Mein Kampf

Por Jesús María Tito Plaza.

Sí el mundo tiene el diario del lunes, que nos puso el pacto de Yalta y el juicio de Núremberg, sobre la mesita de luz de nuestra existencia, no es posible el silencio o la omisión frente al virus de la serpiente. El bochorno bélico del siglo XX, que, durante las dos guerras civiles europeas, más conocidas como Primera y Segunda guerras mundiales, está en la antesala del siglo XXI.

De muchas maneras podemos escenificar y catalogar los sucesos que dieron lugar a intentos frustrados paz para la protección de la comunidad Internacional. De todos, me gustaría hacer hincapié en uno de los delitos de lesa humanidad, entre los tantos que fueron violatorios de los derechos humanos, cómo el hambre, la pobreza, el racismo, la esclavitud, la explotación laboral, la discriminación, la concentración de la riqueza, la destrucción del medio ambiente y el armamentismo, me refiero expresamente al genocidio.

El exterminio o aniquilación sistemática y deliberada de un grupo social por motivos raciales, políticos o religiosos, fue el flagelo del siglo pasado. La escalofriante cantidad de genocidios acontecidos, nos debe hacer reaccionar, frente a ésta realidad, que impiadosamente desnuda el criminal coronavirus, el Covid-19.

Puedo enumerar con horror, al Holocausto judío como solución final, con más de 5 millones de muertes; a las bombas nucleares que uno de los «aliados» victoriosos, vómito sobre Hiroshima y Nagasaki, con más 500 mil víctimas letales; al advenimiento de Stalin, otro de los «aliados» victoriosos, que con sus purgas políticas y sociales, se cobró cerca de 40 millones de vidas; los 2 millones de armenios asesinados por el fanatismo racial; la guerra de Vietnam, que incorporó la herramienta bacteriológica con las NAPALM, dejando entre los años 1964 a 1973, más de un millón de vietnamitas muertos; Bosnia Herzegovina, que con la exaltación nacionalista, propició las violaciones a niñas y niños, dejando un tendal de 38 mil civiles muertos y 8 mil desapariciones; en el continente africano, dónde Ruanda es un cementerio de 1 millón de vidas inocentes.

En nuestro continente americano, son innumerables los crímenes organizados, enumero sólo dos, la Guatemala asolada por el criminal Ríos Montt, que aniquiló a más de 200 mil y desapareció a 45 mil guatemaltecos y el caso doloroso de la Dictadura cívico, militar y clerical, de la Argentina cabeza del «Plan Cóndor», que persiguió, torturó, exilió, mató a miles de compatriotas, haciendo desaparecer a 30 mil ciudadanos argentinos.

Me detengo en dos conceptos valiosos y valientes, de los que un pueblo despierto puede conseguir, por primera vez se enjuició y condenó a una Junta Militar golpista y asesina, con la sacra proclama de «Nunca más» y también por primera vez, un juez probo y un Tribunal judicial valiente, instaló en histórica sentencia, el delito de Genocidio.

La pandemia que asola al mundo, hoy, cómo Hitler lo hizo desde la Alemania nazi, ayer, nos vuelve a poner en el umbral del mayor de los genocidios provocados en los dos últimos siglos. El miedo, la máquina utilizada reiteradamente por los dueños del terrorismo de Estado, se ha expandido cómo la letra de la literatura nazi.

Tenemos en la mesita de luz, del nuevo paradigma, el diario del lunes. En su primera plana nos avisa y notifica, que el huevo de la serpiente, está presente en los discípulos del Mein Kampf, Mister Trump y el Comisario Bolsonaro. El coronavirus, les puso el miedo en charola de plata.