Nos curraron el corazón

Por Silvina Caputo.

El martes se debate en el Congreso nuevamente la reforma judicial, el lunes los anticuarentena asisten a la «invitación al contagio» tal como sabiamente lo definió Alberto Fernández, la semana próxima los agoreros, anuncian restricciones a la compra de esos 200 dólares que hacían soñar a la clase media que era un poquito más alta.

La realidad nos devora, como nos devoró el neoliberalismo macrista que en cuatro años nos carcomió los bolsillos y el espíritu, pero también pasan otras cosas. Hay buenas noticias.

Una de ellas fue el cumpleaños 101 de una Abuela de Plaza de Mayo, Rosa Roisinblit.

Rosa cumplió ayer y más que quejarse por cumplir en cuarentena y sin teléfono (la propia nieta contó que hace días que su línea no tiene tono y le pidió a Movistar #TonoParaRosita), nos regaló a los que comprendemos lo que implica su presencia, un poco más de vida.

Porque son esas existencias celebrables, esas que queremos eternizar. La presencia de los imprescindibles, de los que dejan huella, de los que escriben la historia a base de hechos y no de letras de molde.

«Podemos hablarnos, seguir compartiendo nuestras historias. No hay que aflojar, porque mientras tenemos vida estamos bien», la saludó por las redes la presidenta de Abuelas, Estela de Carlotto. Otra imprescindible.  

Las dos, Estela y Rosa, encontraron a sus nietos. Las dos, permitieron que otras tantas familias también pudieran reencontrarse. Las dos, siguen de pie frente al paso del tiempo y a los gobiernos, sean del signo que sean.

Las dos con su dulzura y su fuerza, extraña combinación para quien le arrebatan lo más querido, frente a la mirada del resto que intentamos comprender, aunque no podamos.

Rosa nació el 15 de agosto de 1919 y tuvo a su hija Patricia, quien fue secuestrada junto a su compañero y a su hija Mariana de 15 meses. Pero Patricia estaba además embarazada de ocho meses y si bien la familia pudo recuperar a Mariana, la búsqueda continuó respecto del paradero de su hermana.

El hijo de Patricia fue recuperado en el 2000 y en el 2004 pudo recuperar su identidad. Hoy es Guillermo Pérez Roisinblit.

Su nieto, la definió como «una mujer enorme, con un coraje inigualable y un temple único. Transgresora, valiente y abnegada» que lleva décadas «luchando por los derechos humanos de todos y todas».

El año pasado la fiesta fue en Foetra, se hizo en forma privada y asistieron pocos. Esta vez fue virtual, a través de las redes, con el sabor amargo de quienes quisieron acercarse para besarla, para abrazarla y para pedirle que viva muchos años más.

Porque es inevitable pensar en sus ausencias, tratar de imaginarlas, con ese mismo temor que se tiene a perder lo más valioso, lo que no será irremplazable, lo que nos funda y lo que nos identifica. Como país, como historia, como lucha, como amor incondicional para siempre.

Porque resulta que estas mujeres, bautizadas como un «curro» por un ser detestable, lo único que supieron «currarse» fue nuestro corazón.