¿Quién Carajo es Brandoni?

Por Claudio Posse.

Es más fácil que se cumpla la distancia social en un recital del Indio Solari a que Brandoni represente la democracia y la república.

Pero, en realidad, lo que me motiva a escribir esta editorial no es este sujeto. Pienso, y los invito a que pensemos juntos, el por qué los debates impuestos por aquellos que representan minorías muy poco representativas de la totalidad de la sociedad terminan siendo el eje de la agenda pública de la política argentina.

Obviamente, existen los medios concentrados de comunicación que, manejados por empresarios inescrupulosos, intentan formar y adueñarse del sentido común, pero esta afirmación es más vieja que las luchas de clases, con lo cual no me quiero detener en esto. Vayamos a lo más complicado: la introspección. Pensarnos. Eso siempre es más complejo porque determina que observemos nuestras virtudes, pero también, uffffff, nuestras falencias y errores. Me niego a llamar a esto autocrítica, en el sentido liberal de la palabra, porque “ellos”, quieren que digamos que las autocríticas son, en realidad, nuestras virtudes, a saber: “defender los intereses de la Patria y de su Pueblo”.

Entonces veamos las falencias que tenemos, en relación a la agenda que se debate públicamente. Titulé: ¿Quién carajo es Brandoni? No en sentido negativo del actor o, incluso del dirigente político. Es que Brandoni es uno más de “ellos”, no es el mejor de “ellos”, es uno más. Porque si enfrente tuviéramos un, no sé, piensen el mejor de todos los malos, entonces sería entendible que estemos preocupados y sería un tanto entendible que, incluso, tuviéramos debates públicos con respecto a lo que dijo o las acciones del más malo de todos los malos. Pero ¿Brandoni?, es un villano de muy pero muy poca monta.

A modo de ejemplo, ustedes disculpen mi gusto por los cómics, pero voy a hacer un paralelismo con el “Acertijo”, ¿se acuerdan del villano de Batman? Ahí tienen un villano de muy pero muy poca monta. A diferencia de la mayor parte de los villanos de Batman, Riddler (acá en Argentina lo conocimos como Acertijo), no es un asesino psicótico o con problemas mentales severos, solo es algo narcisista por su enorme ego, lo que hace que presuma de su superioridad intelectual ante Batman. Sus conflictos directos intentan ser más cerebrales que físicos y generalmente implica derrotar al otro intelectualmente, el otro vendría a ser Batman, que siempre cae en la trampa de darle mayor importancia a un villano que, claramente, no necesitaba tantos capítulos. Siempre ganaba Batman, con facilidad.

Me gusta este ejemplo, aunque me reste puntos en el mundo Nac and Pop, porque nos pasa algo parecido. Le damos mucho espacio a los villanos que no tienen ninguna trascendencia. ¿Brandoni? Pero por favor, tráiganos a un Two Face (dos caras) o un Guasón. Ahí tendría más sentido ponernos a debatir públicamente.

El mundo vive momentos de rupturas de todo orden, puertas adentro de las naciones. La derecha y la izquierda israelí están en un momento de extrema tensión. En Estados Unidos el mismísimo presidente denuncia un fraude previo a las elecciones y amenaza con golpes institucionales, nunca imaginado en la gran potencia mundial que te mata presidentes a lo loco pero que se maquilla de protectora de la democracia occidental. En Brasil hay un presidente que manda a su pueblo a inmolarse contra un virus que no tiene cura. Y así podemos seguir y seguir y seguir. Y nosotros nos detenemos en ¿Brandoni?

Hace un par de días veía un video de Cristina haciendo una de las famosas cadenas nacionales. Y es increíble la cantidad de obras que se realizaban, perdón, es creíble porque lo pueden ver, no solo porque las obras están ahí, es creíble porque existieron esas cadenas nacionales que mostraban las realizaciones de un gobierno que trabajó para “defender los intereses de la Patria y de su Pueblo”. Lo increíble es que nosotros mismos, los integrantes de ese espacio político no lo entendiéramos. Ahí marcábamos la agenda, con lo que sabemos hacer: gobernar. Confieso que me sentía un tanto raro cuando decía en aquellas épocas: “A mí me gusta escuchar a Cristina y la verdad es que me emociona que hable en los balcones de la rosada”, y los compañeres me decían una y otra vez: “así perdemos las elecciones”. Y… perdimos las elecciones. Pero, ya quedó claro, no perdimos por las Cadenas Nacionales, en donde Cristina mostraba la monumental obra que hicimos del 2003 al 2015. Perdimos porque quisimos parecernos a ellos. A los, sí querides compañeres, quisimos parecernos a los Brandoni. Entonces empezamos a hablar de lo que ellos querían y entonces empezamos a intentar armar los rompecabezas que nos tiraban los medios, como el acertijo a Batman y cuando lo armábamos nos ponían otro y otro y otro y Nisman.

¿Si me gustan los debates? Por supuesto. Es la esencia del peronismo. Pero, ¿debatir con Brandoni? No. Paso. Necesitamos volver a las fuentes. Y miren si tenemos cosas interesantes para debatir esta semana: La vacuna contra el Covid, la moratoria impositiva, la reforma judicial y etcéteras por miles. Todos estos temas. Todos, mucho más importantes que ¿Brandoni?

Por último, a les que vayan a decirme que estos temas “no garpan” Y bue… también paso. A mí me dijeron que los peronistas “defendemos los intereses de la Patria y de su Pueblo” y en homenaje a San Martín: lo demás no importa nada.

Y, aparte, ¿Quién carajo es….? Me olvide de quién hablábamos…. Mejor, seguro no era muy importante.