Once Orgullos, Soberbias y alguna modestia

Por Pablo Rizzi

Un orgullo

—Si fueras a morir, ¿qué es lo último que le dirías a tu hijo?

—Perdón, porque seguro no supe estar en todo. Gracias, porque no sentí amor más grande. Y que estoy orgulloso de él, porque quiero que sepa que no me necesita, que tenga la seguridad de que puede solo.

Dos orgullos

¿Qué cosas unen en el orgullo a los argentinos?

El fútbol; la avenida más ancha; el fútbol; la avenida más larga; el fútbol; tenemos una reina Holandesa, tenemo; Favaloro; Maradona y Messi; cualquier famoso que triunfa afuera, durante décadas cualquier animador de fiestas que triunfaba en Miami tenía un lugar en nuestra tv, aunque no fuera famoso ni hubiera triunfado realmente en Miami. Los premios Nobel que nadie conoce. El Borges que nadie leyó. Y el fútbol.

Tres soberbias

¿Sobre qué tratan los chistes de argentinos?

Sobre personajes orgullosos, soberbios, ventajeros (piolas antes que inteligentes) que se ven a sí mismos como ganadores. «El mejor negocio es comprar a un argentino por lo que vale y venderlo por lo que cree que vale» dicen. Y es inevitable recordar otros ejemplos, el porteño que se aprovecha del provinciano, el piloto de avión que pierde el rumbo y sabe que está en Buenos Aires porque al sacar la mano por la ventanilla, le roban el reloj.

Soberbia, engaño y piola no son términos lejanos.

Cuatro orgullos

Maradona en el mundial de México 86 convirtió ante todo el mundo el mejor gol de la historia, eludiendo a cinco adversarios, mientras corría sesenta metros con dos varitas mágicas cortitas e hinchadas en el lugar de sus piernas. En ese gol Diego fue el Papa Noel de todos los argentinos (no se me ocurre otra imagen más pura, que la de esa felicidad tan completa e inocente como la sorpresa de un niño).

Pero el gol argentino más recordado convertido a los ingleses luego de la guerra de Malvinas es el gol de la Mano de Dios (que hasta tiene un nombre propio: el gol de la Mano de Dios) como si Dios jugara a los dados y encima estuvieran cargados para que no se cobrara una mano.

Nota del autor: habiendo un mejor gol de la historia, la administración no se hace responsable de ninguna Mano de Dios.

Cinco soberbias

Macri les ruega a sus votantes, tras perder en las PASO 2019, que salgan a manifestar su adhesión política demostrando la seguridad sobre el voto. La seguridad es contagiosa sugiere. Un votante de Macri debe mostrarse seguro de sí mismo, aunque no tenga argumentos teóricos para el debate; aún más, Macri sugiere evadir el debate porque los peronistas son engañosos como el genio maligno de Descartes. El macrista debe mostrarse seguro, justamente porque no tiene argumentos teóricos ni históricos que sustenten esa impostura de seguridad.

El falso orgullo de Cambiemos se acompaña con orgullosas autoproclamaciones ridículas «exitosos empresarios» forman «el mejor equipo de la historia», «el Messi de las finanzas», premios que se dan a sí mismos.

Seis soberbias

Cambiemos milita en lo retórico el orgullo engañoso de no sentirse negro, planero, grasa, pobre, peronista, kirchnerista, etc. Y miente, estigmatiza y deshumaniza a su adversario político para militar la vergüenza de ser peronista, kirchnerista, planero, negro, pobre, grasa, y otra vez etc. porque la vergüenza es lo opuesto del orgullo.

Militar es hacer ruido, multiplicar la voz propia, llenar de afiches el país, llevar la bandera, la remera, repartir volantes en la esquina, cantar consignas políticas a viva voz.

Militar también es hacer callar la voz del adversario.

El orgullo alza la voz, la vergüenza calla; la soberbia, grita y no escucha.

La corrección política es el decorado y el decorado se calla. Pensalo.

Ahora pensalo en serio.

«Los peronistas no debemos hacer lo mismo que los gorilas»

Cierto. Los peronistas no endeudan al pueblo, no abren la importación indiscriminadamente destruyendo la industria, ni le roban fondos a docentes, científicos y jubilados.

Pero si hablamos de militar no debemos seguir la escuela de oficiales, sino la academia de Gurkas.

Pongamos la vergüenza al otro lado de la grieta, de donde nunca debió haber salido.

Siete soberbias

Hay siete pecados capitales y uno es la soberbia.

Si le vas a devolver el golpe al niño soberbio y golpeador de tu aula, tíralo al piso con una buena patada en los huevos y seguí pegándole en el piso. No dejes que se levante.

Si se levanta, rajá. Al soberbio no le gusta perder, sube la apuesta y odia.

(Lo mismo aplica si le vas a ganar las elecciones al partido político de la soberbia. Jesús ofreció la otra mejilla, pero vos no sos Jesús).

Ocho soberbias

En medio de una pandemia mundial no vayas por la calle sin barbijo. Seguro tendrás tus razones y seguramente las expondrás con mucho orgullo.

Pero mejor andá a hacerte el rebelde con el poder económico real o luchá contra la dictadura boliviana. Estás grande para boludeces.

Nueve orgullos

Ojalá todos fueramos en la infancia alguna vez abanderados; y ojalá alguna vez San Martin o Juana Azurduy o Belgrano o French…

Ojalá nuestros padres nos hubieran visto.

Yo lloré cada vez que mis hijos cantaban el himno.

Todavía me la creo ¿viste?

Pobre la gente que no.

Diez soberbias

¡El troll de Cambiemos escribe “JAJAJAJAJAJA!!!! ¡PERO QUE PELOTUDO QUE SOS!» porque no encontró nada para discutir tus ideas.

Esa risa manifiesta la necesidad de dejar sentado que está en un status superior desde donde se ríe de vos. Y ese insulto apunta tanto a lastimar tu autoestima como para inhibir a otros que piensen como vos y pudieran responder apoyándote.

Algunos dicen que a estos bestias se los bloquea.

Yo recomiendo contestarles y al toque bloquearlos.

Aunque te parezca infantil, en las redes anota el que tiene la última palabra. Que sea tu comentario el que condicione al siguiente

Once modestas

Nunca digas que sos el mejor.

Los otros son los que tienen que decirlo de vos.

Y nunca les creas.