Pandemia y política

Por Claudio Ariel Romero. Diputado por la Ciudad de CABA.

La pandemia del COVID 19 transitó por el planeta de la mano de la política, sujetándola en algunos casos, obedeciendo a sus condiciones en otras, actuando como escudo de decisiones de gobiernos por necesidad, pero también por conveniencias del poder político.

Hasta los inicios de junio de este 2020 habían muerto 440.000 personas por Covid-19 en todo el mundo según datos oficiales; sin embargo, habría otras 130.000 personas a nivel global que no entraron en la cuenta porque hubo países que retacearon los datos, de acuerdo a una investigación de la BBC publicada el 19 de junio pasado.

Por política interna, y en resguardo de la imagen pública planetaria, escondieron muertos países desarrollados, potencias, como en el caso de Rusia que llegó al medio millón de contagios y nunca pasó de los 9.600 muertos (¿?). No es de extrañar que China haya hecho lo mismo.

Al 2 de julio la BBC News reveló que los fallecidos ya llegaban a 516.534 y los contagiados a los 10.700.000. A esa altura el flagelo se mostraba en toda su envergadura, pero también ocultaba acciones, decisiones y especulaciones, aunque la rima resulte empalagosa.

Las estrategias adoptadas para combatir la pandemia fueron muy diversas, pero, en principio, asentadas en dos criterios: o se defendía la vida de las personas con cuarentenas estrictas, o se resguardaba la economía de las naciones. Parecían confrontar la sensibilidad de los gobernantes con la frialdad de las cifras de producción y del dinero en juego por la parálisis que imponía este fenómeno. Es probable que tal dicotomía resulte finalmente falsa.

Hubo sorpresas en cuanto a las capacidades para manejar la crisis sanitaria en cada país, pero todos tenían un punto de contacto: nadie contaba con sistemas de salud lo suficientemente robustos y preparados para una pandemia. Profesionales de la salud desconocían el proceso de crecimiento del Covid, cómo se contagiaba, cuál era la magnitud de la enfermedad, en qué tiempo llevaba a las personas al deceso. Sin vacunas ni medicamentos con solvencia probada en la eficacia, sin la certeza acerca de cuáles eran las fronteras más adecuadas para frenarlo, sin la disciplina ni la cordura necesaria en los humanos atacados, se avanzó a ciegas.

Los dirigentes políticos pudieron optar por dos caminos: seguir los consejos científicos, o decidir que los muertos fuesen daños colaterales de un ataque a la economía y la productividad.

Estados Unidos y Gran Bretaña, así como Brasil, se caracterizaron por subestimar los costos de vidas y proteger las arcas nacionales. China, la primera en ser atacada por el virus, se pertrechó en el escudo del partido comunista y a fuerza de órdenes y toques de queda, controló la expansión en el menor tiempo posible. Sus muertos fueron pocos, según sus datos, en comparación con las otras potencias. Estados Unidos ocupó a principios de Julio la cabeza del ranking con 128 mil muertos, seguido de Brasil con poco más de 60 mil, Reino Unido con 43.900, Italia con 34.788, Francia con 29.800, México con 28.500, España con 28.300, India con 17.800, Irán 10.900 y Perú con 9.800, Bélgica 9.700 y Rusia con 9.600. Esta última con medio millón de contagios, razón por la cual se dudó del número de fallecidos suministrado por Vladimir Putin.

El dramatismo inicial de este ataque biológico impensado, pese a que las estadísticas fijan las pestes alrededor de los 100 años, creó un contexto de comprensión acerca de que la única herramienta válida era la medieval Cuarentena, el distanciamiento social, el aislamiento obligatorio. Sin embargo, las salidas fueron variables, y muchas obligaron a retroceder por rebrotes del Covid.

Mientras el entretenimiento diario en los medios de comunicación creó el hábito de esperar los partes diarios de muertos, contagiados y recuperados, los políticos fueron reacomodando sus intereses en los pliegues de la cuarentena, estirándola como chicle, o saliendo intempestivamente de ella. Por ejemplo, Putin en Rusia, donde hasta Julio había medio millón de contagiados y una cifra dudosa de muertos, aprovechó para convocar a un referéndum y quedarse más tiempo en la cima del poder por varios años más. En Venezuela, el negacionismo de Nicolás Maduro llegó al colmo de los colmos de la mentira citando un número de fallecidos que coloca a los venezolanos en el mejor de los mundos. No obstante, mientras él hacía de las suyas adentro del país, por afuera el otro presidente Juan Guaidó, lograba que Gran Bretaña le diera todo el oro que había enviado el revolucionario socialista Hugo Chávez a Londres para proteger su avaricia en las cajas inglesas neoliberales.

En Estados Unidos el panorama se puso complejo y Donald Trump tendrá que lidiar hasta el segundo martes de noviembre con una campaña que pensaba llevar con tranquilidad antes de la pandemia y solo afincado en los números de la economía, pero el racismo se interpuso para obstaculizar sus planes con revueltas que hace décadas no se daban. Ahora no sabe si llega a renovar.

Europa padeció la enfermedad como todo el mundo, pero sus resoluciones frente a la crisis fueron más efectivas y rápidas. Aún con Italia y España llorando más muertos que los deseados, la Unión Europea ya tenía en junio un plan de salvataje para todos sus países miembros y una idea de reagrupamiento continental pergeñado entre Ángela Merkel y Emmanuel Macron. Gran Bretaña, afuera de la Unión por el Brexit, quedó embretada en una política errática de su primer ministro Boris Jhonson que, en defensa de la libertad, terminó castigado por el coronavirus en forma personal, y con el costo de 43.900 muertos a la misma fecha.

En Asia, China sufrió, salió, y volvió a entrar en el flagelo. En el medio no se privó de poner a Hong Kong contra las cuerdas dándole continuidad a un viejo conflicto. India tuvo pérdidas de casi 20 mil personas, pero no deja de crecer en su revolución tecnológica.

América Latina fue uno de los últimos territorios adonde llegó el Covid 19, permitiendo a algunos de los gobiernos adoptar medidas para que sus sistemas de salud no explotaran. También se verificó aquí una subestimación del virus, especialmente en Brasil, y en Chile, aunque también en Argentina hubo un cierto desprecio por los efectos que causaría ya que las autoridades pensaron que era más voraz el dengue.

Lo de Brasil es inenarrable. Las actitudes y declaraciones de su presidente Jair Bolsonaro, las imágenes de miles de fosas cavadas para receptar los féretros, dejan con la boca abierta a medio continente por la muerte de más de 62 mil personas, sin que a su máximo jerarca se le mueva un pelo.

México provoca más o menos lo mismo. 30.000 muertos como si nada. La indiferencia solo se explica porque se trata de un país acostumbrado a la muerte por efecto del narcotráfico y las guerras internas por el comercio de estupefacientes. AMLO, Andrés Manuel López Obrador, da la impresión de vivir en un limbo, apenas ocupado en evitar que inmigrantes latinos lleguen a las fronteras con Estados Unidos para no incomodar a Donald Trump.

Perú con más de 10 mil muertos y Ecuador con más de 5.000 conmovieron por su imprevisión sanitaria y de seguridad frente a la crisis, por sus cadáveres en las calles, el apilamiento de cajas mortuorias de madera común, el traslado deleznable de los restos mortales de sus conciudadanos fallecidos en sus hogares sin que nadie los retirara inmediatamente.

Y por casa cómo andamos, diría el dicho popular. Argentina dio imagen de cierta inteligencia al decretar tempranamente la cuarentena, reorganizar rápidamente el sistema de salud, aumentar la cantidad de camas en todo el territorio sin saber la dimensión del fenómeno en acción. Fue prolija en el tratamiento de la comunicación, la consulta con los infectólogos, las medidas para sostener el aislamiento y la distancia social, la obligatoriedad de usar tapaboca, y cerrar actividades no esenciales al principio y en la mitad del proceso de contagios.

Hubo en territorio argentino reacciones políticas de distinta índole y gravedad porque al final del camino, ya se ve, habrá escombros de todos los colores. Se privilegió la vida por sobre otros conceptos, la salud pasó a ocupar un lugar privilegiado dentro de un sistema que -como en los demás países del mundo- no estuvo ni cerca de estar preparado para soportar una peste. Se pospuso la economía y la producción nacional, se obligó a la mayoría de las empresas (80%) a permanecer cerradas y sin actividad para cumplir la cuarentena. Las libertades civiles resultaron restringidas “por prevención”. La preocupación principal se ancló en la no utilización del transporte público para evitar los contagios. En suma, la política fue de paralización del país, particularmente en su región más activa: el AMBA, Área Metropolitana de Buenos Aires, donde viven 20 millones de personas.

Desde la política se extendió sobremanera el corset del miedo al contagio, mientras dentro de una extraña feria judicial en la que solo funcionaron algunos juzgados y tribunales para atender causas de interés para el gobierno de turno, se impulsaban juicios nuevos y amañados bajo el signo del espionaje. El interés por sobreseer a la ex presidenta y actual vicepresidenta de la nación Cristina Fernández de Kirchner no pasó desapercibido, al igual que las actitudes revanchistas con el periodismo y dirigentes de la oposición. Hubo veinte presos en un día a causa de un espionaje que no distinguió pelaje oficialista ni opositor durante el mandato presidencial de Mauricio Macri. Reaparecieron los intentos expropiatorios a los que es afecto el kirchnerismo, hubo reposicionamientos del presidente Alberto Fernández respecto de la política latinoamericana, volviendo al redil izquierdista que embelesa a la viuda de Néstor Kirchner, dejando de lado los intentos de consenso que había demostrado en un principio.

Aun en tiempos de pandemia la política no hace cuarentena, como puede verse.

Cada país tuvo su forma particular de responder frente a la avasallante epidemia de COVID 19, distintos modos de abordar la cuestión sanitaria y de planificar las normas y reglamentaciones para que el conjunto de su sociedad supiera cómo comportarse y defenderse del contagio masivo al que es propenso este virus inesperado.

Los tiempos para tomar decisiones variaron en países desarrollados o en vías de desarrollo por la capacidad del sistema sanitario de cada lugar, desparejo en relación con los niveles socioeconómicos de cada uno. Los menos dotados de un sistema de salud preventivo y completo, o los que dudaron de la eficiencia del cual disponían, se resguardaron en la famosa “cuarentena”, de origen medieval a causa de las pestes que azolaban en esa época en que la gente se resguardaba en sus casas.

La Cuarentena es vieja pero eficaz como herramienta contra la amenaza de una pandemia como la que se vive en 2020 en todo el planeta. Sin embargo, no toda la comunidad médica la tomó en cuenta cuando de repente se encontró con que la gente se moría en cuestión de seis o siete días por algo que comenzaba como una simple gripe y terminaba siendo letal. Los países desprevenidos como Italia y España padecieron sus consecuencias por subestimar al COVID 19 en un principio y evitar el aislamiento; así, desprotegida, las poblaciones italianas y españolas fueron caldo de cultivo ideal para el contagio. Tal fue la resonancia de los miles de muertos y contagiados que el alerta llegó a países de América Latina para pertrecharse antes de que la pandemia se extendiera en el continente después de recorrer la ruta de la seda y cruzar el Atlántico.

No obstante, pocos países latinoamericanos tomaron sus precauciones y decretaron la cuarentena en marzo. No lo hicieron naciones como Chile, ni México, donde la cantidad de muertos fue creciendo en modo exponencial. Argentina, Uruguay y Paraguay resultaron menos dañados, al menos hasta el mes de Julio. De Venezuela se descreen los números proporcionados por el régimen de Nicolás Maduro.

Ecuador, Brasil, Perú y Chile quedaron devastados por el número de cadáveres, pero no se escucharon lamentos de sus dirigentes acerca de no tomar medidas de distanciamiento social y uso de tapabocas. Las dirigencias de esos países quedaron entre paréntesis por la mortal imprevisión, y el espectáculo de los cuerpos muertos en la calle y los miles de féretros y tumbas cavadas con urgencia, giró alrededor del mundo dando lástima por doquier.

Que los países en vías de desarrollo llegarán al final de este trance mucho más pobres de lo que eran no sorprende. Sí genera estupor una nación como los Estados Unidos cuyo presidente eligió que la muerte recorriera los caminos que necesitaba a cambio de que la economía, que en el arranque dejó 40 millones de personas sin trabajo, mantuviera su aparato productivo activo y listo para ponerse en marcha mucho antes que los demás. Brasil siguió sus pasos por compartir el desprecio por la vida. Los costos políticos de esa decisión se verán en las próximas elecciones.

El Reino Unido de Gran Bretaña optó por el mismo camino que Donald Trump, hasta que su primer ministro Boris Jhonson pescó el coronavirus y terminó aislado una semana, igual que su mujer embarazada. Castigo a la omnipotencia.

El artículo expone diferentes formas de politización de la pandemia que el mundo sufre. Millones de contagiados y miles de muertos son indiferentes a un grupo de gobiernos y trasnacionales que priorizan la economía y la comercialización, ante el sufrimiento por el padecimiento de la COVID-19 de una gran parte de los pueblos del mundo.

Indiferencia de los gobiernos por los muertos. Salvan la economía

Otros se aferran en su estrategia para salvar vidas. Las economías se van a la mierda. 

En pleno siglo XXI cuando se encuentra en esplendor la cuarta revolución industrial, donde la ciencia y la técnica han rebasado límites impensables, surge una pandemia, que ha paralizado hasta a los países más desarrollados. A cinco meses aún el mundo no ha sido capaz de manejar con eficiencia la emergencia sanitaria desatada por el nuevo coronavirus.

Los gobiernos fueron sorprendidos, las trasnacionales han girado hacia el Estado para que les resuelva los problemas y han tenido que acatar con dolencia las exigencias de parar los procesos económicos mercantiles, ocasionándoles pérdidas que ni una crisis habitual podría crearles.

A pesar del intenso trabajo que ha desplegado la Organización Mundial de la Salud (OMS), por lograr unidad en la diversidad, independientemente de sistema social, religión, niveles de desarrollo; en la mayoría de los casos, muchas naciones han sido cegadas por el egoísmo y su nacionalismo atroz, hasta con sus propios habitantes.

Muchos de los países menos desarrollados están luchando con lo que pueden, algunos se han unido, otros como símbolo de solidaridad han estado en los lugares más candentes de la pandemia, y otros han sido víctima de la irresponsabilidad y los propios intereses de sus gobernantes.

La politización de la pandemia se ha extendido como una práctica cotidiana: elecciones manipuladas por intereses partidistas en medio de las condiciones pésimas de salud, sanciones injustas, prepotentes y oportunistas de unos gobiernos contra otros, políticas internas semejantes a la teoría demográfica del Malthusianismo [1], amenazas de agresiones, desarrollo de conflictos, teorías de la conspiración respecto al origen de la pandemia.

En fin, la COVID-19 se ha politizado a favor o en contra, gran parte de los países, fundamentalmente los más poderosos, consideraban la misma como un fenómeno trivial, fácil de resolver. Sin embargo, se puso de manifiesto la importancia de un sistema de salud acorde con un sistema social que priorice la vida humana y no el encarnizado mercado que discrimina y privatiza la vida.

El llamado de la Organización de las Naciones Unidas

Tempranamente cuando la COVID-19 se convertía en pandemia la Organización de las Naciones Unidas se dirigió a todos los gobiernos del mundo con el siguiente llamado:

“Responsabilidad compartida, solidaridad global: una respuesta a los impactos socioeconómicos de la COVID-19” [2]

En este documento la organización global realiza una llamada a la acción de todos los actores necesarios para frenar la transmisión del virus y poner fin a la pandemia, así como para abordar las muchas dimensiones sociales y económicas derivadas de esta crisis.

Principales ideas del informe:

Es necesario reforzar la responsabilidad de los sistemas de salud para frenar la expansión del virus

Necesidad de reforzar el movimiento de los recursos humanos y materiales críticos para hacer frente a la pandemia.

Presta especial atención a las nuevas restricciones que cada país le da a los movimientos nacionales e internacionales de personas y bienes críticos, así como a las indicaciones que deben darse por los organismos de salud para evitar el contagio y tomar con seriedad los mismos.

Pide con urgencia la coordinación y promoción internacional de la fabricación y distribución de equipos médicos esenciales, como desinfectantes y productos de higienización, máscaras y respiradores, más allá de la cooperación en materia de vacunas y terapéutica.

Es la hora de no dejar a nadie atrás.

Los países en vías de desarrollo, por sí solos no pueden enfrentarse a esta pandemia, por lo tanto, la responsabilidad fundamental está en aquellos que pueden cooperar por su desarrollo. La propagación del virus a esos países debilitará aún más un panorama macroeconómico ya frágil, en el que la acumulación de la deuda ha superado el crecimiento de los ingresos incluso antes de la crisis. Además, en algunos de esos países es difícil aplicar las normas de higiene y saneamiento necesarias y las medidas de distanciamiento social. El informe de la ONU declara la importancia de mantener la financiación humanitaria para garantizar que la asistencia humanitaria siga llegando a los 100 millones de personas más necesitadas en el mundo. Como dice el lema de la Agenda 2030, “no podemos dejar a nadie atrás”.

Llamamiento a una respuesta coordinada a todos los niveles

En el informe se señalan las medidas concretas que se necesitan a diferentes niveles de desarrollo y organizativo: los organismos multilaterales internacionales y regionales, las instituciones financieras y los grupos de dirigentes como el G-20, los cuales poseen infraestructuras que se pueden activar de forma coordinada y coordinada.

Se hace hincapié también en las medidas fiscales, monetarias, económicas que posibiliten trabajar de conjunto, considerando el desarrollo y el contexto geográfico y coordinación con los gobiernos que más lo necesiten, considerando además las medidas que por estos ya fueron tomadas.

  1. Medidas urgentes para asegurar la supervivencia de las empresas, en especial de pymes y autónomos

El informe también ahonda en los efectos económicos y empresariales provocados por la pandemia de la COVID-19. En concreto detalla que, según las estimaciones de la OIT, se podrían perder entre 5 y 25 millones de puestos de trabajo y ver pérdidas en los ingresos laborales del orden de 860.000 millones de dólares a 3,4 billones de dólares.

Las pequeñas y medianas empresas, los trabajadores autónomos y los colectivos que se sitúan en o cerca del umbral de la pobreza serán los más afectados.

Para hacer frente a esta situación, propone seguir las siguientes recomendaciones:

Aumentar el apoyo financiero para el sector empresarial: En este aspecto, el informe alienta a la colaboración con el sector financiero en el desvío de activos para el desarrollo de soluciones y en la ayuda a la recuperación sanitaria y económica mediante inversiones sostenibles. Para favorecer el diálogo con estos actores propone aprovechar la Alianza Mundial de Inversores en pro del Desarrollo Sostenible, destinada a apoyar a los países a movilizar recursos financieros y técnicos para la respuesta a la crisis y la recuperación. Asimismo, se hace alusión al Grupo de Alto Nivel sobre Cooperación Digital y el Equipo de Tareas sobre la financiación digital para el desarrollo sostenible como organismos idóneos para la búsqueda de soluciones creativas para la supervivencia de las empresas.

Creación de plataformas de acción conjunta: la ONU aboga también por la confección de Grupo de Trabajo especial COVID-19 en el que las empresas puedan trabajar unidas en una respuesta regional al brote.

Impulsar medidas de estímulo innovadoras y coordinadas para todo el sector privado: La aplicación de un conjunto de medidas de estímulo centrado en el ser humano, innovadoras y coordinadas, es otra de las peticiones del informe. En él se concreta que el estímulo deberá canalizarse no sólo al sector empresarial y a las empresas líderes, sino también a los trabajadores y las PYMES de todo el mundo que sostienen la economía mundial. No basta con proteger a las grandes empresas: es necesario proteger a sus proveedores y a la demanda mundial de los consumidores -los ingresos de los hogares- que hará que la economía mundial vuelva a cobrar vida. Estos deben complementarse con medidas de política monetaria y financiera coordinadas.

5.Recomendaciones para la actuación de las empresas en la lucha contra la COVID-19

Muchas instituciones están dando respuesta en la lucha contra esta pandemia, entre ellas las científicas, las de salud, la farmacéutica, la agroalimentaria, pero esto no es suficiente pues de lo que se trata no es solamente para el propio país sino buscar una alianza mundial que posibilite la interacción entre los países, ante esta situación, las Naciones Unidas hace un llamamiento a todas las empresas y corporaciones para que adopten tres medidas principales:

Cumplir con las directrices de salud y seguridad y proporcionar amortiguadores económicos a los trabajadores, incluso garantizando la seguridad de los trabajadores y el distanciamiento social y los salarios seguros para los que trabajan desde casa.

Proporcionar apoyo financiero y técnico a los gobiernos mediante la contribución al Fondo de Respuesta Solidaria COVID-19.

Reorientar sus instalaciones y planes de negocio para centrarse en la satisfacción de las necesidades de esta crisis. Algunos han comenzado a hacerlo; necesitamos muchos más para seguir en la misma línea.

¿Qué ha sucedido realmente?

El nuevo coronavirus ha creado diferentes manifestaciones de comportamiento en los países a nivel global:

Algunos responsabilizan a la OMS de no cumplir con sus obligaciones.

Desarrollo de conflictos externos para no llamar la atención hacia el interior del país que lo provoca.

Aprovechar las elecciones para desarrollar campañas de diferentes tipos de descréditos dentro de los partidos.

Acusar a la República Popular China de ser la culpable del coronavirus.

Aumentar las sanciones hacia otros países.

Descredito a la cooperación médica en el mundo (Ejemplo de descrédito a la cooperación médica cubana, china, rusa.).

Oposición a las medidas de confinamiento y aislamiento social, infiriendo que estas medidas van en contra de las libertades personales.

Intentos de lograr cooperación entre algunos países menos desarrollados.

Cooperación directa de China con otros países del mundo y en coordinación con otros ayudar a los más vulnerables en los sistemas de salud pública.

Algunos países se han enfrentado a la Organización Mundial de la salud (OMS) o la Organización Panamericana de la Salud (OPS), al extremo de retirarse de la primera y amenazar la segunda, este es el caso específico de los Estados Unidos de América (EUA)

Por su parte, el director de la OMS Tedros Adhanom Ghebreyesus ha pedido a Estados Unidos y a China que trabajen juntos, que no cruzaran acusaciones. Le advirtió también a EUA que no señalara a la OMS como culpable y les pidió a los líderes mundiales no politizar la pandemia, cuestión que puede ocasionar un número mayor de muertes.

El director de la OMS declaró: “El enfoque de todos los partidos políticos debería ser salvar a su gente. Por favor, no politicen este virus”. Y enfatizó su pedido con una advertencia gráfica: “Si quieren tener más bolsas de cadáveres, entonces háganlo. Si no, entonces absténganse de politizarlo. Cuando hay grietas a nivel nacional y global, es cuando el virus tiene éxito. No deberíamos perder el tiempo señalando con el dedo”, dijo Tedros en una conferencia virtual en Ginebra, Suiza. Y agregó: “Es como jugar con fuego”. [3]

Las justificaciones del Presidente norteamericano para tomar distancia de estas organizaciones han sido que EUA aporta más que el gigante asiático a las mismas y que las organizaciones le presta a China mejor atención.

Las sanciones de EUA y sus lacayos contra otros países aumentan. Irán, China, Corea   del Norte, Rusia, Venezuela, Cuba, Palestina y otros, son algunos ejemplos. Sin embargo, la solidaridad que se ha ido creando en el mundo repudia las manifestaciones de mantener dichas sanciones. Rusia por ejemplo propuso al gobierno de Irán la creación de corredores humanitarios, es decir corredores verdes, libres de guerras comerciales y sanciones, enviando medicamentos, alimentos, equipamientos, tecnologías para sopesar los efectos provocados por la pandemia, que causa mayores daños al país bloqueado.

En el contexto de la actual pandemia, nuevas amenazas recaen sobre Cuba y el mundo en relación a la cooperación médica desarrollada. Un grupo de senadores republicanos en Estados Unidos presentaron este 17 de junio un proyecto de ley para castigar a los países que contraten misiones médicas de Cuba al considerarlos cómplices de la trata de personas. Al frente de las acusaciones se encuentra el secretario de Estado de los Estados Unidos, Mike Pompeo, quien describió el despliegue de médicos cubanos en países desde Venezuela hasta Brasil y Ecuador como una interferencia siniestra en sus asuntos, y felicitó a los países, como Bolivia, que los han expulsado. Pompeo ha sido respaldado por otros altos funcionarios y agencias estadounidenses, incluido el subsecretario de Estado Michael Kozak, quien también se ha aferrado a los recientes reclamos sobre las condiciones de trabajo de los médicos.

En este difícil escenario de la pandemia de la Coovid-19 Cuba mantiene su convicción y compromiso de solidaridad con el mundo, incluido Estados Unidos, a pesar de los obstáculos que enfrenta en el mundo y en el propio país debido a los efectos del bloqueo económico y comercial, que no solo impide la entrada de un cargamento de ayuda procedente de China a través de la empresa Alibaba, sino la negociación con otras empresas para adquirir material necesario para enfrentar la crisis y por tanto hace que este tipo de negociaciones sean desgastantes para la parte cubana.

A pesar de eso, al igual que en otras ocasiones, La Habana brindó desde el inicio su apoyo a Washington en medio de la actual crisis sanitaria, así como a auxiliado a muchos otros países, entre las que se destaca el auxilio a los pasajeros del crucero británico MS Braemer que atracara en costas cubanas a pesar de tener al menos cinco casos confirmados de coronavirus a bordo y otros 52 pasajeros que presentaban síntomas. El barco, con más de 600 pasajeros principalmente británicos, había solicitado ayuda tanto de Cuba como de los Estados Unidos, anclado en el Caribe durante los últimos cinco días, buscando frenéticamente un lugar para atracar. Este hecho fue otro de los tantos que ha sido manipulado para deslegitimar la imagen de Cuba ante el mundo.

Otro fenómeno de manipulación lo constituye el empleo de las medidas de excepción y las llamadas cuarentenas. Estas son catalogadas como un control que desarrolla el Estado para poder mantener su vigilancia hacia los ciudadanos. Por supuesto la crítica va fundamentalmente orientada hacia los países socialistas o progresistas que esencialmente EUA tilda de totalitarios y autoritarios y donde la falta de democracia es un síntoma de ese control.

Este comportamiento de algunos países que están en contra de los aislamientos sociales busca crear descontentos políticos y colocar los problemas económicos y comerciales por encima de la atención al ser humano y la preservación de la vida. Esto tiene estrecha relación con los procesos eleccionarios que se desarrollaran en este 2020.

Elecciones 2020

Como se puede apreciar hay diferentes tipos de elecciones, por lo que también existen diferentes intereses políticos. Algunos países han desarrollado las elecciones otros las han pospuesto, ha dependido de las afectaciones provocadas por la pandemia y de los intereses de las fuerzas políticas.

Situación actual

Bolivia fue uno de los países que pospuso las elecciones justificando la acción de la pandemia en el país. Dos han sido los motivos fundamentales de la postergación de las elecciones generales en Bolivia: el primero debido a la pandemia y el segundo por el interés de las oligarquías políticas y económicas nacionales, para que diera tiempo a desmontar la arquitectura revolucionaria que se creó y desmantelar todo el progreso que se alcanzó en el gobierno de Evo Morales y así poder fortalecer la candidatura de la derecha.

La especialista del Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI), de Cuba Orietta Hernández Bermúdez, en uno de sus trabajos más recientes, plantea:

“A estas horas podemos asegurar que la cuarentena ha devenido en una gran estafa al pueblo boliviano. Los hechos demuestran que se convirtió en el escenario perfecto para dar vía libre a la corrupción. Mientras las fuerzas militares y policiales por mandato del gobierno reprimen a los que por necesidad y hambre protestan por la cuarentena, las autoridades no utilizan eficientemente el tiempo y los recursos para combatir la pandemia, dejando al pueblo en la disyuntiva de morir de hambre o de coronavirus”. [4]

La investigadora detalla en su artículo uno de los ejemplos de corrupción, la compra de los respiradores, donde 3 millones de dólares aun, según los que dirigen ese país, no saben dónde están; entre ellos mismos se tapan sus errores. Hernández Bermúdez señala más adelante: “Este tema de los respiradores no es más que la punta del iceberg de la profunda crisis política, social, sanitaria, económica que vive Bolivia. En los próximos días otros escándalos saldrán a la luz, e impensables maniobras de distracción aparecerán, para evitar se descubra a los verdaderos culpables”. [5]Así están las cosas, lo más importante para la autoproclamada es el dinero que puede desfalcar junto con su camarilla, no los contagios y las muertes por la COVID-19.

Jair Messias Bolsonaro presidente de Brasil sigue sin poder controlar la crisis institucional y el deterioro de la democracia. Algo muy interesante se destaca en este país: mientras las bandas ligadas al delito disponen el toque de queda y la cuarentena, las milicias próximas al gobierno llaman a seguir la vida «normal» y romper el distanciamiento social.

Todo esto ha tenido el efecto de aislar al presidente de sectores de las clases medias urbanas y de los grandes medios de comunicación que lo apoyaron en su supuesto combate contra la corrupción.

Los EUA no se quedan detrás en la politización de esta pandemia según el  gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo lo que quiere el Partido Republicano, al que pertenece el presidente Donald Trump, es financiar los hoteles, los restaurantes, las líneas aéreas, las grandes empresas y las empresas públicas, y no a la policía, los enfermeros, los bomberos, los maestros o los servicios sociales, que son pagados por los estados, pero que debido a la crisis del coronavirus han sufrido un gran aumento de sus déficit presupuestarios.[6]

En las últimas semanas la realidad de decenas de miles de muertos y más de 2 millones de contagiados, más la correlación de fuerzas con los gobernadores, parece haber mitigado el negacionismo trumpista, a pesar del apoyo explícito y persistente del presidente a los grupos «libertarios» que, exhibiendo armamento pesado, reclaman a cada semana por su «derecho a trabajar», obstruyendo las disposiciones sanitarias.

El centro de estudios estadounidense Carnegie publicó un informe en el que asegura que en Estados Unidos y otros muchos países, la crisis del coronavirus ha agravado la polarización política existente. Según este think tank, el presidente Trump «ha creado su narrativa sobre el coronavirus en torno a sus objetivos partidistas favoritos», desde los medios de comunicación hasta China, pasando por los expertos y los científicos. [7]

En Rusia se presenta este año una votación también poco usual pero que responde no solo a problemas de índole político y económico sino también de seguridad nacional. El referéndum sobres las enmiendas a la constitución previsto para el 22 de abril, daba la posibilidad de cambios constitucionales que le permitieran a Putin presentarse a las elecciones de 2024, pero debido a la complicación del país con la COVID-19 hubo que postergarla. Este escenario se ha complejizado y de una forma u otra se ha manipulado políticamente en torno a las medidas de distanciamiento social.

Nadie podría imaginar cuanto influenciaría en la política el nuevo coronavirus. El estado que en muchos lugares no tenía el poder de otros tiempos, regresó a resolver y salvar el poder de las trasnacionales y quizás frenar en el tiempo el despliegue del neoliberalismo.

Las relaciones nacionales e internacionales se salieron de su curso y dinámica ordinaria y comienzan a encausarse. Después de la inercia, la sociedad civil como otros organismos influyentes se giró hacia las Estados. La actividad política mundial se frenó, organizaciones como la ONU, la OTAN, la Unión Europea la Unión Africana y la Liga Árabe, buscaron otras vías para poder funcionar.

Conclusiones

La politización del nuevo coronavirus es un fenómeno nuevo dentro de la crisis general y estructural del capitalismo: grandes potencias sufrieron el embate de una crisis con otra cara, que conllevó a multiplicar geométricamente el fenómeno crítico de las economías basadas fundamentalmente en el neoliberalismo.

La COVID-19 está señalando que las políticas internas y externas de la mayoría de los países del orbe para enfrentar una pandemia de este tipo son erradas. La vida ha venido demostrando que no se trata de tener una salud pública poderosa técnicamente, con capital humano desarrollado solamente, lo importante es tenerla organizada, que sea ante todo preventiva, profiláctica y libre de utilizar por todos los ciudadanos como un derecho universal.

Aprovechar la pandemia para politizar los intereses partidistas dentro y fuera de los países, es un oportunismo y una actuación inhumana ante una pandemia que puede todavía realizar mucho daño por la letalidad de su comportamiento.

A pesar de los llamados de la ONU y la OMS sobre la imprescindible unidad de acción todavía hay gobiernos que subvaloran los análisis que los científicos realizan sistemáticamente por estos días. El nacionalismo, la prepotencia y el comportamiento irresponsable en el combate contra la COVID-19, devienen en sufrimiento para los más desprotegidos.

Hay gobiernos aun responsables, que tienden la mano, ayudan sin diferencias de clase, políticas, color de la piel, tipo de etnia y fe religiosa que profesan. Este es el comportamiento hacia el presente y futuro que nos está enseñando esta pandemia. Los pueblos están entendiendo cuanto hay todavía que defender y los políticos que aprender. Esperemos que en la postpandemia un mundo mejor sea posible.