Peregrinas de la nada

Por Nieves Viviani.

Digo que no hay manera, hermana,
de construir fe como rémora del tiempo,
arabescos : tribunal desierto, azogue del espejo,
al aire : olas, al cuello : nudo grácil,
voltereta nubil : ¿ imitarás al ave?,
cada segundo: licor estrábico a sorbos devorado,
madeja quejumbrosa: tu vida con la mía,
fieles sólo al cuerpo, al alma, vidas,
una y otra vez agonistas solitarias, tercas,
frágiles deudoras peregrinas de la nada,
a la nada: vueltas.
Y la noche parte y juez del entrevero,
como si nadie mirara y eso es cierto,
nosotras las más ciegas, también cierto,
¿ y dónde? ¿ cuándo? ¿ cómo?
lo delicado del asunto es la insistencia,
¿el camino es uno sólo o es que son varios?
¿ cómo llegar por el desierto?
¿ también hay música o llevamos?
Para que creas que es posible estar a tiempo
en algun sitio: desmentida.
Ayer anoticiaron: la que administra el don murió de efímera.
Pero no querida hermana, nunca
nunca nadie puede: se corta o se desgarra
el velo que a la noche la música desviste,
pesa en tus ojos, y en los míos sangra.
Y otra vez como si nada y al principio nada
y de vuelta abalorios para la cuenta desbocada,
domingo soliloquio y llanto, el lunes fiebre,
sorpresiva muerte, ¿ es martes el cortejo?
El entierro seguro que es el miércoles.
Cada una murió a su tiempo, sin tiempo y a desmedro.
Luego desdén, fue buena hermana, hija , consejera.
La eternidad se nombra, es para siempre: caja.
Nadie pensó jamás: hacía preguntas,
miraba el cielo, aquí y allá:
buscaba casa.