Ministerio público: el problema no son los 2/3 sino el cinismo

Por Maximiliano Rusconi.

Escuchá a Maximiliano Rusconi en «Ministerio público: el problema no son los 2/3 sino el cinismo» acá.

El otro día, mientras escuchaba a los “especialistas” convocados por la Comisión de Justicia del Senado, me acordaba de una canción de Arjona, cuya letra y música me gustan mucho.

La letra pretende decir que muchas veces el lado problemático de algo no es lo más visible, sino que se encuentra en el reverso de la cuestión.

Si la tecnología lo permite junto con este texto y en este sitio subiremos la canción.  A todo efecto, aquí van algunos párrafos de la letra:

“El problema no fue hallarte
El problema es olvidarte…

“El problema no es tu ausencia
El problema es que te espero…

“El problema no es problema
El problema es que me duele…”

“El problema no es que mientas
El problema es que te creo…”

El problema no es que juegues
El problema es que es conmigo…”

Etc, etc.

Usted, señor lector, me dirá, con (sólo) aparente razón, ¿Qué tiene que ver este tema de Arjona con el título de esta columna?

Es decir, ¿Qué tiene que ver la canción mencionada con el debate sobre el Ministerio Público?

Mi respuesta será que esa canción de Arjona, sin perjuicio de que está destinada a hablar sobre el amor, algo mucho más interesante, iluminador y sano que el Ministerio Público y los candidatos a Procurador, pone la lupa en ayudarnos a descubrir en qué lugar del mundo están los (verdaderos) problemas. Y ello es importante porque muchas veces creemos haber detectado el nudo problemático de un eje de discusión y, en verdad, aquello que debiera ser la esencia de un debate, se pierde y se diluye como las chances de gol de Higuaín o Palacios en la final contra Alemania del Mundial de Brasil.

Voy a dar sólo dos o tres ejemplos, para no aburrirlos y que los lectores puedan ir a escuchar la hermosa canción que mencioné como excusa de este trabajo o ver nuevamente esos momentos deportivos que, si a Dios se le hubiera ocurrido, al menos en el fútbol, equilibrar las influencias planetarias, nos deberían haber dado la tercera copa del mundo.

Cuando veo que los senadores y fiscales se rasgan las vestiduras por el establecimiento legislativo de algún porcentaje de votos para otorgar el famoso y nunca bien ponderado acuerdo del senado al candidato a Procurador, muero de ganas de decirle:

– “mire Senador…la verdad es que si luego, como sucede hasta ahora, ese Procurador no va a ser controlado (como manda la Constitución) de ningún modo por parte del parlamento, da igual que el acuerdo dependa de la mayoría absoluta, los dos tercios, o los cuatro quintos”.

Cuando escucho que se afirma con tono altanero que el Procurador tiene que ser fuerte y tener una gran legitimidad institucional que sólo la dan los 2/3 de los votos del senado, no puedo resistir la tentación de decir:

– “¡Vamos Senador!, ¿en serio me dice esto?, ¿Cuántos votos fueron necesarios para que la anterior Procuradora nombrada como mandaba el sistema normativo hubiera resistido el embate inmoral desarrollado desde el ejecutivo? ¿Cuánto apoyo institucional hace falta para resistir la persecución penal?

Cuando leo que, según algún “jurista” no es posible admitir que el Ministro de Justicia le de ninguna instrucción al Procurador y tampoco que este último se la dé a ningún Fiscal, me muerdo los labios para no decir lo siguiente:

-“Escúcheme…”jurista”, ¿usted alguna vez averiguó que pasa en el mundo?, ¿está seguro que el artículo 120 de la Constitución Nacional prohíbe las instrucciones?, ¿usted averiguó si los fiscales todo este tiempo no han recibido instrucciones no sólo generales sino particulares?, ¿le preguntó a cada fiscal si no hubiera sentido como mucho más transparente un sistema que permita las instrucciones (me refiero a las legítimas, a las de buscar prueba, avanzar con un caso si hay elementos, etc. Y no me refiero a las instrucciones de NO avanzar que son, claro, ilegítimas) y que también permita que el fiscal las resista si las considera ilegítimas y que ello sea resuelto por un Consejo de Fiscales o del Ministerio Público y que todo esto conste por escrito?

Señor “jurista”, ¿dónde cree que esté el problema, en las instrucciones o en la falta de transparencia?

Señor “jurista” no le tenga miedo a un Ministerio Público coherente, eficaz, si es transparente y funcionan los controles internos y externos.

Cuando me cuentan que alguna diputada apoya a un candidato por su formación académica, yo creo que si ese argumento fuera sincero es fantástico. Ahora, moriría de ganas de decirle:

-La felicito Sra. Diputada, pero ¿Quién mide si un candidato es mejor que otros desde el punto de vista académico? ¿Hacemos un concurso en donde se midan las condiciones académicas de todos los posibles candidatos? ¿O habrá algunos elegidos que determinan quién tiene antecedentes valiosos?

Cuando vuelvo a leer y escuchar sobre la legitimidad del próximo Procurador, como diría mi abuelo, me salgo de la vaina para preguntar a los cuatro vientos:  …»y ¿Quién se ocupa de la legitimidad del procurador actual”?

Cómo diría Arjona, el problema no es problema, el problema es el cinismo.