Nuevo rol del Estado, una necesidad

Por Gustavo Paura.

Desde el inicio de los tiempos, el hombre –incluso antes de reconocerse como tal- ha estado en pugna. Una lucha a veces desigual, otras en cincha más pareja, pero siempre en batalla con la naturaleza, con sus pasiones, con las ideas, con la supervivencia como meta.

Este eterno tire y afloje, esta cinchada con la vida, nos permite describir e intentar entender los tiempos que corren, aquí y ahora. Y en esta lid el “caso argentino” tiene un formato original. El campo de batalla, el habitual de la última centuria: los medios de comunicación.

Con la pandemia como telón de fondo que todo lo abarca, la cincha es entre la preservación de la salud o el sostén de la economía. Una puja amañada de acuerdo a los intereses que representan a una u otra opción. Y los medios de comunicación y sus actores (muchas veces títeres) manifiestan en ocasiones un goce explícito en el deseo de imponer la derrota de un interés, por sobre el placer de la propia victoria. Porque en esta batalla no parecieran prevalecer las ideas, sino, repetimos, los intereses, e intentaremos, entonces, pasar por encima de esta puja y pensar juntos.

No ahondaremos aquí acerca de las políticas sanitarias implementadas por el gobierno que a simple vista parecen ser acertadas. Preferimos enfocarnos en las decisiones económicas, una parte de la lid, porque creemos que se describe mucho el presente, pero se proyecta poco a futuro.

¿Qué medidas pueden o deben tomarse para que la economía se recupere tras la crisis del coronavirus?

La tarea es compleja. Algunas grandes empresas despiden personal y recortan inversiones previstas. Las PYMES, de continuar esta situación por un tiempo prolongado, generarán más desempleo y baja de salarios, en un contexto de aumento de precios. Trabajadores informales, precarizados disfrazados de monotributistas, changarines, artesanos y cuentapropistas con mayor o menor profesionalismo son los que están en peores condiciones. Siempre y cuando se persista en mantener las políticas económicas que nos han dejado desnudos ante esta pandemia, creemos que no hay demasiadas alternativas más que el desahucio.

Sin embargo, podemos responder a esta crisis despojándonos de la mentalidad y su accionar con la que llegamos a esta situación. No es de la mano del FMI o del Banco Mundial, tampoco con los bonistas, subsidiando a los bancos o multinacionales el camino a transitar.

Estamos en un momento de inflexión, en el cual debemos y tenemos que replantearnos la estructura productiva para que no nos exponga a las inclemencias financieras y cadenas de producción globales. El Director de la Oficina de Comercio y Producción Industrial de EEUU, Peter Navarro, sostuvo en conferencia de prensa: “Una de las cosas que esta crisis nos ha enseñado, es que somos peligrosamente dependientes de las cadenas globales de producción”

El lunes 13 de abril Argentina recibió una donación de China que consiste en mil quinientos respiradores, termómetros, barbijos N95, guantes y trajes de bioseguridad. Y la pregunta es: ¿Dónde están las empresas nacionales que fabrican estos elementos? ¿Cuáles son las políticas públicas que pongan en marcha un proyecto de desarrollo nacional?

Hasta el momento la solución a estas disyuntivas era ir a más de lo mismo: apertura económica (porque otros países fabrican estos insumos de modo más barato que nosotros) e importar. Esto tiene que modificarse. Es en las PYMES, creadoras del 70% del empleo, y en ciertos sectores autónomos en los cuales tenemos que apoyarnos para mantener los puestos de trabajo y -para cuando pase esta situación de excepcionalidad- crear nuevos puestos de trabajo. También será importante la ampliación de los empleos públicos dado el nuevo rol que el Estado tiene que asumir en la siguiente fase. En resumen: fortalecer el mercado interno, planificar el sector productivo y propiciar un Estado más activo.

Queda claro que un nuevo rol del Estado es una necesidad, y donde hay necesidad no hay opción.

Si apostamos al endeudamiento del FMI, del capital extranjero, financiero y especulativo, y a los bancos estaremos equivocándonos de nuevo y profundizando la crisis, en parte heredada y en parte por errores propios que ahora se agravan por la pandemia.

Un Estado Nación que carente de estrategias eficientes en esta etapa que viene, no será un Estado, será un kiosco que no controle nada y esté a merced de las grandes corporaciones que saquearán nuestras riquezas y sólo administrará la consecuencia de esto:  la pobreza.

Cuando los participantes del juego de cinchada adviertan que pelear por medir las fuerzas de sus razones dejará heridas profundas e incurables quizá reviertan la estrategia. Para esto se requiere de una dirigencia audaz, y contrincantes que comprendan que mejor que cinchar en oposición es tirar todos o casi todos para el mismo lado.