Para que aprenda al fin

Las partes que estaban divididas, las pude unir, no pude darme cuenta antes, pero aun así creo que valió la pena.

El amor se manifestaba delante de mí y cuando solo quería huir, decidí quedarme.

Mi alma ya cantaba victoria, y es que no me caben más derrotas por qué de todo aprendí.

En el canto ya salía tu nombre y tu cara, desde antes la vida me mostraba que todo tenía su fin.

Tus ojos, que parecían un cartel de luces brillantes, en los que intenté guiarme, eran también como la tierra de un desierto, seca y rota, delante de mí las palabras sobran por qué siempre lo intuí.

El destello de sus ojos siempre ahí, eran la misma luz que había en mí. Que de esas grietas de dónde salía lo que me tocaba descubrir, eran lo roto en esos ojos, los mismos que me reflejaban a mí.

Que con cada frase armada poesía en mi creaba, sin dejarme discutir, entre lo que mi corazón sentía y mi mente decía, se originaron espinas para que aprenda al fin, que todo es parte de la vida y debo aprender a vivir.

Que la felicidad con mis manos toque, pero si no arreglo el ayer, jamás podré sentir como se siente el disfrutar, por que quizás lo que nunca intuí era la manera de entrar al frenesí que me provocaba yo misma.

Dejando así vacíos internos difícil de llenar, no me gusta mirar hacia atrás, pero solo por hoy, intentaré llegar, para saber de dónde viene aquella necedad que me traba al andar.

Por Mariana Malberti.