¡Qué sueño!

Por Sebastián Ruiz.

Ayer estaba en el trabajo, a distancia, claro. Agarré y me fui al baño a dormir una siesta, para no perder la costumbre. No quiero perder el ritmo: así como los deportistas entrenan en su casa para estar listos cuando haya que volver, yo también hago lo mío. Estuve unos cuarenta minutos hasta que mi guacha me despertó, corte jefe que conoce la jugada. Soñé, y profundo.

La primera parte del sueño fue en el bondi yendo al trabajo. Re atorado, ni me tenía que agarrar para estar parado. Eran las 5.40, hacían 7 grados (afuera). Adentro 48° y no me podía ni sacar la campera. Deben ser esas ganas de andar en la calle que tengo. Imaginate que para mí el ruido de las bocinas es como esa cumbia de domingo que te despierta y te sana de cualquier resaca de sábado a la noche. Tataaaaa taraara ran tatatararan. (¡Escuchate “¡Siempre es la misma situación” de la Sonora Skandalo y vas a ver de qué te estoy hablando, monito!).

Viste cómo son los sueños: medio raros. Tienen significado y todo. El viaje no terminaba más y hace rato que no levantaba gente en ninguna parada, ya no entraba ni el grupo halcón en el bondi. Hasta que algo empezó a golpear fuerte, muy fuerte. Bueno, el significado de eso era la guacha golpeando la puerta y yo re amotinado ahí con una toalla envuelta en el brazo y afilando el cepillo de dientes contra el piso.

Qué locura soñar con eso, algo que antes odiaba ahora quiero que pase. Me refiero al viaje en bondi, no al motín. Necesito que pase. Extraño que el bondi no me pare, que se desvíe porque está cortado más adelante, ir a la parada haciendo cuentas para entender si con el saldo negativo que me queda me alcanza pa viajar. ¡Lo que extraño al portero! Antes me decía buen día y ya me re encascaba: “Qué onda con este pancho que le importa lo que hago de mi vida… si no tiene con quién hablar que se compre un perro”. Cuando lo vea lo voy a encarar yo: “Buen día, encargado. Qué loco está el clima, ¿no?”

En soñar con cosas que no puedo tener o hacer soy bastante bueno. Tengo trayectoria, antigüedad. De pibe siempre soñé con tener esas llantas naik con resortes en toda la planta del pie, naranja, flúo. Siempre las quise tener, los cabeza me van a entender. Nunca completé un álbum de figuritas, y eso que era bueno jugando y negociando en los intercambios. Llegué re curtido a la cuarentena. Pobres los ricos que nunca pasaron ningún tipo de necesidad.

Algunos sueños casi que los cumplí: había unos botines re cheto, los “90”. “Vamos a comprarlos”, me dijeron. Fa… amigo el pecho re inflado, re contento. Nos fuimos a esa feria no apta para hipertensos, que está por el sur. Cruzamos el riachuelo por un puente re flojo de papeles. Algunos pocos valientes lo hacían por la vía del tren. Los encontramos y los compramos. Con un pequeño detalle: en lugar de tener el número 90, tenían el número 89. Siempre cinco pal peso, pero yo re contento. Le escribí “Ronaldo 9” con lapicera, para ver si así jugaba mejor.

Bueno, me voy a dormir otra siesta. A ver si puedo soñar con no extrañar.