Nuremberg: Juicio y castigo

Por Gustavo E. Feldman. Abogado

La Segunda Guerra Mundial enfrentó a la humanidad con un régimen que aunó el autoritarismo y la crueldad en base a una doctrina de superioridad racial, como nunca había ocurrido en la historia del hombre. Terminado el reinado del terror del régimen nacional socialista alemán, tamaño sufrimiento humano torno moralmente imposible que todo ello quedara impune. Pero la punición debía ser hija de una condena jurídica, y ésta de un proceso. Otra cosa hubiera estado más cerca de la venganza que de la justicia.

El 20 de noviembre de 1945, hace 75 años, comenzaba en Nuremberg el primero de los juicios al régimen nazi, a sus jerarcas; a los verdugos… Los juicios fueron la resultante de la postura drástica de los ingleses, expuesta por el propio Winston Churchill en Yalta, que, coincidiendo con Stalin, entendía que habido que fuere alguno de los jerarcas nazis debía ejecutárselo sin más, y la tesis americana que propugnaba el castigo solo con la anuencia de los gobiernos aliados. Los juicios terminaron siendo diseñados por el Ministerio de Guerra Americano y de allí que el Fiscal General fuera Robert H. Jackson (que as su vez era Juez Asociado de la Corte Suprema Norteamericana). El Tribunal estaba compuesto por ocho jueces (cuatro titulares y cuatro suplentes), uno de cada potencia aliada principal (USA, URSS, Inglaterra y Francia).

El motivo por el cual se llevaron a cabo en esa ciudad Alemana está históricamente controvertido: unos explican simplemente que la localización fue totalmente simbólica: en Nuremberg se habían sancionado la leyes antisemitas de 1935; mientras que otra explicación, sin desdeñar la primera, justifica su elección por una cuestión de infraestructura; el edificio ubicado en la Fürther Strasse apenas había sufrido desperfectos y sus 530 despachos y 80 salas de audiencias ofrecían espacio suficiente para el numeroso personal de las cuatro naciones. El edificio penitenciario lindero por el norte resultó ideal para alojar a los acusados y ubicar a los testigos. De acuerdo a la autoridad Bávara actual la “cuestión” histórica de Nuremberg no fue determinante para su elección como sede de los juicios. Estando físicamente allí terminé de convencerme que efectivamente primó la cuestión práctica pero la elección de esa ciudad les confirió a los juicios un especial simbolismo.

El juicio, el primero, del cual se conmemora en este noviembre un nuevo aniversario, se llevó a cabo en la denominada “Sala 600” que en la actualidad se sigue usando como una sala de audiencia más de los Tribunales de Baviera. La fría mañana del 10 de enero de 2015 pude ingresar en ella y recorrer sus estrados. Pocas veces en mi vida he tenido una sensación tan fuerte a pesar de haber leído y visto desde la escuela primaria cuanto material se ha difundido sobre estos juicios. El estar en ese espacio físico hace sentir y pensar en forma distinta de cuando uno lee un libro o mira una fotografía o una película. Un detalle: las arañas de luz actuales son las mismas (restauradas supongo) que las originales de cuando se construyó la sala, que tuvieron que sacarse y reemplazarse por las lámparas y pantallas alargadas que pueden verse en las imágenes de los juicios a los criminales nazis.

En el primer juicio los acusados más célebres y de mayor jerarquía fueron Herman Göring, Rudolf Hesse, Karl Dönitz, Franz von Papen. Los acusados pudieron defenderse por sí mismos o designar abogados defensores particulares. Durante el proceso declararon más de 280 testigos, se presentaron imágenes fílmicas de los campos de exterminio y declaraciones por escrito.

El proceso se extendió por 218 días. La lectura del veredicto empezó el 1 de octubre de 1946, insumió dos días y despertó un gran interés a nivel internacional, con acreditación de corresponsales de prensa: los dos más famosos: Willy Brant (después alcalde de Berlín y Canciller de la Alemania Federal) y Jhon Steimbeck (escritor estadounidense, Premio Nobel de Literatura). Hubo tres absoluciones, doce condenas a muerte en la horca (no se aceptó la petición de las defensas de que fueran fusilados, pero Göering locro suicidarse en su celda), tres cadenas perpetuas (como la de Hess) y otras cuatro de cárcel por algunos años. – Entre 1946 y 1949 hubo doce procesos más contra 177 médicos, empresarios, jueces, policías, funcionarios y diplomáticos.

El Tribunal dejó sentado en esa primera sentencia la importancia de las Convenciones Internacionales; rechazó la objeción de la aplicación ex post facto de las normas penales con base en tratados anteriores a la guerra. El Tribunal definió porque crímenes era responsable cada imputado. Y dejó sentado que no tenía jurisdicción respecto de los horrores cometidos en Alemania con anterioridad a la invasión a Polonia que marcó el inicio de la guerra en 1939, a pesar de que los jueces nazis impusieron 26.000 sentencias a muerte, hasta por hacer un chiste respecto del Reich.   

No puede no conmemorarse esta fecha, no pueden olvidarse estos juicios ni el camino que marcaron hacia una justicia universal; sobre todo por nuestra propia historia.  Pero más que nada porque ante la extrema crueldad el camino mejor será siempre la extrema Justicia. –

Y la mejor manera de conmemorar estos juicios es con la palabra de Benjamín Ferencz, el fiscal americano en los juicios de 1947 a los Einsatzgruppen, los escuadrones de operaciones responsables de más de un millón de muertes durante la Segunda Guerra. “Ben”, como gusta que lo llamen, que tenía solo 27 al momento de ser acusador de los nazis en Nuremberg, y hoy de cien años de edad, dijo en su alegato final: Si estos hombres quedan impunes, entonces la ley perdió su sentido y el hombre deberá vivir con miedo».