Militar las carnes

Por Julio De Vido (h).

Se estima que para cuando finalice el 100% de la campaña 2019/2020 de maíz, Argentina habrá producido cerca de 51 millones de toneladas, superando así milimétricamente la producción de soja de la misma etapa que cerrará alrededor de las 50 millones de toneladas.

El objetivo de este artículo será plantear en números y parangones con otros modelos productivos la necesidad que tiene Argentina de sumar valor agregado a sus materias primas, tema recurrente en nuestra sección, hoy pondremos el foco en el maíz dada la multiplicidad de usos que este tiene en la agroindustria y la falta de políticas específicas para la industrialización del mismo en los últimos años.

Volviendo al maíz, el costo de la implantación de una hectárea del cereal equivale aproximadamente a 1,7 hectáreas de soja, es decir, su paquete tecnológico es más costoso por lo que el productor analiza muchas variables a la hora de tomar su decisión de inversión.

Argentina es el cuarto productor más importante del mundo pero el segundo exportador. ¿Es este dato alentador?

El ranking de producción se compone primero por EE.UU (366 millones de toneladas), luego por China (254 millones de toneladas), tercero por Brasil (100 millones de toneladas) y cuarto por Argentina (51 millones de toneladas). Para no abrumar con números no analizaré específicamente los volúmenes exportados (recordemos que Argentina aquí pasa al segundo puesto) sino el porcentaje de la producción que se utiliza fronteras adentro para ser posteriormente usado tanto como alimentación para bovinos, porcinos y aves como para la producción de combustibles (bioetanol) y de otros subproductos.

Este ratio para EE.UU. es aproximadamente el 90%, para China es prácticamente 100% ya que también importa para satisfacer su demanda interna, para Brasil es del 67% y aquí viene el dato que nos interesa y que debería alertar a quienes tienen en sus manos la ejecución de la política agropecuaria, Argentina utiliza para industrializar y agregar valor solo el 25% de su producción total.

Con 7 kilos de grano de maíz se produce uno de carne bovina, con 4 kilos de maíz se produce uno de carne porcina, con 2 kilos de maíz se produce un kilo de carne aviar.

En 2019 se exportaron 36 millones de toneladas de granos de maíz desde Argentina marcando un récord histórico, esta marca no debería generar alegría ni grandes titulares, Argentina exportando materia prima lo único que está haciendo es trasladando potencial de un lugar del mundo a otro, perdiendo puestos de trabajo de calidad en el interior del país, esto sí es perder soberanía alimentaria, divisas a mediano y largo plazo.

Así como se suele decir que los argentinos no comemos soja, los argentinos si comemos maíz, en el asado del domingo, en la pechuga de pollo de la dieta y en el lechoncito que algún pariente trae de vez en cuando.

Es urgente y necesario dejar de priorizar el ingreso de divisas e ingresos fiscales de corto plazo generados en el corto proceso productivo de seis meses del cultivo de maíz para avanzar en la ejecución planificada de un plan integral de conversión del cereal en proteínas animales y combustibles (entre otras cosas), para lo primero urge generar un marco de inversiones sectoriales para aumentar sustantivamente la producción de carne aviar y porcina fuertemente demandada por los mercados asiáticos fundamentalmente por el terrible efecto de la Fiebre Porcina Africana en China, dicho país contaba con la mitad del stock mundial de cerdos, para detener el avance de la enfermedad las autoridades sanitarias de dicho país decidieron sacrificar a la mitad de los animales por lo que el stock mundial se redujo en un 25%. Para lo segundo es prioritario avanzar en la prórroga o preferentemente en el nuevo marco normativo de la ley 26.093 de regulación y promoción de biocombustibles la cual vence el año próximo y genera incertidumbre en un sector que se vio fuertemente motorizado y atrajo inversiones en poco tiempo en el año 2006 como ya hemos tratado en otro artículo.

Ninguna de las cuestiones mencionadas en el párrafo anterior son independientes entre sí, esta es la verdadera agenda agroindustrial, al menos para el maíz, y que podrían reconfigurar el interior profundo como ya sucedió en cierta forma a partir del 2006 con la irrupción de los biocombustibles como destino alternativo para la soja, el maíz y la caña de azúcar.

Si la intención es poner a la Argentina de pie, en lo que respecta a la producción e inversión arranquemos por donde ya está en cuclillas.