Nunca Más… Nunca Menos

Por Claudio Posse.

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Cuando vas hacia el precipicio y quedas en la cornisa tenés dos posibilidades: 1) das un paso hacia atrás, das media vuelta y evitas ver la pendiente profunda, 2) das un paso hacia atrás, tomas carrera y lo saltas para llegar a la otra orilla.

La elección de una u otra posibilidad no determina que seas más cobarde o más valiente. Es, simplemente, la conclusión del razonamiento de lo que solemos llamar “lo conveniente”.

Esta última semana, el ex presidente constitucional, pero NO elegido por el Pueblo, sino por sus pares (un tanto cuestionados por aquellas épocas), Eduardo Duhalde hizo un raly mediático para argumentar sobre su certeza de que se prepara un golpe de estado en Argentina, teniendo en cuenta el contexto regional y el chisme de un militar amigo de él le había contado tal y cual cuestión. Después dijo que se había desenganchado de la realidad… Ok. Hasta ahí la información de Duhalde, para que juntxs pensemos esto de los golpes institucionales en nuestro país.

Desde el 6 de septiembre de 1930 vivimos una inestabilidad permanente en la formación institucional democrática de nuestro país, con el derrocamiento de Hipólito Yrigoyen (en realidad desde antes, pero corto con una fecha en el siglo XX para que podamos analizar la cuestión política y, no solo los hechos históricos precisos, que son muy importantes, pero nos son la esencia de este análisis). Es importante recalcar que no fue un grupito de loquitos nacionalistas de guita que, a su vez, eran militares lo que hicieron el golpe. No. Estaban respaldados por el poder real de la Argentina de entonces, a punto tal que la Corte Suprema de Justicia de la Nación avaló la interrupción democrática.

Tampoco vamos a hacer un relato de la cantidad de golpes que hubo, fueron muchos en el Siglo pasado, porque lo importante es poder reflexionar sobre la acumulación que se genera en la sociedad antes del golpe.

Un golpe no se produce de un día para el otro, por iluminación divina ni mandato de ningún Dios. Es un proceso que se genera en diferentes espacios de la sociedad, minoritarios e intensos, que se construyen así mismos, no solo con el relato, también con acciones puntuales que los visibilizan. Detengámonos un momento. Ayúdenme a revisar la oración anterior, escribí y dije: “sectores minoritarios de la sociedad”. Lo dije con premeditación, porque si fuera una mayoría ya no estaríamos hablando de un golpe institucional. El golpe es eso, un “garrotazo”, un instante, rápido y efectivo. Por eso lo llamamos Golpe, sin embargo, necesita una construcción narrativa que le permita sostener ese golpe.

Como siempre hay dos partes. Los que quieren el golpe institucional para tomar el poder político administrativo y aquellos que lo resisten. Primero analicemos a los golpistas. Decíamos en el párrafo anterior que son grupos minoritarios e intensos. Siempre es así. No tendrían eco en la sociedad si no tuvieran dos características centrales que los avalan: poder de fuego mediático y poder económico, que lo sostienen en el tiempo. Otrora era muy necesaria la intervención del “partido Militar”, pero con el tiempo estos sectores aprendieron otros métodos que llevan al mismo fin: el golpe.

No siempre son exitosos los golpes de Estado.

Mencionemos algunos fracasos golpistas: El auto golpe del 45, que sencillamente era la eliminación del líder popular Juan Domingo Perón. Luego, durante el segundo gobierno de Perón, las minorías ejecutaron un hecho único en la historia de la humanidad: bombardearon la Plaza de Mayo, donde solo había transeúntes sin ninguna protección. El objetivo era matar a Perón y, obviamente, generar un golpe y tomar el poder político de la argentina.

En ambos casos había relatos pres existentes para justificar las acciones golpistas, siempre con poder mediático y económico que fortalecían las aspiraciones de las minorías intensas. Pero existe un sujeto que resiste. No me refiero a la elite gobernante que resiste al golpe, cuando escribo o digo el sujeto describo al Pueblo. El 17 de octubre es la épica, porque es la movilización más importante de la historia argentina, pero la resistencia ciudadana al brutal bombardeo tiene características similares, teniendo en cuenta que el Pueblo se movilizó para resistir.

La historia nos enseña que no siempre el Pueblo resiste. Es insólito pensar que no salimos a las calles a defender el gobierno popular de Perón el 16 de septiembre de 1955, con todos los derechos adquiridos que generaron los 10 años de peronismo en el poder. Parece insólito ¿no?

Vengo más acá en el tiempo y les voy a contar una anécdota personal, aclarando que no gusto de las autoreferencias, pero me parece que sirve para el análisis. El 30 de marzo de 1982 hubo una gran manifestación contra la dictadura. Encabezada por el Movimiento Obrero, yo era muy pibe, tenía 10 años. Fuimos con mi viejo. Tuvimos que volver al toque porque empezó la represión, de hecho, no llegamos a la Plaza. Al volver pude ver como los milicos entraban a las casas y se llevaban a la gente. Nunca voy a borrar esa imagen de mi mente. Ese día mataron a un periodista. Y el cántico que me quedó en la cabeza era: El Pueblo unido jamás será vencido. Estaba aterrado. El dos de abril, un par de días después argentina tomaba Malvinas. Galtieri llenó la plaza. La gente estaba exultante. Yo no entendía el cambio abrupto. Por cuestiones profesionales, hace un año, volví a ver el material de archivo de ese día. Vi todo el discurso de Galtieri con mucho detalle y pude notar que había un silbido sostenido cada vez que hablaba.

Lo que quiero significar es que los procesos de acumulación son complejos. No es culpa del Pueblo ser chauvinista o ser nacionalista, es una construcción histórica que debemos aprender a desenmarañar para poder lograr entenderla y modificarla. Acá debemos parar no generar una confusión innecesaria. El nacionalismo sin pueblo es como una pareja de uno. No existe, es un verso construido por minorías. Ese nacionalismo es el mismo que fuga la guita al exterior, que detesta a los cabecitas, aman sus tierras y odian a los que la trabajan. Ese nacionalismo que gusta más de los caballos que del pueblo es, quizás, uno de los peores males que hemos sabido construir en nuestra Patria. Ese nacionalismo es lo que confunde a la masa porque utiliza símbolos empáticos y construye identificaciones masivas que después derivan en una supuesta “Unidad Nacional”. Todos gritamos un gol de Messi, todos queremos a las Leonas, todos nos ponemos contentos porque una película argentina gana un Oscar o un cantante nacido acá se llena de guita en el exterior (que no suele traer a la Argentina ni para poner un maxikiosko),

Ese nacionalismo es parte del relato, la pata fundamental para poder destruir cualquier construcción histórica que emane del Pueblo.

Por supuesto que es difícil salir de esa lógica si tenés las bestias monopólicas mediáticas construyendo una y otra vez sentido común, del más común posible. Te liman, te alienan, deciden por vos, te comen y después te vomitan.

Perón era ladrón, pedófilo y no sé qué otras cosas más. Cristina chorra de un PBI y Alberto un títere de los infectólogos.

Entonces, cuando ves el panorama completo empezás a pensar que todo esto es un tanto más complejo de lo que parecía. Porque no se limita a Duhalde o a Lanata justificándolo.

Esa es una parte de esta historia. La otra, quizás la más importante, sea la de este lado. Los que no estamos dispuestos a permitir un golpe. Y ahí empieza el lío. Porque tenemos que enfrentar varias situaciones a la vez. En principio no cometer el error de comernos todas las operaciones mediáticas, pero tampoco dejarlas pasar. No es fácil. Nada es azaroso. Ni lo de Duhalde ni lo de Lanata. Claramente quieren interrumpir el proceso de este gobierno. Les molesta que el gobierno, mínimamente, afecte sus intereses, y más aún le molestan nuestros símbolos. Cristina es la Vice Presidenta de la Nación y, a la vez, es un símbolo. La quieren destruir. Como lo quisieron hacer con Evita mancillando su cadáver. Quisieron lo mismo con las manos de Perón.

No nos quieren en este mundo.

Pensaron que desapareciendo a 30.000 compañeros y compañeras era suficiente. Pues no, porque si algo le debemos todos y todas a Perón es el valor supremo de la organización. Y eso es lo que debemos hacer organizarnos, donde estemos y con quienes estemos. Evitando falsas antinomias pero siempre profundizando los debates. Muchos debates con muchos medios, todos los que consigamos. Esto quizás lo escribí en algún otro artículo, pero es bueno repetir lo que me dijo alguna vez el filósofo y dirigente sindical Horacio Ghillini: “a Lanata no se lo combate con otro Lanata, se lo vence con organización”.

Para terminar, disculpen que vuelva a la auto referencia, pero estos días, con motivo de cumplirse 100 años de la primera transmisión radiofónica de nuestro país, empecé a navegar un mundo que me parece interesante abarcar: el Patrimonio cultural gráfico, sonoro y audiovisual. Alguien me dijo: “Parece que el carácter patrimonial fuera una cuestión romántica de los amantes del tango, de la melancolía porteña, de la vuelta al barrio, y la sensación post 30s de volverte encandilado por las luces de centro. Parece que detrás de todo esto no hay herramientas que defiendan la patria de este monopolio espectacular y vicioso de los buitres poderosos dueños de toda nuestra libertad mediática”. Ante tanta manipulación mediática debemos enfrentar a los sectores dominantes con nuevas herramientas, cuidando nuestra historia para poder seguir contándola.

Del lado del gobierno no queda otra que tener absolutamente claro que no es el pragmatismo ni la rosca política la que nos salvará de las minorías intensas que siempre quieren todo. Porque para seguir consolidando él NUNCA MÁS, tenemos que aprender a sostener el NUNCA MENOS, un derecho ganado es para siempre e, inmediatamente, vamos por otro.

El gobierno tiene el deber de profundizar las políticas populares, con inteligencia, pero con atrevimiento.

Nosotros y nosotras estamos acá para tomarnos de la mano y pegar el salto que nos lleve a la otra orilla.