Qué hacé

Por Sebastián Ruíz.

El otro día (más de 100) iba al trabajo, pateando tranqui por la 9 de Julio. Temprano, cuando todavía hay un par de luces que no se rescataron y siguen prendidas. En un tiro, me tuve que frenar casi llegando a la esquina de Belgrano, donde venden unos pane casero con chicharrón tan pero tan buenos que te llevan sin escalas a la vereda de cualquier barrio del conurbano.

¿Viste cuando ves a alguien y decís: “a este creo que lo conozco, no sé de dónde, pero sé que sí? ¿Lo voy a saludar…prefiero quedar como un dolobu antes que como un desubicado”? Bueno, así pero distinto. Porque al toque supe quién era él, pero no lo podía creer. Él también me vio y seguro prefirió no hacerlo. Ni boludos ni desubicados; pero ambos habríamos preferido no tener que saludarnos.

Arrancó él. Salió jugando muy bien. “¡Eh! ¿Qué hacé, gordo?”, me dijo con una sonrisa, mientras se levantaba del piso. No me dejó responder, retrucó al toque y me contó por qué estaba durmiendo ahí, en la 9 de Julio. “Salí del baile recién y voy a hacer tiempo acá que estoy esperando una amiga”. Lo dijo sin romper con esa sonrisa, pero sabiendo que yo sabía. No pregunté nada: “¡Bien ahí, compa! Voy a comprar un pan casero acá en la esquina, vení y hacemos tiempo”. “Nah, arranco para allá que me están esperando”. Nos dimos un abrazo – cuando todavía se podía – sin decir nada y arrancamos, cada uno para su lado. Si le decía que era con chicharrón, por ahí venía.

Pasaron un montón de días (más de 100). Iba caminando por la 9 de Julio y lo volví a cruzar. Para en el costado de un hotel que se usa para pacientes con Covid-19. En una especie de hueco, para esquivar el ofri. O no me vio o esta vez no me reconoció, porque mi tapaboca hizo bien su trabajo, y yo me hice bien el dolobu. No le iba a servir la misma excusa: los boliches están cerrados y una amiga no te hace esperar más de 100 días.

¿Por qué me hice el dolobu? Yo sé quién es. Para mí tiene nombre, apodo y apellido. ¿Será porque a mí no me gustaría que me vea así uno de mis ñery? No importa, loco, un centro le tengo que tirar. Volví al toque, pero ya no estaba. Tal vez me vio y pensó que soy un desubicado.

Qué bien funciona el distanciamiento social en algunos casos. Y más con los que viven en la calle. Ni chances de contagiarse de coronavirus y que pueda parar en ese hotel. Comer, bañarse con agua caliente y dormir en un colchón con sus respectivas frazadas. Ni chances.

¿Para qué inventar excusas? Ni boludos ni desubicados, esa vez decidimos no saludarnos.