Palimpsesto

Por Liliana Etlis.

El reloj marcaba las tres de la mañana. El sueño no llegaba, pero sí las palabras en mente disfrazadas, como si se adelantara la apertura de un pre- carnaval interno, como máscaras comenzando a desenmascararse. Aquella reflexión que sostenía su cuerpo “ el recordar es sentipensar el porvenir”, acompañaba la tibieza.

No quería mirar ni hacia arriba ni a los costados, deseaba encontrar la forma de curar esos pólipos en las cuerdas vocales que le impedían cantar en la plaza.

Las marcas de su historia, conservaban las huellas de otra escritura anterior en sus ideas, con letras suspendidas en la garganta. Un problema descifrar lo nuevo y lo antiguo, lo que se borraba superficialmente y lo que existía en ese momento de padecimiento.

El manuscrito en su memoria, estaba ubicado en las cuerdas vocales, ellas traducían en una época, palabras para comprender lo antiguo y lo nuevo, como si tuviesen vida propia.

Acudió a especialistas que ayudaran a separar esa escritura previa que convivía en la misma superficie lo inédito, lo desconocido, un espacio y tiempo que complejizaba la sucesión y la simultaneidad de lo que sentipensaba.

Consultó con homeópatas, alópatas que medicaban para ayudar a mejorar el dolor, acupunturistas, utilizó recursos artísticos, aceite de cannabis, gárgaras de bicarbonato, miel y canela en agua tibia, pero solo calmaban vagamente el malestar.

Un oscuro anochecer y subiendo por el ascensor, se encontró con su vecina a quien le decían la filósofa bruja de la vida quien amaba lo viviente, quién aconsejó aprender a internalizar la palabra “basta”. Argumentaba que se había formado en su garganta un nudo muy complejo formado por desilusiones y carencias.

Fue probando momentos donde comenzó a utilizar acomodando letras en un nuevo alfabeto, para que otro canto naciera desde un lugar íntimo y profundo.

Pasado un tiempo, cuando se acostaba por las noches, no usaba ya relojes ni de aleaciones ni de vidrio de cristal endurecido ni de plástico, tenía un reloj que indicaba el mañana con manecillas hechas de ilusiones, fantasías y realidades deseantes.

Había comenzado a re-escribir su vida.