designar un par de funcionarios de altísimo rango en el nuevo gobierno.

Es un secreto a voces que aquella reunión de CDMX donde impusieron a Béliz, fue organizada por el menesteroso señor Cinosi (uno que trabajaba en OEA como asesor impuesto al señor Almagro), y que éste se aseguró de ubicar en el nuevo gobierno, en puestos claves, a “los suyos”, para no tener contratiempos ni con la negociación de la deuda ni con agravios posibles por aventuras estatizantes. Ahora dicen los propagandistas que Alberto no quiere a este hombre, evidente agente del “estado profundo” norteamericano, sin embargo, apareció sentadito en la primera fila en las reuniones empresarias como el Council of América donde asistió Felipe Solá o la visita a la UIA del propio presidente.

Dicho esto, entonces, corresponde analizar el estado de cosas para tratar de entender qué dice Béliz cuando habla.

Declinacionismo norteamericano y redespliegue regional

El declinacionismo del hegemonismo norteamericano en el mundo es una evidencia que ningún analista medianamente informado puede desconocer. Desde los señalamientos precisos de Brzezinski y Kissinger, que estarán pensando desde el Imperio, hasta el más crítico de los analistas lo podrán advertir. Y será esta evidencia un elemento a considerar a la hora de los planteamientos de mediano plazo de la política del Departamento de Estado.

El declinacionismo obviamente no importa debilidad, sino que asoman en este momento todos los dispositivos posibles para sostener su lugar de dominación. Es en los momentos de debilidad cuando los imperios se vuelven más bestiales.

Y habrá otro elemento que condicionará los diseños estratégicos para nuestra región que es de naturaleza histórica. Es importante distinguir entre el saqueo decimonónico en África y Asia que no logrará (más allá de si se lo planteó o no) desarticular, en lo fundamental, a las sociedades originarias, a diferencia de Nuestraamérica donde la colonización española fue desarticuladora y produjo nuevas sociedades. No puede ignorarse el temprano ingreso de Nuestraamérica al capitalismo periférico y el surgimiento de nuevos estados nacionales que condicionaran, desde entonces las lógicas del saqueo que en otros lugares del globo se acometen a expenses de la caotización.

El tercer elemento es la condición de nuestro subcontinente como hinterland de la metrópolis hegemónica imperial, también como espacio vital. No se trata de que somos su Patio Trasero, sino que somos su espacio vital más inmediato,

La política exterior de EEUU, más allá de la fracción de capital que gobierne, es sobre-determinar, contener y debilitar a los adversarios; mediante ataques, cercos militares, persecuciones y sanciones de todo tipo, con amenazas militares y una guerra comercial y tecnológica, con condicionamiento a los gobiernos aliados para que cumplan los designios de Washington.

Wall Street Journal reproduce lo dicho por funcionarios de Washington y confiesa: “al intentar forzar la salida del Presidente de Venezuela la administración Trump marca el comienzo de una nueva estrategia para que EEUU ejerza mayor influencia sobre América Latina, según funcionarios de la administración”.

La valorización de Nuestraamérica que explica la voracidad dinámica y creciente del imperialismo puede resumirse a la luz de la crisis capitalista mundial que dará cuenta del agotamiento de bienes de distinto tipo; agua, minerales, energía, desertificación, crisis ambiental, etc.

Muchos de los que escasean son insumos estratégicos en el sentido que se aplican a las tecnologías de punta que desarrollan nuevos patrones energéticos, el ejemplo más claro de esto son el Litio y el Coltan, además de las cuencas petroleras. Lo mismo la valorización de las cuencas de orinoquía y amazonia que ofrecen una inmensa riqueza en biodiversidad y gigantescas reservas de agua dulce en los acuíferos de Chiapas y Guaraní. Lo nombrado a los efectos de mencionar sólo algunos de los objetivos de saqueo y depredación.

Michael Klare es contundente respecto de la evidencia de que el juego se trata de acceso, uso y acopio de los bienes comunes (recursos naturales, energía, minerales, agua, etc.). Hay que visitar los mapas del Observatorio de Geopolítica de Ana Esther Ceceña, y de Global Research que contrastados con las bases militares y sus áreas de capacidad operativa evidenciaban lo señalado, lo mismo el libro de Telma Luzzani, Territorios Vigilados, que expondrá la lógica de las incontables bases militares en el territorio de nuestra región. Si uno contrasta la presencia militar norteamericana con la presencia de riqueza advertirá una oprobiosa yuxtaposición.

La presencia de China y de Rusia en Nuestraamérica obliga a los Estados Unidos a disponer de la reformulación de la capacidad de respuesta militar eventual ante conflictos por bienes o infraestructura, o bien acceso a recursos.

Como anunciara el congresista republicano norteamericano en 1998, Paul Coverdale, primer ponente en el debate sobre Plan Colombia; “para controlar Venezuela es necesario ocupar militarmente Colombia”. Profético, el congresista se estaba refiriendo a la franja petrolera que corre entre las selvas colombianas de Catatumbo y los llanos venezolanos, lugar donde además de petróleo hay insurgencia y patriotismo antiimperialista. Pero en el 2000 este exponente del pensamiento estratégico imperialista fue aún más contundente: “Aunque muchos ciudadanos teman otro Vietnam, resulta necesario, porque Venezuela tiene petróleo. Venezuela tiene animadversión por Estados Unidos, éste debe intervenir en Colombia para dominar a Venezuela. Y puesto, que Ecuador también resulta vital, y los indios de allí son peligrosos, los Estados Unidos, también tienen que intervenir ese país. (…) Si mi país está librando una guerra civilizadora en el remoto Irak, seguro estoy que también puede hacerlo en Colombia, y dominarla a ella y a sus vecinos: Venezuela y Ecuador”.

Ahí podemos comprender entonces también el valor estratégico que el imperialismo le asigna a su política de gendarme y de penetración militar en nuestra región a través del Plan Colombia. No se trata hoy solamente de asegurar el saqueo y la depredación vía la Alianza del Pacífico, sino de ser retaguardia y portaaviones ante la eventualidad de tener que intervenir en alguna situación que se salga de la lógica o la previsibilidad del meta-control imperial de la región. En todo caso si no controlan o contienen, caotizarán, como intentan hacer hace años en Venezuela.

El correlato político del declinacionismo imperialista es una recolonización de la periferia, que se apoya en la creciente asociación de las clases dominantes locales con sus socios del norte. Este entrelazamiento es consecuencia de la dependencia financiera, la entrega de los recursos naturales y la privatización de los sectores estratégicos de la región.

La pérdida de la soberanía económica le otorgó al FMI un manejo directo de la gestión macroeconómica y al Departamento de Estado una incidencia equivalente sobre las decisiones políticas. Ya ningún presidente latinoamericano adopta resoluciones de importancia sin consultar la opinión de la embajada norteamericana. La prédica de los medios de comunicación y de la intelectualidad americanizada ha contribuido a naturalizar esta subordinación.

La consolidación de la Alianza del Pacífico y los disensos al interior del Mercosur respecto de formalizar acuerdos de libre comercio con las metrópolis, o con economías asimétricas, junto al repliegue de los procesos de recuperación de soberanía, le ofrecen al imperialismo posibilidades de redespliegue y recuperación de sobre-determinación de la política regional.

El neo-golpismo que inauguraran en Honduras contra Mel Zelaya, siguieron con Paraguay de Lugo, destitución de Dilma Roussef en Brasil, proscripciones, persecuciones y demás artilugios, así como la articulación y concentración de fuerzas de derechas como la unidad opositora venezolana, la brasileña, o la hija dilecta de dicha estrategia; el Pro en Argentina, el golpe en Bolivia; combinado con lawfare, soft power y Smart power, y guerras híbridas, vuelven a poner a los norteamericanos en una posición de Sobredeterminación en la región.

Hoy la OEA en un fatídico tándem entre Luis Almagro y Michelle Bachelet, tiene dos exponentes del progresismo más cipayo operacionalizando el golpe en Bolivia, la desestabilización en Venezuela, la fuga al fascismo en Chile, el nuevo reordenamiento de dominación del Comando Sur para la región.

No debería confrontar la reflexión de Béliz, que es un personaje que seguramente la historia no recordará, no es ni siquiera uno del estilo de Manuel José García, con la frase de Simón Bolívar. Pero, más allá del autor de la frase admonitoria, que oportunamente lanza el Secretario de Asuntos Estratégicos, contemplando que se trata de una línea de pensamiento del cipayismo vernáculo, corresponde entonces responderle con la contundencia de Bolívar cuando señala que

Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad”

Simón Bolívar