Progresismo – conservadurismo

Por Víctor Hortel.

El debate político por estos días continúa referenciándose –al menos subliminarmente- en las ideas de Progresismo y Conservadurismo, por lo que una pregunta trascendental sería si nuestra sociedad debe diseñar instituciones sobre la base de ideas progresistas o conservadoras.

Digo progresistas o conservadoras, pues en tanto hoy –al menos durante el siglo XX corto[i]–  al pasar la  discusión –mayoritariamente, por el modo de distribución de la riqueza y no por la de apropiación colectiva de los medios de producción, puede entenderse que la izquierda ha sido vencida por la historia.[ii]  (Tras esta enunciación, pueden venir de a uno).

Cotidianamente se utilizan los términos progresista o conservador para calificar a actores políticos o ideas políticas, tanto para celebrar como para criticar sin mayor profundidad de compromiso.

Me pregunto: ¿qué significa ser políticamente conservador o progresista?

En un primer acercamiento, intentaré una caracterización.

Se dice que alguien es conservador cuando está a gusto con el estado de cosas imperantes[iii] y quiere mantenerlo; pero también es conservador aquel quien ya no está cómodo o feliz con el presente, pues considera que el momento ideal, el que satisfacía sus valores y expectativas, ha dejado de ser.

Se caracteriza al conservador como un nostálgico que se opone a cualquier cambio, en tanto dicho cambio implica “bajarle el precio” a los valores que el conservador intenta reinstalar.

Luego, el conservador se transforma en reaccionario, cuando se lanza a una lucha radical con la finalidad de reestablecer el pasado.

Los conservadores[iv], se inspiran –por lo general- siempre en los mismos principios:

  1. Las libertades individuales siempre son más importantes que la igualdad.
  2. Tienen “alergia” por lo político, la que se agrava cuando el poder político se concentra en manos del pueblo.
  3. La sociedad se organiza en función de jerarquías de grupos y clases. Son elitistas. Creen en la superioridad de algunas personas sobre otras a las que consideran inferiores.
  4. Respetan la tradición y “la herencia” de sus ancestros.
  5. Veneran a la autoridad y la religión.

Por el contrario, el progresista, es una persona que no está conforme con el presente porque aún no encarna los valores con los que el progresista se identifica. Así la lucha del progresista es por acelerar la llegada de ese futuro en que los valores que sostiene gocen de plena vigencia.

El Progresismo, en general, se orienta hacia la instalación y desarrollo de un estado de bienestar, la defensa delos derechos humanos, la participación ciudadana y la redistribución de la riqueza. Busca la igualdad económica y social y el progreso en materia sociocultural.

Puede ocurrir, paradójicamente, que el progresista de hoy sea el conservador de mañana.

En un segundo acercamiento, corresponde identificar los valores de unos y otros.

El conservador, por lo general, es beneficiado por el reparto de la riqueza; obviamente está a favor de las políticas que defienden sus intereses y privilegios. Las políticas conservadoras son racionales para las clases privilegiadas e irracionales para aquellos que constituyen los sectores postergados.

Por el contrario, el progresista apoya políticas que propenden a la máxima distribución posible de la riqueza, constituyendo así algo racional para quienes están en situación de pobreza y vulnerabilidad e irracional para quienes pertenecen a las capas altas de la sociedad.

Para el progresismo, el crecimiento y desarrollo económico del país resulta crucial, en tanto resulta condición necesaria del acceso por parte de los sectores carenciados a los bienes sociales.

Luego, mientras el progresista intenta reducir los niveles de pobreza, el conservador la acepta como algo que es imposible de erradicar.

Una diferencia que puede presentarse como sustancial entre conservadores y progresistas, es que el progresismo entiende como obligación luchar por una justicia que termine con el dolor humano.

En esa inteligencia puede entenderse a la justicia, de diferentes modos:

  1. Pensar la justicia como el logro de condiciones de vida en que los seres humanos no tengan necesidad ni deseo de cometer injusticias.
  2. Concebir la idea como la construcción de un sistema social justo, un sistema, cuyas instituciones básicamente satisfagan los principios de justicia.

El primer modo, no conduce al concepto de “emancipación”, característico de la tradición socialista, el segundo, caracteriza la tradición del liberalismo político.

Socialismo y Liberalismo pueden entenderse como dos variantes del progresismo. También existe una doctrina que las referencia como dos formas de milenarismo[v]

Por su parte Ronald Dworkin, señala que las principales banderas del Progresismo, son invenciones liberales, en tanto la médula del ideario liberal es la igualdad entre las personas como sujetos autónomos.

Para Dworkin, las personas son sujetos autónomos, con igual derecho a ser respetados en sus convicciones, y con igual derecho a valerse de los recursos necesarios para poder llevar a cabo una vida digna en igualdad de condiciones respecto a todos los demás.[vi]

Los conservadores, en tanto, niegan que el orden social justo sea posible, sostienen que la injusticia y el dolor son inerradicables de este mundo y consustanciales tanto a la sociedad como a la naturaleza humana. Luego, todo tiene matices. Así como para ser progresista no se requiere creer en la posibilidad de la radical emancipación de la humanidad, para ser conservador hoy no hace falta estar a favor del regreso de las monarquías.

Los matices se relacionan con el grado en que se consideran realizables o reprensibles los dos valores centrales del proyecto: la libertad y la igualdad. Existiendo tensiones entre estos valores suele ocurrir que existan progresistas dispuestos a sacrificar algún grado de igualdad a favor de algún grado de libertad o viceversa.

Consecuentemente, quienes estén dispuestos a aceptar como bueno o correcto, un sistema social en el que haya algún grado de sacrificio de estos valores serán “menos progresistas” que aquellos que consideren que ambos valores son realizables y resulta posible la construcción de un sistema social que los encarne conjuntamente.

Explicado que fue –al menos superficialmente- que implica ser conservador o progresista; me pregunto: ¿el peronismo es progresista? (ok, vengan de a uno nuevamente).

Aunque leyendo a Grimson[vii], quien afirma que hay una y mil teorías sobre el peronismo y que tanto Perón como el peronismo están sometidos al tiempo, se me ocurre que la pregunta puede estar mal formulada.

Grimson, sostiene que más cerca estaremos de comprender al Peronismo, si pensamos en plural y captamos sus heterogeneidades: los peronismos.[viii]

En esa comprensión, y para ser coherente con artículos anteriores, corrijo el interrogante y pienso que una pregunta quizás más correcta seria: ¿hay un peronismo progresista? o, ¿el mejor peronismo es el peronismo progresista?

Perón, siempre hizo gala de un gran pragmatismo político, al igual que Kirchner; luego el mejor peronismo siempre puso el foco en la defensa de los derechos civiles de igualdad, libertad y justicia.

Néstor y Cristina, apoyaron las luchas de diversos colectivos sociales, como el feminismo o la diversidad sexual; velando por un permanente estado de reformas y apertura social, para garantizar más y mejores derechos, que permitieron moldear un contexto social más incluyente y democrático.

Así el peronismo progresista siempre aspiró a una mayor pluralidad y diversidad, en la que todos los colectivos sociales y actores políticos, pudieran expresar sus ideas y hacerse oír por la sociedad.

En mi humilde opinión, Perón, Néstor y Cristina, sintieron la necesidad de un Estado regulador, que garantizara la igualdad de las condiciones sociales, económicas y culturales de todas las personas, poniendo especial y mayor énfasis en aquellas en estado de pobreza, vulnerabilidad social o desposeídas; impulsaron políticas económicas del tipo “keynesianas” que permitieron una más justa y equitativa distribución de la riqueza y, motorizaron el progreso en materia social, política y económica, todo lo cual –de modo virtuoso- favoreció  mayor pluralismo y diversidad.

A su modo, cada uno, además de cultivar el pragmatismo, se presentaron con estilos vanguardistas, en tanto se presentaron y actuaron dispuestos a romper con los cánones de lo establecido.

Haré citas que creo, acompañan –al menos simbólicamente- mis afirmaciones.

Galasso, ante la hipótesis “El peronismo ¿fascismo o socialismo? -refiriéndose a la década 1945-1955-  luego de señalar “las contradicciones del peronismo gobernante”, que “son muchas”, explica que los obreros “captan inmediatamente sus aspectos más progresistas”[ix].

Se advierte claramente un empeño del Perón, por mejorar la calidad de vida del pueblo y el de cambiar el statu quo de las clases acomodadas.

“El frente nacional así constituido, desarrolla a partir de 1946 una política que significa la ruptura de la dependencia respecto al imperialismo británico y que por ésta razón calificamos de Liberación Nacional. Dicha ruptura se logra a través de sucesivas medidas que recuperan para la Argentina los resortes de la economía que estaban en manos del capital inglés: la nacionalización del Banco Central que pone en manos del Estado el control de los cambios, las tasas de interés y la circulación monetaria; la nacionalización de los depósitos de la banca privada que entrega al Banco Central el control del crédito, la creación del Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI) que significa el control estatal del comercio exterior (antes en manos de un puñado de consorcios extranacionales); la nacionalización de los ferrocarriles y de empresas de transporte automotor que permite reglar las comunicaciones terrestres según las conveniencias nacionales controlando a esa «tela de araña metálica» con centro en Buenos Aires donde se «ahogaba la mosca de la república»; el impulso dado a la flota mercante que permite lograr la suficiente independencia para manejar nuestras exportaciones sin depender, como antes, de las exigencias de la «Blue Star Line» inglesa; la implantación de un régimen estatal de reaseguros (INDER), que quebranta la subordinación al Lloyds de Londres, ejercido, a través de Leng Roberts y reducía las posibilidades de manejar autónomamente nuestro comercio exterior. Por otra parte, el recupero de la soberanía sobre nuestros puertos, así como el reemplazo de la Cía. Primitiva de Gas por Gas del Estado, de la extranjera Unión Telefónica por ENTel y de las usinas provinciales en manos de la American Foreing Power por la red de Agua y Energía constituyen otros tantos jalones que sientan las bases del proceso de Liberación Nacional.”[x]

Expresa  Galasso: “Esa modernidad -expresión del desarrollo capitalista- no es debidamente valorada por quienes olvidan o desconocen los rasgos de la vida cotidiana en la Década del Treinta y no perciben la importancia del cambio: de las cocinas a carbón o eléctricas a las cocinas a gas, de las barras de hielo a las heladeras eléctricas, del conventillo a los departamentos de propiedad horizontal, de «las chicas» limitadas a vapulear un piano alemán, estudiar «corte y confección» o espiar detrás de las persianas al «casoriable» que pasa por enfrente (y la alternativa: Ias luces malas del centro) a frecuentar las universidades, las asambleas del sindicato y votar en las elecciones nombrando a sus representantes; de los muchachos estirando el ocio en la tertulia del «cafetín de Buenos Aires» o madrugando para conquistar buena posición en las colas de desocupados, a las escuelas técnicas o de orientación profesional o las diversas profesiones universitarias cuyas posibilidades se multiplican ahora por el crecimiento de las fuerzas productivas.

El peronismo se convierte en intérprete de los reclamos obreros y se caracteriza por dar respuesta a los mismos: aguinaldo, tribunales de trabajo, sindicatos por rama, afiliación masiva, delegados de fábrica, comisiones internas, generalización de vacaciones pagas, indemnización por despido y accidentes de trabajo, estatuto del peón rural, salario mínimo, convenios colectivos, turismo social, CGT única, Ministerio de Trabajo, pensiones, salario real en ascenso, agregados laborales en embajadas, plena vigencia de leyes laborales de antigua data que carecían de aplicación efectiva e incluso reconocimiento constitucional a los derechos más importantes.

Señala Feinmann (el bueno, quien otro podría ser): “…la memoria de los mejores años, de los años felices del 53% del Producto Bruto Interno para los pobres, de las nacionalizaciones, del artículo, del Pulqui, del Estado generoso, del bienestar estatal, del keynesianismo desbordante, de los sindicatos, de los abogados de los sindicatos, del Estatuto del Peón, de las vacaciones pagas, de la entrega de EVITA hasta el aliento postrero…”[xi]

Esta descripción, se observa también en las Charlas de Mordisquito de Discépolo. El maestro le expresa a Mordisquito (el personaje antiperonista) que está ganando una guerra: “Y la está ganando mientras va al cine, comes cuatro veces al día y sentís el ruido alegre y rendidor que hace el metabolismo en todos los tuyos. Porque es la primera vez que la guerra la hacen cincuenta personas mientras dieciséis millones duermen tranquilos porque tienen trabajo y encuentran respeto”.[xii]

Más cercano en el tiempo y en mi corazón Néstor supo expresar: Nuestros pobres, nuestros excluidos, nuestros países, nuestras democracias, ya no soportan más que sigamos hablando en voz baja; es fundamental hablar con mucho respeto y en voz alta, para construir un sistema que nos vuelva a contener a todos en un marco de igualdad y nos vuelva a devolver la esperanza y la posibilidad de construir obviamente un mundo distinto y una región que esté a la altura de las circunstancias que sé que los presidentes desean y quieren”[xiii] 

«Nuestra política de derechos humanos se ubica en uno de los puntos nodales para la solución de lo que son nuestros males y tiene que ver con una propuesta de avanzar en una sociedad respetuosa de la Constitución y las leyes. Sin impunidad de ningún tipo en la que la democracia, la seguridad jurídica, la equidad social se reconozcan como mutuamente dependientes”.[xiv]

Cristina Fernández, supo expresar: “Yo hago política si puedo transformar la realidad”. Y vaya si transformó la vida de todos.

En el 2018, en una frase que viene muy bien a este artículo expresó: “Desde el progresismo debemos acostumbrarnos a no presentarnos como la contra. Este excede izquierdas y derechas para ingresar en la categoría de pueblo”[xv]

No se me escapa, que, para alguna identidad peronista, hablar de progresismo pueda causarle escozor, por esa vieja creencia que sostiene que en tanto el progresismo siempre se caracteriza por la reflexión, el aporte de ideas y el espíritu crítico permanente, el sello del peronismo tiene más que ver con la valentía de ampliarse, interpretar demandas y convertir ideas en políticas concretas.

Dado que, en lo personal, no veo tantas contradicciones entre peronismo y progresismo, ni que estas sean tan esenciales, y considerando que la política es un terreno de disputa, a esas identidades peronistas que no compartan o disientan con mis afirmaciones, les propongo el diálogo franco para la búsqueda de consensos básicos.[xvi]

Sin dudas, Perón, Néstor y Cristina, coincidieron en la siguiente temática: el rol del Estado, la reducción de las desigualdades, el derecho al trabajo digno y de calidad, el acceso a una educación pensada para el siglo XXI, la necesidad de repensar el sistema de salud, la elaboración pública de medicamentos, una mirada realmente federal del país y políticas impositivas más justas.

Hoy, nuestro Presidente expresa que no puede existir el hambre en el país, que no puede haber chicos fuera de la escuela y no puede ser que las familias estén endeudadas de la manera en que lo están en la Argentina.

Alberto Fernández, sabe de la necesidad de debatir acerca de las consecuencias económicas, sociales y ambientales de los modelos de desarrollo, sobre la situación actual de América Latina y sus conflictos políticos; y sin dudas enlazar la agenda feminista con la política argentina incluida la legalización del aborto como uno de sus ejes centrales.

Como en su momento Néstor y luego Cristina, Alberto entiende la necesidad de corregir las desigualdades y, por lo tanto, discutir con los poderes económicos, políticos y culturales concentrados, debatiendo un modelo productivo y social, para el desarrollo.

Concluyo en que hay un peronismo de clara identidad progresista; que siempre esta identidad progresista identificó al mejor peronismo, y que el Kirchnerismo – como la mayor expresión progresista del peronismo y del movimiento nacional y popular-, colocó nuevamente al Peronismo en lo mejor de nuestra historia.

Luego del triste interregno macrista, es de esperar que Alberto Fernández –con su impronta socialdemócrata-, retome la senda del peronismo progresista que supieron marcar Perón, Néstor y Cristina.

Y a bancar la que haya que bancar, que para eso somos peronistas.

A trabajar y militar, sin destajo y sin especulaciones, hagamos carne la hermosa frase de “Los días más felices siempre fueron Peronistas”, que quienes nos continúen, no puedan criticarnos por no haber hecho nuestro mejor esfuerzo cuando la Patria lo necesitaba.

Nacionalistas, nacionales y populares, revolucionarios, progresistas, descamisados, socialdemócratas, y todas las demás identidades peronistas[xvii], reafirmemos nuestras ideas, nuestra pertenencia y convicciones y más allá de diferencias y matices, pongámonos la Patria al hombre y llevémosla al jardín donde están floreciendo nuevas, hermosas y jóvenes 1000 flores.

Viva Evita.

 

[i] Por la idea de siglo XX corto véase Hobsbawn. “Historia del siglo XX”, Crítica, Buenos Aires, 2011, pág. 7-15.
[ii] Fukuyama es conocido sobre todo por haber escrito el controvertido libro “El fin de la Historia y el último hombre” de 1992, en el que defiende la teoría de que la historia humana como lucha entre ideologías ha concluido, ha dado inicio a un mundo basado en la política y economía de libre mercado. Inspirado en Hegel sostiene que la única opción viable es el liberalismo democrático, constituyendo así en el llamado pensamiento único: las ideologías ya no son necesarias y han sido sustituidas por la Economía.
[iii] Macridis Roy C. y Hulliung, Mark L. “Las ideologías políticas contemporáneas- La tradición Conservadora”. Ciencias Sociales. Alianza Editorial. Madrid. 1998.
[iv] Macridis Roy C. y Hulliung, Mark L. “Las ideologías políticas contemporáneas- La tradición Conservadora”. Ciencias Sociales. Alianza Editorial. Madrid. 1998.
[v] N. Cohn. “The pursuit og the Millenium, Revolutionary Millenarians and Mystical Anarchists of the Middle Ages”. Oxford University Press. NY. 1970.
[vi]  Vallespín, Fernando (1993): «Introducción» a Dworkin, R. Etica privada e igualitarismo político, Paidós – ICE UAB, Barcelona, pp. 9-35.
[vii] Grimson, Alejandro. “Que es el Peronismo –De Perón a los Kirchner, el movimiento que no deja de conmover la política argentina”. Siglo XXI Editores. Bs.As. 2019.
[viii] Grimson. Ibídem.
[ix] Galasso, Norberto. “Peronismo y Liberación Nacional (1945-1955)”. Ver en: www.elortiba.org.
[x] Galasso, Norberto. Ibídem
[xi] Feinmann, José Pablo. “Peronismo –filosofía política de una persistencia argentina-”. Editorial Planeta. Bs.As. pag.8
[xii] Feinmann. Ibídem. Pag.60.
[xiii] Kirchner, Néstor. 2005, durante las Cumbre de las Américas en Mar del Plata en la que se le dijo “No” al ALCA”
[xiv] Kirchner, Néstor.  (Discurso ante la ONU, septiembre de 2004).
[xv] Fernández de Kirchner, Cristina E. Discurso pronunciado en el encuentro celebrado en la cancha de Ferro en el marco del Primer Foro de Pensamiento Crítico, organizado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. Noviembre 2018.
[xvi] Aquí podes leer mi artículo sobre el tema de la verdad. https://identidadcolectiva.com.ar/la-verdad-es-tuya-chabon/
[xvii] Aquí dejo mi artículo sobre algunas identidades.  https://identidadcolectiva.com.ar/disquisiciones-sobre-doctrina-peronista-socialdemocracia-tercera-via-y-doctrina-social-de-la-iglesia/