Reforma policial

Por Víctor Hortel.

Desde el retorno de la democracia en el año 1983, diversos gobiernos han intentado instaurar en la sociedad, nuevas formas de cultura democrática, que garanticen la tolerancia y el respeto, elementos necesarios para peregrinar por senderos de mayor libertad, armonía e igualdad de oportunidades para todxs.

No obstante, las abyectas aberraciones ocurridas durante los cuatro años del gobierno anterior, demuestran que las transformaciones necesarias para gozar de una sociedad plural y democrática, requieren mucho más que simples cambios institucionales, o la mera modificación de algunas leyes que se reputan antiguas.

La alianza de gobierno “Cambiemos”, trastocó los parámetros regulatorios básicos de la tradicional forma moderna de ejercicio del poder, que según Weber, consiste en reglas claras, uniformes y predecibles.

“Cambiemos”, tampoco desarrolló políticas de gobierno que hayan producido el fortalecimiento de la existencia de igualdad de oportunidades para todxs lxs integrantes de la sociedad argentina.

En este sentido, “Cambiemos”, aplico un plan económico de absoluta ortodoxia neoliberal, que aumento, tanto la violencia estructural, como la conflictividad social; lo que colocó en situación de alto riesgo a las propias bases del Estado de Derecho.

Es de público conocimiento, el accionar de una “mesa judicial” y de grupo dedicados a maniobras de inteligencia ilegal, que han sumergido en una profunda crisis al aparato de justicia penal.

En este punto, es del caso señalar que desde el siglo XVIII en adelante, toda potencial amenaza a la paz social en períodos críticos, es percibida por las “elites”, como una amenaza al ejercicio de su poder hegemónico[i].

Tal vez por ello, los poderosos grupos económicos del poder real, que controlan los monopólicos medios de comunicación masiva, reinterpreten el tema de la seguridad, simplificándolo, y presentando la cuestión del delito, como de alto riesgo para el sistema predominante de creencias[ii].

Así, ciertxs comunicadorxs, erigidos en nuevxs “moralizadorxs” de los conflictos sociales, asignan “etiquetas” a las personas que ellxs definen como “peligrosas”: inmigrante, joven, drogadictx etc. Las “etiquetas” facilitan la identificación, divulgación y visibilidad de lxs “blancos” establecidos; construyendo así el “peligro social inminente”.

Esa inteligencia, explica la ubicación central en la agenda política de las crisis que –desde hace tiempo- se expresan, tanto en el sistema de la justicia penal, como en las policías.

El poder penal es y ha sido la expresión más cabal de la fuerza estatal y por tanto, aunque siempre ineficaz para cumplir sus funciones declaradas, ha sido siempre el símbolo visible de la moral pública[iii].

De tal modo, la crisis del sistema penal, se advierte como una profunda crisis moral, que los medios hegemónicos de comunicación, pretenden reconstruir a través de mensajes punitivos[iv].

Basta ver como los medios de comunicación tratan, con notas de opinión y encuestas, los casos de supuesta corrupción política, las protestas en las prisiones o la falta de seguridad urbana.

Luego, la importancia de la crisis radica más en el modo que se planifique y construya una salida, con la perspectiva de los paradigmas de racionalidad (igualdad, equidad, socialización, legalidad como legitimidad e ideología de ley y orden consensual)[v], que en el reconocimiento de su existencia.

Debemos trabajar, frente a la oportunidad que se presenta, para lograr un sistema penal más democrático y humano, y terminar con las formas autoritarias y excluyentes.

Los grandes grupos económicos, representantes del poder de los grandes imperios económicos, han logrado distanciar el centro de la legitimación política, desde su base representativa del consenso y la ideología, los partidos políticos, hacia medios de comunicación hegemónicos y las técnicas administrativas de evaluación-formación de opinión[vi].

“…sondeos y previsiones crean una esfera metapolítica…Se pasa así de la democracia representativa a la democracia de las opiniones. Con un efecto de engaño y de, autoengaño en la formación de la agenda política sobre la base de las indicaciones de los sondeos. En este punto, en efecto, resurge un tema clásico de la democracia directa analizando en particular con referencia al referéndum: ¿quién escoge el tema, la modalidad y los tiempos del sondeo? Es precisamente ésta la elección destinada a influir sobre el resultado mismo del sondeo y, en consecuencia sobre la formación de la agenda política…”[vii]

Según Gramsci, los medios de comunicación se han convertido en el núcleo principal de circulación y legitimación, de prácticas y peroratas[viii], por ello el “discurso hegemónico” machaca con la disfuncionalidad del sistema de justicia y sus aparatos de aplicación (policías), en tanto los reconoce ineficaces para el control de los nuevos riesgos de la gobernabilidad[ix].

Nuestro país, se encuentra atravesando una crisis sin igual, por un lado, la terrible situación económica y social, en que nos dejó abandonadxs el gobierno neoliberal del Presidente Macri, y por otro, una pandemia mundial, que no hizo más que agravar la ya difícil situación.

En este contexto, las crisis estructurales del sistema de justicia penal y las fuerzas de seguridad, adoptan formas novedosas que alimentan los temores que más asustan.

En estas condiciones, la búsqueda de soluciones se presenta harto difícil de encarar, dado que la situación de emergencia impide llegar en las crisis, a sus raíces profundas y considerar como sus causas exclusivas, las deficientes condiciones estructurales u organizativas internas de cualquiera de las redes estatales que integran el sistema penal. Así, las propuestas de reformas, suelen actuar segmentadas por los intereses sectoriales en pugna de cada una de ellas[x].

El mayor problema que se observa en los intentos de relegitimación de la policía como aparato estatal, se encuentra en la toma de decisiones políticas en un contexto de emergencia.

Tal vez un punto de partida seria preguntarse, ¿Qué modelo de Estado estamos diseñando? ¿Una versión moderna del “Estado de Bienestar” o la versión neoconservadora del “Estado de Malestar” neoliberal? ¿Puede la agencia policial permanecer inalterable frente a los cambios de modelo de Estado?

La agencia policial, requiere de una reforma integral, no sólo una mejora salarial; pero esa reforma no puede descansar ingenuamente en un mero cambio normativo. Claramente se impone un análisis pormenorizado de las normas legales que regulan el trabajo policial, pero también resulta necesario operar sobre la “cultura policial”, entendiendo por tal, las expectativas de comportamiento y prácticas de la acción policial.

El accionar en general de las fuerzas de seguridad, se caracteriza, en nuestro país, por la naturaleza excesivamente represiva, como consecuencia de su constante utilización gubernamental para resolver violentamente los conflictos sociales. La pregunta que se impone es; ¿Cómo se relegitima el accionar de lxs policías bonaerense, si el sistemático uso de la violencia, lxs ha convertidx en enemigxs de un sector de la sociedad?, contra el cual continúa desarrollando técnicas violentas; por ejemplo, en los allanamientos masivos en las barriadas humildes del conurbano bonaerense.

Si el Poder Judicial también se encuentra deslegitimado, con jueces de in-garantías y fiscales que actúan como “ratis”, ¿cómo se relegitima a la Policía Bonaerense en una práctica activa de derechos humanos y garantías?

Al momento de referirse a la tarea policial, el discurso político –generalmente de la derecha- la describe con la fórmula mágica: “como el desarrollo de acciones para la protección de la sociedad”; pero la acción de la policía, sólo se ejerce respecto de determinados grupos o categorías de individuxs, predefinidxs, por los medios masivos de comunicación, como desviadxs y peligrosxs.[xi] Luego, deposita toda su fe en la creencia dogmática del positivismo, que terminan produciendo reformas normativas, muchas veces, ambiguas, indeterminadas y elásticas.

¿Y la cultura policial?

Si por cultura, se entiende, la forma de vida de la gente, entonces, nos referimos a todas aquellas concepciones y valores, categorías y distinciones, ideas y creencias que las personas utilizan para construir su mundo con orden y significado.

Me pregunto entonces, ¿cuál es el lenguaje desarrollado por la comunidad policial, que se desarrolla a diario en base a prácticas y discursos policiales?

La historia reciente da cuenta del fracaso de innumerables intentos de reforma, como modo de resolver los problemas de violencia policial, corrupción, acuartelamientos etc.; todo ello mediante la sanción de numerosas normas que buscan ajustar la actividad policial a los parámetros de legalidad, racionalidad, incremento de entrenamiento, institucionalización de áreas de asuntos internos, controles severos, y medidas tendientes a relegitimar a la policía.

No obstante, la “cultura policial”, continúa ejerciendo su implacable influencia sobre el personal de la fuerza, pues es la verdadera guía que autoriza a actuar al margen de la legalidad y los valores democráticos. Ello, porque la ambigüedad del discurso político y la toma de decisiones -siempre en la emergencia-, lejos de controlar el accionar policial, termina institucionalizando su desviación[xii].

Entonces, ¿cómo operan los medios sobre las opiniones, valores y actitud que la sociedad espera de la policía? ¿Cuáles son los mensajes simbólicos y las respuestas que la sociedad recibe en relación con el accionar policial?

Las investigaciones sociológicas sobre la labor diaria de la policía, acreditan el desfasaje permanente entre el aspecto normativo y las decisiones situacionales del policía. Esto ocurre cuando el/la policía se encuentra en determinada situación fáctica y advierte que con los medios con los que cuenta no son adecuados ni suficientes para cumplir la misión de prevención-represión.

El/la policía, como cualquiera de nosotrxs, es centro de códigos comunicacionales y tecnológicos, que lx estimula y determina a optar por “la desviación”, como único modo de cumplir con su misión.

Las campañas mediáticas de “ley y orden”, alientan esta “cultura policial” del desvío, dado que atenúan los escrúpulos morales de lxs policías; lo que termina constituyendo una técnica de neutralización de las reformas normativas.

Lxs nuevxs moralizadorxs mediaticxs, alimentan el subconsciente social con la idea que la policía lleva adelante una guerra santa, en la que diariamente se enfrenta con el mal, así, en el combate esta todo o casi todo permitido. Ello explica que –sin importar que la persona sea culpable o inocente- una detención se vea como una victoria, y una liberación como una derrota.

La policía se siente amenazada por diferentes demonios que también aterrorizan a la sociedad. El fin de protección social en la lucha contra los “predadores sociales” [inmigrantes, consumidores, negros de mierda, etc], justifica “la desviación” con la construcción de aquellos especiales estereotipos o etiquetas: ellxs, en definitiva, son lxs otrxs, lxs de afuera que amenazan nuestra sociedad o nuestro mundo.

Debe tenerse presente que para cambiar la acción policial hay que pensar en mucho más que proveer de entrenamiento, equipo y nuevas reglas; porque lo sustancial es cambiar los mensajes en los cuales se justifica la desviación policial.

Es necesario crear nuevas formas de mantenimiento del orden y de la paz social, que la cultura policial a relegado al ostracismo. Fundamentalmente, hay que buscar nuevas formas de interpretar y otorgar sentido a la función policial y a los conflictos que esa misma función incluye y promueve.

Ya en otras oportunidades[xiii], señalamos que la primera condición, para afianzar una reforma policial, es convencerse de la necesidad que el poder político controle a la fuerza de seguridad.

Pero la noción de control, no debe considerarse solamente en su significación de supervisar, inspeccionar o vigilar, sino también en la idea del “gobierno de la seguridad”.

Así, Shearing y Wood, señalan –desde hace mucho tiempo- que debe combinarse el pensamiento sociológico con una concepción de la práctica de gobierno basada en la noción de “gobierno” de Foucault[xiv] y la noción de ”poder” de Latour”; lo que permitiría sostener que hay distintos modos de construir el mundo, lo que haría posible que existan distintos modos de gobernarlo[xv].

Consecuentemente, las reformas policiales o las transformaciones en el campo de la seguridad, deben ser analizadas dentro del contexto más amplio de las innovaciones de las formas de gobernabilidad en general.

“Gracias a los intentos de incorporar al gobierno de la seguridad las normas y estándares de los derechos humanos se han creado espacios que permiten volver a imaginar qué puede significar la seguridad, en cuanto condición, y cómo se la puede promover. Quienes trabajan desde la perspectiva de la justicia social y otras orientaciones relacionadas tienen que hacer esfuerzos enormes para explicar que el delito es un síntoma presente de otras formas de inseguridad, como la seguridad alimentaria, el acceso a la atención sanitaria, la disponibilidad de agua potable y las oportunidades de acceder a un ingreso de subsistencia[xvi]”.

Una reforma integral, debe compatibilizar las concepciones, valores, categorías, distinciones y creencias utilizadas por la policía para construir su rol social, con una cultura de los derechos humanos.

Es obligación de la política, el recuperar a la policía para la Democracia.


[i] Dario Melossi: (1995) Hegemony and Vocabulary of ppunitive motive: The discursive government of social crises, Oñati Proceedings, 17, Oñati.

[ii] Jurguen Habermas (1975) Problemas de legitimación en el capitalismo tardío. Ed. Amorrortu. Bs.As

[iii] Michel Foucault: (1979) “Vigilar y Castigar”. Madrid. Siglo XXI.

[iv] Dario Melossi. Ibídem.

[v] Douzinas (1995) Justice Miscarried. Routledge. London.

[vi] Jean Baudrillard. (1995) El Crimen Perfecto. Anagrama, Barcelona.

[vii] Stefano Ródota (1996) “La soberanía en el tiempo de la tecnopolítica en Roberto Bergalli-Eligio Resta”: (comp) “Soberanía: un principio que se derrumba”. Paidós. Buenos Aires

[viii] Antonio Gramsci (1984) “Selection of Prision Notebooks”. Claredon, London

[ix] Dario Melossi. Ibídem

[x] Enrique Font (19989 “Transformaciones en el Gobierno de la Seguridad: conceptos y tendencias y sus desarrollos en la Argentina”

[xi] M.H.Feraud (1978) Le rol social de la pólice dans la prevention de la criminalite dans une societe moderne et plus particulierment dans la prevention de la deliquance juvenile. En La Police et la prevention de la criminalite.

[xii] Doree Mc Barnett (1983) Conviction: Law the state and the constructión of justice. Oxford.

[xiii] https://identidadcolectiva.com.ar/seguridad/ y https://identidadcolectiva.com.ar/sindicalizacion-policial/

[xiv] “…el ejercicio del poder consiste en conducir conductas apuntando a ordenar el posible desenlace…gobernar es estructurar el campo posible de las acciones de los otros”. Michel Foucault. “Seguridad, territorio y población” 1978

[xv] Clifford Shearing y Jennifer Wood. “Pensar la Seguridad”. Editorial Gedisa. Serie Criminologia. Barcelona. España. 2011.

[xvi] Clifford Shearing y Jennifer Wood. Ibiden.