Pandemia, prioridades y deuda externa

Por Juan Valerdi.

El Gobierno Argentino ha impuesto una estricta y masiva cuarentena para salvar a la población del colapso del sistema sanitario por un contagio masivo y veloz del coronavirus, al mismo tiempo trata de salvar a muchos argentinos de clase media de caer en la pobreza y a otros que ya estaban ahí, de empeorar ese estado y finalmente, también trata de salvar a las empresas de la quiebra y los despidos masivos. Todo esto se hace en momentos en que la recaudación de impuestos se hace pedazos a todo nivel, lo que no solo complica las ya deficitarias cuentas públicas nacionales, sino que además obliga al gobierno nacional a enviarles dinero a las provincias/municipios para que puedan pagar sueldos y hacer frente a los gastos indispensables asociados a la pandemia y a mantener a la población sobre el nivel mínimo de supervivencia. Mientras tanto van llegando vencimientos de la deuda que Mauricio nos supo legar en su corto experimento de «gobierno” de CEOs y hay que decidir si pagarlos o no.

Esta decisión es complicada porque pagar quita recursos vitales para una situación económico social «de terapia intensiva» y un futuro donde la recuperación tardará años, en las visiones más optimistas, pero según mi opinión la decisión de seguir pagando es más grave aún como señal de prioridades en la urgencia. Por eso esta semana el gobierno ha presentado una propuesta de renegociación de la deuda externa con los acreedores privados, porque necesita dar una señal de que su prioridad es el bienestar de los argentinos y la reactivación económica indispensable para ello. Sin embargo, la propuesta posterga tan solo por tres años los pagos de capital e intereses y en un contexto internacional de absoluta incertidumbre inicia su negociación con una quita de máximo cinco por ciento del capital adeudado y una quita máxima del 60% de los intereses aproximadamente. Algo debe haber pasado entre las declaraciones el presidente que el 23 de marzo declaró que «argentina no le puede pagar al FMI un peso por los próximos 5 años», el mismo FMI que dijo además que «la deuda argentina es insostenible y que los acreedores privados deberán hacer frente a una importante quita en la renegociación». Declaraciones oficiales del FMI que además ocurrieron a mediados de febrero de este año cuando los efectos de la cuarentena y la crisis económico/financiera mundial aún no complicaban mucho más las posibilidades de pago de argentina y cuando aún se tenían esperanzas de generar dólares sacándole petróleo a las piedras en vaca muerta, con un barril de casi 60 dólares, que se convirtieron en desesperanza con la crisis petrolera que llevó el valor del barril a menos de la mitad y mata a la vaca o al menos la pone en el freezer por un buen rato, hasta que la descongele alguna guerra en medio oriente impulsada por USA, tal vez.

Entonces, ¿cómo es que llegamos a tener una oferta que parece ser la de un “país generoso”? ¿Cómo puede ser que se haga una propuesta de empezar a pagar dentro de tres años cuando aún no sabemos la profundidad del daño que va a causar la pandemia y la cuarentena a la ya golpeada economía y sociedad argentina? ¿Cómo llegamos a esa situación después de muy razonables planteos de no pago por cinco años y de cuestionamientos a una deuda floja de papeles y de violaciones a la carta orgánica del FMI cuando le hicieron el aporte de campaña más grande de la historia a Macri?

La única respuesta que se me ocurre, si quiero seguir pensando que este gobierno tiene como prioridad al bienestar de los argentinos, es que la propuesta es para ganar tiempo y que no se espera que sea aceptada e ir entonces a un default con la pelota del lado de los acreedores y una oferta por demás generosa sobre la mesa. Los medios masivos y mercenarios de (in)comunicación van a decir obviamente que la propuesta es mezquina y abusiva, no sólo por los auspicios de muchos acreedores extranjeros sino porque mucha de la fuga de capitales que llevó a la argentina a esta situación fue realizada en las últimas décadas por, entre otros, los dueños de esos medios de (in)comunicación y sus columnistas o socios. Sin embargo los precios de los bonos argentinos que estaban a valor de default (porque desde enero de 2018 estamos de hecho en esa situación aunque se lo quiera maquillar con «reperfilamientos»)  subieron al día siguiente del anuncio de la oferta generosa, y si le creemos a estos medios debemos recordar que ellos siempre confían en los sabios y siempre acertados mercados, así que evidentemente la oferta fue mucho mayor a la que tenían pensado recibir quienes juegan en la timba de bonos que es parte del desquicio que llevó al mundo a este estado, parte mucho más relevante que el coronavirus.

Por eso espero que si esa es la apuesta que está haciendo el gobierno le salga bien, gane tiempo y vayamos a un default «culpa de los acreedores» y que por supuesto no se pague ningún vencimiento más de deuda por varios años, en especial los que son inminentes e implican miles de millones de dólares pero más importante aún, lo que haga con esos vencimientos dará señales contundentes de cuál es la prioridad para este gobierno en momentos en que la crisis local, regional e internacional registra pocos antecedentes en el último siglo.