Petroleros sin petróleo

Por Julito De Vido (h).

A partir de la irrupción de la emergencia sanitaria en el Mundo y en nuestro país algunas cuestiones han tomado una dinámica hasta ahora desconocidos o poco analizadas, señalé en un artículo en este portal que durante el 2020 se observaba un inédito funcionamiento del Congreso Nacional ante un Poder Ejecutivo encargado en pleno al tratamiento de la pandemia y de la deuda, aunque también porque muchos de sus miembros no estuvieron (o no están) a la altura de circunstancias, agobio, temor, inacción, etc.

Es así como el Congreso tomo la agenda política de los principales protagonistas de la coalición situación que se mantiene hasta estos días aun del receso de verano aunque con el desgaste lógico de un año de construcción de acuerdos políticos, temas que dilatan su resolución sumando presiones de los actores involucrados y, fundamentalmente, el mal humor social de una población muy afectada hace años económicamente.

Un poco toda esta ensalada de conceptos se resume en lo sucedido con los biocombustibles, o como se comienza a leer cada vez más, los combustibles biológicos. Tuve la muy grata posibilidad de comentarles en reiteradas ocasiones como fue el surgimiento de este sector energético en la Argentina con la certeza de que fue uno de los grandes logros del kirchnerismo.

Agenda verde, agregado de valor, distribución territorial de la riqueza, desarrollo federal, generación de divisas, diversificación de la matriz productiva y energética. La industria energética de los combustibles ecológicos engloba todos estos factores positivos que tanto necesitamos en nuestro país.

Sin embargo la coyuntura, los intereses y la falta de audacia política, como la que se tuvo en 2006, atentan contra el sostenimiento del desarrollo y crecimiento de una industria en la que el mundo continua apostando a través de por ejemplo, la conversión de refinerías tradicionales en bio refinerías tanto en EE.UU. y Europa como así también en otros lugares del Mundo canalizando inversiones para las nuevas tecnologías en biocombustibles.

Aquí sin embargo pareciera que buscamos retroceder casilleros en lo que refiere a la curva de maduración de un sector joven y exitoso, la discusión hoy por hoy pasa por la redefinición de un corte (inclusión en el blending de combustibles finales) que hoy se encuentra en 12% para el bioetanol y 8,4% para el biodiesel a un, según trascendidos, a un 5% para biodiesel y 7% para bioetanol. Indirectamente esto implica en un rango variable la profundización de la primarización del agro argentino, ya que lo que no se destine a biodiesel será oriento a continuar con el progresivo aumento de la producción de aceite de soja para exportación y en bioetanol del fuerte sesgo exportador del grano de maíz y no de su conversión en proteínas animales en nuestro territorio. Realmente un desperdicio.

Llama la atención por otro parte, la ausencia de críticas hacia el sector petrolero y refinador, asiduo llorón de aportes estatales cuando el precio del crudo cae en los mercados internacionales y su reticencia a las inversiones en tecnologías que le permitan revertir el estancamiento en refinación.

Finalmente y haciendo referencia al título de esta nota, los gobernantes y representantes de la provincia de Buenos Aires deberían redefinir su postura al ser esta la provincia con la mayor producción agropecuaria, y no de hidrocarburos, del país.

Algo más que suele abrumarme, pareciera que para ciertos actores de nuestro movimiento se deja entrever que las cerealeras son malas y los petroleros son buenos, sería muy preocupante que esto fuera así, me parece que estamos frente a un problema ideológico y de convicciones muy complejo que apuntala la certeza de que la solución no es sectorial, es integral.