Sentires de fin de año

Por Liliana Etlis.

Observó fotos de sus ancestros, mantenían el color sepia y borde ondulado de muchos años atrás. Las había guardado en una cajita revestida por fuera con hilo sisal y tela color verde agua en su interior para protegerlas de la humedad.

Cuando se acercaba fin de año sus ojos buscaban esos rastros del pasado, recordaba cada detalle sin abrirla, buscaba en su mirada interna recuerdos de momentos, donde los familiares y amigxs reían y se preguntaba qué quedaba de toda la sensación vivida. No se explicaba por qué cada año que pasaba se sentía diferente ante las imágenes.

La mesa con mantel blanco y orillas confeccionadas con puntillas tejidas al crochet, la lindura de una música de jazz que la vecina escuchaba en sus añejos vinilos, transformaban la inmensa soledad que sentía Lázaro en estos últimos años. Inspiró el olor a tierra húmeda que sacudía el viento nocturno antes de las doce, como diría el mago de las emociones: flotaban por momentos en la atmósfera pesada como si se esperara el milagro de la espera. Una extrañeza, un lugar en el aire similar burbujas de jabón que salían de aquellos aros de alambre embebidos, en carnavales llenos de sudor y agua, serpentinas y máscaras. Infancia de juegos y riqueza afectiva.

Abrió la caja para no perder la costumbre del ritual y puso en su mano izquierda aquella foto color sepia donde estaban mirando hacia la cámara, nombrando juntos alguna palabra que estirara sus mandíbulas. Sintió nostalgia del quebracho donde se sentaba a leer cuando chico. Otra donde se miraban sus hijxs y no posaban hacia el fotógrafo, logrando la espontaneidad del momento, imagen en blanco y negro que respiraba un poco más de vida, veinte años después de la primera en sepia y por último encontró el movimiento, la que se habían sacado en una secuencia del baile que tanto amaba, donde las caderas de su nieta eran motor del origen.

Antes de cerrar la caja guardó con cuidado extremo en una bolsita transparente, la que se había sacado el día anterior junto a su bisnieta. Sus miradas salían del papel fotográfico y emocionaba a quienes descubrían ese hilo invisible de inquietud profunda. Lázaro la cerró y con una cinta aterciopelada anudó las esquinas para asegurarla de algún descuido.

Besó parte de su historia escuchando las sirenas del año nuevo. Sirvió en la única copa de cristal que había preparado encima de la mesa y bebió hasta quedar dormido abrazando recuerdos y sueños.

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Película de M.V.Menis:La Cámara oscura