Protagorismo

Por Ceferino Namuncurá.

«El hombre es la medida de todas las cosas». Protágoras

Apelando a la redención de ustedes o al menos a su entendimiento, hago abuso de este neologismo titular.

Leía, días atrás, una nota del diario Perfil «Casi una carta para Graciana Peñafort» escrita por el periodista Edi Zunino, en la cual expresaba su convulsión frente a tres ejes que pasó a detallar: la deuda del Estado frente a la democracia en relación al funcionamiento de los servicios de inteligencia; la victimización del Kirchnerismo frente a las persecuciones -que entiende como importadas- y, por último, la valoración del periodismo argentino.

No es mi intención adjudicarme un absolutismo de interpretación; mí mirada es una más, adjunta a la que ustedes harán cuando accedan a dicha nota. Ahora bien, si me permito opinar, frente a un tema que no admite -a mí modo de ver- una conceptualización abstracta, optaré por una mirada corta al escenario y no al libreto.

Me refiero a lo siguiente: es deseable al menos mostrarse interpelado por esos tres ejes que apenas son un abismo, pero creo que más debe resonarnos el fondo de dicho abismo que hemos cavado con nuestros mismos pies. En ese fondo se encuentra no un «fatum», nada más lejos que un destino, allí yace un principio insoslayable de estos tiempos, la de los propios cánones de moral de nuevos estereotipos.

Son dichos preceptos, definidos en razón del servilismo de algunos «comunicadores», desde la abyección por otros y producto de la cobardía de unos cuantos, cánones que conviven con definiciones de rimbombante republicanismo en el lenguaje elusivo y repulsivo de personajes a sueldo.

Coincido con el primer eje del periodista Zunino. Sin embargo, hubiese sido una magnífica oportunidad para cuestionar y repensar que es aquello que entiende por «Estado», frente a la banalización conceptual que ha hecho del mismo el gobierno que a poco más de seis meses, se ha ido. ¿Es aquel mismo que pergeñaron nuestros patriotas? ¿El que pensó Yrigoyen? ¿O acaso el que sublimo nuestro Juan para que este país sea de todos? ¿O se trata de un Estado prisionero de los poderes de turno? El de empresarios devenidos en funcionarios, de las corporaciones… ¿O de ese que sirvió para acallar voces de los excluidos y perseguir a quienes piensan distinto?

En nombre de un nuevo republicanismo, sale a la luz algo insostenible, la herramienta de inclusión, vaciada, utilizada para fines de proscripción y estigmatización.

Fue acusado de sofista, reivindicado por Platón como pensador, aquel Protágoras al que me he referido al principio. Sofista, filósofo o pensador, un eslabón del genio griego, de la filosofía de la historia y del hombre sustancial, trascendente. Ni en sueños imagino ver cumplir su profecía por hombres indignos, con míseros puntos de «rating», creyéndose patrones y medida de las cosas de este siglo. Comunicadores que venden panfletos como libros, sin estatura de filósofos, pensadores o sofistas, que medran con verdades de conventillo. Quienes degluten un contrato social y se arropan de representatividad, ya que han internalizado ser la reserva moral, para disfrazar su servilismo.

Es entonces que ha de ponerse blanco sobre negro, aunque no le guste a Zunino, porque se tiene la legitimidad del voto, porque el peronismo o el kirchnerismo, tiene le legitimidad de la historia a la que nunca podrán apelar los periodistas de está siglo.

Aun cuando les cueste abjurar a este pensamiento, cuando se enanquen en análisis subrepticios, deberán poner el todo sobre la mesa de discusión y no solo aquello que ven en la superficie.

Se podrán tener muchas deudas como lo afirma el periodista, pero como nunca está a la vista, es la política y el Estado lo que conjura tragedias como las de estos tiempos. Lo es también un lenguaje sin prejuicios, sin tabúes, de un periodismo que no trance, que piense distinto, donde lo importante es lo veraz, desde su convencimiento.

La construcción de estos tiempos es lo que nos desafía a saldar deudas si ha de ser necesario, donde no hay lugar para los apologistas del miedo, para quienes viven en la sombra.

Más que nunca es necesaria una discusión a página abierta pero el primer lugar lo deben ocupar los excluidos, los que poco importaron, los que todavía esperan para dejar en nuestra patria su impronta.