¿Por qué no convendría quemar el Banco Central?

Por Hugo Gulman.

Como los bancos centrales de todo el mundo, el Banco Central de la República Argentina es una entidad que se encarga de ejecutar políticas monetarias, administrar las reservas de oro y divisas, ejecutar las política cambiaria, proteger los derechos de los usuarios de servicios financieros y a la defensa de la competencia y regular la cantidad de dinero y las tasas de interés y regular y orientar el crédito, entre otras funciones que se encuentran detalladas en su carta orgánica.

Según algunos especialistas, Argentina tuvo experiencias en las que si bien no lo quemó, casi lo ‘amputó o le maniató un brazo. Estos episodios los sitúan durante la etapa de la convertibilidad, en la cual “se hizo de cuenta que había una caja de convertibilidad de dólares por pesos que limitaba enormemente las posibilidades del Banco Central de efectuar políticas monetarias”, explicó el economista Juan Valerdi.

Estar a cargo de la política monetaria es guiar cuánta liquidez, es decir, dinero, hay en la calle a través de diferentes mecanismos con los que cuenta la institución, definir la tasa de interés de referencia, que es la que le paga el Banco Central a los bancos por sus operaciones mayoristas y sus colocaciones en sus distintas formas, manejar el tipo de cambio, que es otra de las prerrogativas con las operaciones que decide autorizar o no y que, obviamente, siempre deberían concretarse de manera coordinada con el gabinete económico, bajo las decisiones del poder ejecutivo.

Una de las funciones claves es el de la Superintendencia de las entidades financieras, las cuales deben cumplir con normas como “conozca a su cliente”, “denunciar movimientos sospechosos de dinero” y “situaciones crediticias”. Muchos de estos no fueron respetados durante la crisis del 2001, lo que terminó en la eclosión de los depósitos.

La limitación que logró la convertibilidad de Menem – Cavallo fue desconectar al Banco Central del Poder Ejecutivo y simular autonomía, “lo cual sería absolutamente esquizofrénico porque no podés hacer política monetaria separado de la política económica, es desquiciado aunque muchos países hace como que lo hacen, como la Reserva Federal de los EEUU, no tendría sentido”, explicó el economista.

Otro problema que se suma es que al no poder desarrollar políticas monetarias como ocurrió durante la convertibilidad, lleva a que se registre una salida importante de dólares en caso de acumular más importaciones que exportaciones. O que una fuga de capitales lleve a secar la plaza con la consiguiente iliquidez, lo que derivaría en una mayor recesión y desconfianza en el sistema financiero, lo que casi inevitablemente generaría corridas.

Además de lo enumerado, otra de las actividades del Banco Central es observar y controlar que los bancos no cometan desfalcos, que cuenten con la liquidez suficiente para atender las necesidades de retiros de dinero por parte de sus clientes, que efectivamente estén cumpliendo con las normativas regulatorias que obligan los acuerdos internacionales, como el de Basilea. Ni siquiera se podría detonar por esta política regulatoria, que responde a normas internacionales.

“No hay ninguna razón para pensar que es buena una política monetaria autodictada por un país porque si quemás el banco Central vas a hacer libre albedrío y, además, no estaría claro quién inyecta dinero y no podés evitar que alguien lo haga. Por eso, para ellos lo lógico sería ir a una dolarización, con lo cual cerrás todo el círculo de cosas negativas que tendría la decisión de quemar el Banco Central”, apuntó Valerdi.

En definitiva, es mejor persistir con el cuidado de las inspecciones ignífugas, ya que lo que quiere el diputado Milei es evitar que el Banco Central controle las cuestiones monetarias y cambiarias.