Pan para hoy… hambre para mañana

Por Maximiliano Rusconi.

Hace unos días mi madre hubiera cumplido 73 años.

La extraño mucho.

No me sorprende que la extrañe pero sí que su ausencia en el inicio de mi vejez, me ha golpeado más que la ida de mi padre cuando yo sólo tenía 23 años y mi vida era todo incertidumbre y angustia (no todas las incertidumbres son iguales).

Mi gran amiga y admirada Mónica Pinto, siendo Decana de la Facultad de Derecho, un día me sacó de la clase que estaba dando (para saludarme por el fallecimiento de mi Madre) y, cuando le expliqué esa sensación, me iluminó: “no te olvides que la sensación de ser huérfano, a cualquier edad, se siente cuando se va el último”.

¿Por qué recuerdo a mi Madre?: por una frase que hoy funcionó de inspiración para escribir esta nota.

Cuando yo tenía un problema personal o alguien tenía un problema en la familia, y ello era motivo de conversación entre nosotros dos, mi carácter forjado con materiales de un optimismo práctico casi irracional me impulsaba a soluciones tan mágicas como, a la larga, intrascendentes.

Mi madre, una mujer grande (en todo sentido), de alma generosa y tosudez vasco francesa, de enorme sabiduría intuitiva, no encontraba ningún reparo en advertirme: “pero, Maxi, eso es pan para hoy y hambre para mañana”.

La frase siempre me sonó tan elocuente como a veces paralizante, pero describía con claridad que hay momentos en la vida que estamos obligados a dar pasos firmes, a pensar en el futuro, a dejar huella.

Esa necesidad se nos aparece como evidente en determinadas ocasiones.

En verdad, se nos presenta la vocación de re-escribir la historia cuando ni por asomo aceptamos ser contemporáneos de una época que nos indigna.

Creo que eso nos sucede hoy con la actualidad cultural del respeto al Estado de derecho en nuestro país.

Señor lector, ¿usted está preparado para que su nieto lo interpele en 20 años y la pregunte qué hizo o dijo mientras el Presidente de la República se quejaba de un fallo de la Cámara afirmando que “eso no era lo acordado”?

¿Nos sentimos bien cuando escuchamos que el Presidente de la Corte Suprema, ¡nada menos!, confiesa que ha participado en el armado de un Tribunal que debía juzgar un caso particular? ¿No me cree?. Perdón pero tengo que recordárselo porque sino no puedo seguir este aporte.

El Dr. Ricardo Lorenzetti, en la apertura del año judicial 2018, afirmó lo siguiente:

“..Podríamos mencionar la tragedia del tribunal. Yo recuerdo, y nosotros recibimos muchos —como todos ustedes— reclamos de los ciudadanos y tratamos de recibirlos, escucharlos, porque se siente bien la gente cuando uno la recibe y trata de mostrar que hay humanidad en las instituciones. Escucharlos. La causa de Once, del accidente de Once, fue una de las más rápidas en los últimos años en la Justicia argentina. Y, sin embargo, cuando yo recibí y nos reunimos con María Luján Rey, a quien conocemos y que ha vivido esta tragedia de una manera especial, nos pusimos a ver su problema, que era el de la tragedia pero además el de constituir un tribunal oral. Y tuvimos que hablar con otros jueces aquí presentes para ver cómo hacíamos para armar un tribunal oral que lleve adelante ese juicio. Entonces la tragedia es doble..”, por si faltara claridad, el Sr. Presidente de la Corte no se privó de cerrar con la siguiente frase:

“María Elena Walsh decía “quítate la venda y mira”, refiriéndose a la Justicia”.

¿Usted señor está de acuerdo con que se haya escuchado las conversaciones de un individuo que es inocente, lo han encarcelado injustamente, desprovisto de su entorno familiar, antes del juicio y comparte sus angustias con un amigo?

¿Le parece bien que en unos días lo único que recordaremos es que se banalizó a ese desastre calificándolo, por ejemplo, como “operativo puf puf?

¿Y que opina de que se copie la información del teléfono de su abogado cuando lo visita?

¡Señor!, no importa que no sea abogado o jurista, como ciudadano le pregunto, ¿qué opina de que Jueces, periodistas y agentes de inteligencia hayan formado un equipo clandestino de armado de causas judiciales fraudulentas?

¿Podemos aceptar que la decisión sobre la libertad de unos y otros dependa de los caprichos ilícitos de algunos jueces –de mayor o menos envergadura remunerativa-?

A los jueces que consideramos “no tan malos”, ¿podemos aceptarles la excusa de que estaban muy presionados? ¿alguien los obligó a ser jueces? ¿o pelearon a brazo partido para llegar a esos lugares que consideran de poder? ¿o nos olvidaremos que muchos de ellos afirmaban que iban a esos lugares a cambiar los paradigmas? ¿Por qué los ciudadanos de a pie no podemos exigirles valentía?

Si a nuestros hermanos más vulnerables les exigimos que soporten hambre, frío, sed, calor, humedad, ausencia de vestimenta, zapatos viejos, violencia permanente, estigmatización social, porque no podemos exigirles a los elegantes señores jueces independencia, objetividad, honestidad, valentía, autonomía de criterio. ¿Por qué?

¿Qué pensamos de que en los casos más importantes de nuestro país, los peritos han sido presionados por el juez federal para decir disparates? ¿Nos parece bien que el estado, en el marco de una tragedia, salga con desesperación a captar la voluntad de los familiares de alguna víctima para primero conducir sus dichos y luego utilizarlos políticamente? ¿Qué en ese caso la responsabilidad es sólo del Gobierno?: permítame disentir.

La tristeza infinita de una pérdida de un familiar no transforma la mentira en verdad, ni la inocencia en culpabilidad. La primer regla que debemos aprender luego de una tragedia es que la verdad no tiene una obligación terapeútica.

Señor vecino, ¿le parece normal que en un país que pretende respetar el estado de derecho, quienes tienen la responsabilidad de la función judicial sean elegidos a través de la aplicación de criterios absolutamente inentendibles? ¿La parece bien que el nivel de actividad de jueces y fiscales federales dependa de cuanto en juego hay desde el punto de vista político?

Le voy a contar algo, pero en secreto, no se lo diga a nadie. Una de las investigaciones que encargaré a alguno de mis asistentes en la cátedra remite a un relevamiento de las razones por las cuáles jueces y fiscales solicitan, envían, juntan o separan los casos bajo análisis. Lo que llamamos en nuestra “ciencia” supuestos de conexidad. Estoy seguro que cuando lo divulguemos tendremos más éxito que la serie Mafalda del admirado Quino.

No es que no exista un parámetro lógico y permanente, éste es el interés político o económico, lo que transforma todo en una comedia es el intento de los jueces y fiscales de presentar esos argumentos como si fueran jurídicos.

Todo esto demuestra que la reforma judicial en materia penal debe estar montada en un plan tan ambicioso como profundo, tan multidimensional como ágil, tan sincero como valiente.

Estoy hablando de capacitación, selección de funcionarios, modelos de organización, sistemas de transparencia, modelos de control interno, auditorías de gestión, respeto a los derechos humanos, humanidad de las penas.

Alguien dijo que a nivel personal o familiar, lo único que vale la pena dejar de herencia es la experiencia y es lo único que no se puede heredar.

Yo creo que a nivel institucional el primer deber que tenemos respecto de las generaciones futuras es fortalecer cada vez más el estado de derecho. El futuro tiene el derecho de formular ese reclamo.