Sebastián Ruiz: Jugá parado (en casa)

Quedate en casa” – dijo el Presidente; así que arranqué para la esquina. 

Mentira: estoy en casa, tranqui. Igual de pibe te la hacía, eh. Cuando estás jugado, la única que queda es jugar. Pero éste no es el caso. 

La jugada es corta. Si nos quedamos en casa, tenemos las de ganar. 

Esta es la cruzada que estaba esperando la vagancia. ¿Te das cuenta? ¡Mirá, Ma, esta es la mía! Nos preparamos para esto durante toda nuestra vida. Esas épocas donde casi salían escaras de estar ahí tirado valieron la pena. Te quedas viendo tele y durmiendo la siesta y sos el héroe. Un patriota. ¡Vayan y hagan patria, manga de vagos! ¡No, no, no! ¡Eu! ¡Bancala! ¡No salgan de las casas!

Es una gilada que sale de taco en un toque. Bueno, en un toque no, hay que bancarla un toque más parece. Y la vuelta se hace larga. ¡Cómo me gustaría tener un perro para sacar a pasear! El que tengo yo se pasea sólo, hace la suya. 

¿Tanto te jode? Pregunta alguien con 300 metros de espacio verde, pileta y parrilla. Si además sobra guita, es más llevadero. Elegís el menú de alguna aplicación de esas que precariza bien bien piola y le mandás mecha. Perdón, no quise estigmatizar. La milanesa de pollo me pone así. 

En un tiro pensé: «no da que yo salga, pero mis parlantes…«. A veces me olvido que ahora vivo en San Telmo. El problema no fue La Nueva Luna, viste que al chetaje ahora le cabe la cumbia. No jodió tanto la queja de los vecinos por “ruidos molestos” la caída de ratis. El bondi se armó cuando cayó uno y arrancó el movimiento del brazo para apoyarle un frasco de birra arriba. ¿Un frasco de birra a mi parlante? Está loco, pensé.

Se puso la gorra: ¡Vuelva a su casa y respete la cuarentena, joven

Me miró raro, así que se lo dije en inglés: ¡Cheto, go home!

Hay que esperar una astilla más; creo que venimos bien. Si los medios fomentan la discusión de si los políticos se tienen que bajar los sueldos o no, creo que estamos bien. Si en plena pandemia les pinta esa, estamos en el baile y pusieron Mi Canoita de Luis Ornelas (“Mi canoita navegaba sin parar, con la esperanza de alcanzar algún día…”). Una fiesta. 

Pero en esa liga yo no juego, vaya a leer a otro. Mientras, me quedo acá, tranqui. Esperando que el Presidente diga: «Listooooo, compa. Vaya no más, que ya lo sacamos a correr al coronavirus«. Y ahí, sí, arranco para la esquina.