Nuestros muertos gozan de buena salud

Por Oscar Rodríguez.

El 27 de octubre de 2019 se realizaron las elecciones presidenciales en la República Argentina, el resultado probablemente haya sellado la vida de muchos compatriotas que después de 4 años de macrismo habían perdido toda esperanza en un futuro mejor.

Muchos ese día es muy probable que hayan salvado su vida.

En América Latina nacía un idilio, Macri-Bolsonaro, ambos sometieron a sus países al hambre priorizando pingues negocios.

Uno llegó al poder a partir de fake news sobre la muerte de un fiscal y el otro llevando adelante un lawfare atroz hacia Lula. La llegada de ambos a la presidencia de sus respectivos países ya empezaba a coincidir desde un comienzo.

Como dirían los chicos “pegaron onda”, y no es de extrañar, entre ambos hay muchas coincidencias, Bolsonaro conocido por sus preferencias por la “mano dura” y por defender las “dictaduras”, Macri puso de ministra de seguridad a Patricia Bullrich, y ya sabemos cómo le fue con las dictaduras.

En fin Dios los cría y el viento……

Ambos apuestan más a la iniciativa privada que al proteccionismo del estado, los dos muy recostados a la derecha.
Macri en su presidencia hizo volar todos los indicadores por los aires, tipo de cambio, inflación, pobreza, descenso en el nivel de actividad y empleo, destrucción del pbi, todo lo que ya sabemos, Bolsonaro muy cerquita en los indicadores que dejó el Mauri.

Macri – Bolsonario intentaron convertirse en el eje de la derecha sudamericana y claro que para que eso ocurra el FMI estaba dispuesto a todo.

Sigamos con las coincidencias entre ambos, reformas previsionales, entrega al capital financiero, ajustes fiscales, ataque a Venezuela, la coincidencia fundamental es que los dos piensan que Maduro es un dictador, pero….. Bolsonaro es un golpista que reivindica a la dictadura militar y el otro pertenece a una familia que se enriquecio de la mano del genocidio llevado adelante por la dictadura cívico militar, a pesar de esto ambos se atreven a cuestionar el régimen democrático del país caribeño.

Que se podía esperar de los discípulos de Trump, ¿no?

Entre sus adlateres uno tiene a Patricia Bullrich, quien supo ser de las mejores representantes de la mano dura y la represión el otro lo tiene al juez Sergio Moro, clave en el proceso de lava jato, ya se demostro que fue una operación para proscribir a Lula, en la elección más antidemocrática de la historia del vecino país.

En Argentina un 5 de septiembre de 2018 se promulgaba el decreto 81/2018 por el cual el gobierno de Macri formalizaba el pase de 11 ministerios a secretarias, entre ellos el ministerio de salud.

Esa baja de rango significó una reducción en el personal sanitario y en el presupuesto destinado, con la lógica merma en los servicios de salud.

El macrismo redujo y paralizó programas de prevención y promoción. Derogo el programa Argentina sonríe, necesario para combatir enfermedades buco dentales, exterminó el plan qunita, de acompañamiento para madres y recién nacidos, pulverizó todos los programas de asistencia sanitaria. En cuatro años lograron que haya faltantes de medicamentos y vacunas para patologías como, el sarampión, meningitis, hepatitis y varicela. La flamante secretaria de salud no logró evitar brotes de epidemias.

Pero, llegó el bendito 27 de octubre de 2019, la vida, para muchos y muchas.

Imagínate una pandemia con este contexto sanitario.

Asumió Alberto Fernandez, el estado sacó pecho y se comenzó a revertir el sistema de salud.

Los brasileños no tuvieron la reacción que pudimos tener nosotros, de sacar a un gobierno absolutamente corrupto y de espaldas al pueblo.

Por eso nuestros muertos gozan de buena salud.

Ante la pandemia Macri habría coincidido con Bolsonaro.

¡Una gripeciña!

Sin ministerio de salud, sin estrategia para vacunar a la población, imaginate, sin pandemia sufrimos epidemias por falta de gestión sanitaria. Terrible destino nos aguardaba sin ese 27 de octubre.