Primeros desafíos de la presidencia de Castillo

Por Diego Gutiérrez – Analista de Política Internacional.

Ya con el resultado asegurado, el nuevo presidente Pedro Castillo, tendrá que enfrentarse a 2 problemas no menores: el poder del Congreso para destituir al titular del ejecutivo y la fragmentación legislativa resultante de la primera vuelta de las elecciones generales. El Congreso este compuesto por 130 miembros y se necesitan 87 votos para declarar la incapacidad moral del o la titular del Poder Ejecutivo. Una figura que no da muchas precisiones sobre sus requerimientos pero que ha sido el arma principal en cada una de las ultimas disputas entre dos de los principales poderes políticos del Perú. Recordemos que tanto Pedro Pablo Kuchinsky como Martín Vizcarra fueron destituidos mediante este mecanismo constitucional.

Luego de la primera vuelta el Congreso quedo con una nueva conformación, pero lo que si se repitió de las últimas elecciones legislativas fueron 2 cosas, el fin de la hegemonía del fujimorismo y la fragmentación política. En esta ocasión habrá de entrada diez bancadas, lo cual hará que el nuevo presidente no pueda imponer una ley o política en concreto por su sola voluntad. Castillo prometió una agenda de reformas muy grande y totalmente contraria a los intereses económicos del stablishment peruano, con lo cual esta conformación parlamentaria hace prácticamente imposible ese tipo de reformas. Otro reto que se le presenta a Castillo es que no cuenta con la cantidad de votos por si solo para evitar los pedidos de vacancia, el mecanismo de destitución presidencial con el que cuenta el congreso. Se necesitan 44 votos para frenar cualquier intentona destituyente y Castillo obtuvo 37 bancas mientras que la fuerza aliada a Perú Libre, Juntos por el Perú de Veronika Mendoza, obtuvo 4 bancas y con eso alcanzarían las 41, solo a 3 para bloquear cualquier intento de remoción.

 La cuestión de la gobernabilidad estará en el centro desde el primer día de gobierno. Castillo deberá nombrar un Presidente del Consejo de Ministros, órgano constitucional en el cuál junto con el presidente deberán elegir a los futuros ministros del gabinete. A los 30 días de haber asumido el presidente del Consejo tendrá que asumir con los ministros y exponer la política general del gobierno, para luego, pedir un voto de confianza de los parlamentarios. Dada la fragmentación del Congreso, y una casi segura oposición a los proyectos del nuevo gobierno, será el inicio de la conflictividad entre el ejecutivo y el parlamento. Esta cuestión de confianza la pueden solicitar los ministros para lograr el respaldo del legislativo ante un proyecto en particular. En el de que no sean aprobadas 2 cuestiones de confianza por parte de los parlamentarios, el Presidente puede ordenar la disolución del Congreso y convocar a nuevas elecciones legislativas dentro de los 4 meses siguientes. Con esta herramienta ejecutivo puede emparejar, aunque sea un poco la balanza.

Una reforma interesante propuesta y aprobada durante el breve período que gobernó Martín Vizcarra, introdujo la prohibición de la reelección inmediata de los legisladores como forma equilibrar el poder entre ambas instituciones. Podría decirse que esta reforma desalienta los intentos de aprobar mociones de censura o desaprobar cuestiones de confianza del ejecutivo o sus ministros. Y el Congreso ni lerdo ni perezoso intento casi un golpe de Estado el mismo día que el conteo de votos llego al 100% y confirmaba la victoria de Pedro Castillo. Los legisladores plantearon reformas constitucionales relacionadas con la cuestión de confianza y la vuelta de una segunda cámara, la de senadores, entre otros, pero al ser proyectos de reformas constitucionales necesitaban una mayoría calificada de 87 votos, la cual no alcanzaron.

Otra estrategia para tratar de revertir el resultado, pero esta vez de Keiko Fujimori, fue plantear el fraude electoral ante la JNE, la Justicia Nacional de Elecciones. La candidata derrotada de Fuerza Popular realizó pedidos de nulidad de actas electorales. El fujimorismo presento impugnaciones sobre 804 actas que representaban unos 200 mil votos, lo cual si prosperaba daría como resultado la victoria de Keiko. Pero una gran cantidad de estas actas fueron presentadas fuera de término. Según las leyes peruanas, el plazo legal para presentar estas impugnaciones venció el miércoles posterior a la elección a las 9 pm, pero la JNE decidió ampliar ese plazo por 48hs más. La Ley Orgánica de Elecciones 26859 sancionada en el año 1997 estipula solo 3 días de plazo sin posibilidad de prórroga, con lo cual solo 175 de esas actas entraron dentro de las impugnaciones posibles, y que si fueran todas anuladas no alcanzarían a dar vuelta el resultado. Al final la JNE decidió por 3 votos contra 1 anular la extensión del plazo para la presentación de impugnaciones.

También se quiso ejercer presión desde el contexto externo, 17 ex presidentes latino americanos, pertenecientes a partidos políticos de derecha se pronunciaron en un documento en donde instaban a que no se proclame a Castillo como el ya ganador de las elecciones, y que se esperara la definición por parte de las autoridades electorales. Algunos de los ex mandatarios firmantes fueron, Mauricio Macri, Felipe Calderón, Federico Franco, Luis Alberto Lacalle, Jamil Mahuad, Álvaro Uribe, Andrés Pastrana, Juan Carlos Wasmosy y hasta el ex presidente español José María Aznar. Esta jugada no tuvo la mayor repercusión, ya que ni siquiera la OEA tuvo reproches hacia la definición ajustada de las elecciones

A diferencia de la inestabilidad política reinante en los últimos años la economía peruana, a pesar de las dificultades que presenta se ha mostrado estable en términos macroeconómicos. Crecimiento sostenido, baja inflación y poco desempleo. Los problemas pasan por el alto porcentaje de informalidad, más de un 70%, la desigualdad en la distribución de la riqueza y los bajos salarios. La pandemia vino a agravar el desempleo, la informalidad y la pobreza, cuestiones que Castillo como prioridad cuestión en su programa político económico. El desafío entonces es como, en un escenario totalmente adverso para su futuro gobierno, comenzará a plasmar esos cambios.

El desafío no es menor, la fragilidad política con la que asume lo pone a tiro de la disputa con el Congreso o del disciplinamiento al que lo querrán someter los grupos económicos, como al que se sometió Ollanta Humala, quien había llegado con promesas de cambio y sin embargo tuvo que amoldarse a la realidad que el poder económico le impuso. Dos ejemplos claros al respecto, al confirmarse la victoria de Humala, la bolsa de valores de Lima sufrió una de las caídas más grandes de su historia al descender su índice general un 12,51%, un claro ejemplo de cómo el poder económico busca “educar” a aquellos que prometen cambios que traten de subordinar su poder al poder político y las necesidades de los que más requieren del poder del Estado. Humala también sintió el rigor de los poderes facticos del Perú cuando quiso nacionalizar en el 2013 una gran parte de los activos de la petrolera española Repsol y tuvo críticas de aquellos sectores y de los principales medios de comunicación del país. Como era de esperar, Humala desistió de su intención inicial.

En el caso de estas elecciones, el mercado reaccionó de una manera similar a la victoria del ex presidente Humala, la bolsa de valores de Lima cayó un 7% y la moneda peruana, el Sol, se devaluó un 3% frente al dólar haciendo que el Banco Central tuviera que intervenir vendiendo 230 millones de Dólares. El riesgo país subió unos 130 puntos como consecuencia de esta reacción del poder financiero peruano. La caída no fue demasiado importante, pero lo que busca es asustar, disciplinar al presidente electo para que tenga en claro desde el primer día de su gobierno cuáles serán los términos de la disputa si tiene el atrevimiento de modificar el modelo neoliberal de los últimos 30 años. Y algo de esto tuvo éxito, el mismo Castillo y uno de sus asesores económicos, Pedro Frencke, tuvieron que salir a “calmar” a los mercados. Entre los dos prometieron no tocar la tan mentada autonomía del Banco Central, el cual “ha realizado una buena labor manteniendo la inflación baja durante más de dos décadas”.

Otra de las cuestiones que Castillo tendrá que considerar para los comienzos de su gobierno es a su sector externo, la entrada de divisas en los países latinoamericanos es un activo importante, en parte, para mantener la estabilidad política. El principal sector que aporta las divisas al país es el de las exportaciones mineras, las cuales vienen aportando más del 50% de los dólares que ingresan en Perú. La balanza comercial es superavitaria debido a las exportaciones de minerales e hidrocarburos y a que los salarios bajos no impulsan demasiado las importaciones. Las reservas internacionales en el Banco Central están casi en 74 mil millones de dólares y son importantes para mantener el tipo de cambio estable aún con un leve aumento de este en estos últimos meses.

Desde hace ya varios meses asistimos a un aumento del precio de los alimentos a nivel mundial y Perú, importa una cantidad importante de estos, con lo cual presiona a una suba en los precios internos de los alimentos aumentando la inflación y la pobreza. Esto puede hacer disparar la conflictividad y las protestas de su base social, erosionando su apoyo popular. Por eso utilizar parte de las reservas para estabilizar y aún para apreciar el tipo de cambio si fuese necesario para mantener el precio de los alimentos.

Otro flanco de conflicto tiene que ver justamente con la actividad mencionábamos como la que más dólares le aporta de su sector externo, la minería y la explotación de hidrocarburos. Los conflictos con las comunidades indígenas han sido la constante en los últimos años. La Defensoría del Pueblo peruana informo en su informe sobre conflictos sociales que, a mayo de este año existen 191 conflictos sociales registrados, de los cuales la mayoría son socioambientales, el 64,9%, y los ligados a la minería son de ese porcentaje, un 64,5%. Durante la presidencia de Humala se aprobó una ley de consulta previa a los pueblos indígenas u originarios que frecuentemente es dejada de lado para los proyectos de explotación de recursos naturales en Perú. También sería importante que Castillo tenga especial cuidado con las poblaciones en donde encuentran estos proyectos, ya que también forman parte de su base de su sustentación y militancia.

Por último, la pandemia y la salud deberían estar como un tema prioritario, esta es una cuestión que no debería suscitar demasiada controversia, enfocarse en adquirir más vacunas y mejorar el sistema de salud fue una de las promesas de campaña en la que más énfasis se hizo. Comenzar su gobierno en los temas que menos controversia generan y más alivio le traen a la población puede ser un buen comienzo para ir ganando un apoyo que será clave para resistir un difícil escenario político institucional, la movilización popular. Deberá convivir durante 5 años con un congreso en el que no tendrá mayorías, y para eso es vital que pueda conseguir los apoyos necesarios a través de pactos y alianzas que no serán fáciles. Pero gobernar Perú es una tarea que en los últimos años no ha sido nada fácil y se está convirtiendo en una actividad de alto riesgo para cualquiera que lo intente.