Sensaciones ¿electorales?

Por Maximiliano Rusconi.

Me cuentan que el 12 de Septiembre se realizarán las elecciones llamadas PASO y que el 14 de Noviembre son las elecciones llamadas LEGISLATIVAS GENERALES. Me permito decir “me cuentan”, de un modo claramente retórico, porque he decidido ponerme en la piel e imitar la posible mirada de cualquier ciudadano. 

El clima electoral que debe vivir un ciudadano, de un país que pretende forjar su propio destino, supongo que se define por la discusión a flor de labio y de piel de la relación entre los desafíos de las más trascendentes políticas públicas y las propuestas que tienen para esos grandes retos comunitarios las candidatas y candidatos a ocupar lugares de enorme relevancia. 

Quiero pensar que las expectativas electorales debieran referirse a este modelo de justicia, esta política exterior, aquella propuesta económica, aquel matriz educativo, ese diseño de inclusión social, esos sistemas de transparencia en la gestión de los asuntos públicos, aquellas propuestas para la niñez y la diversidad de género, la administración de la salud pública, etc.

Sin embargo, nada de esto que estoy describiendo tiene el efecto de anoticiar a Juan, María, Pedro o Luisa,  o sus familiares y amigas y amigos, que estamos muy cerca de una contienda electoral de enorme relevancia para nuestro futuro. Si alguno, muy informado, ha recibido alguna noticia, ella sólo se ha originado en el daño y la repercusión mediática que han mostrado algunos guiados solo por su mezquindad y egoísmo político. 

Los debates, la agenda periodística, las redes sociales, al contrario, plantean temáticas y herramientas de daño electoral al contrincante cada vez de mayor bajeza moral, cada vez más alejadas del sueño de todas y todos y divorciadas no sólo del día a día de cada uno de ellos, sino también de la consolidación del mejor futuro posible. 

Todo esto genera tristeza, descompromiso comunitario, quita fuerzas, estímulo, y debilita al final del camino (y también ya al comienzo) las bases de la democracia y del estado de derecho.

Cuando unas y otros nos preguntemos la razón por la cual vamos a votar a cada quien y las respuestas que oímos y nos escuchamos decir no nos den vergüenza ajena ni propia, podremos mirar el futuro con cierta esperanza. Debo recordar que la esperanza es la más linda sensación electoral.

Perdón a mis amigos de Identidad Colectiva, que esperan de mí columnas de cierta agudeza intelectual, pero hoy no tengo mucho más para decir.