Margen ajustado

Por Julito De Vido (h).

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La última estimación de producción agrícola deja datos muy preocupantes de cara al período final de nuestra campaña de gruesa 2020/2021. La Niña, fenómeno climático anticipado en este portal, se presenta con toda su fuerza mediante la ausencia sostenida de precipitaciones en las principales regiones productoras de nuestro país y vecinos.

Parte de la consistente alza en el precio de los commodities agrícolas tiene su explicación en lo que sucede climáticamente en esta parte del Mundo, en particular con la soja que se encuentra firme rondando los 520 dólares la tonelada, esto se conjuga a su vez con la sostenida reducción en los stock mundiales que lleva cuatro años para el caso del maíz y dos años para la soja, a grandes rasgos, el mundo cuenta con reservas stock equivalentes de 82 días de consumo de soja y 92 días de consumo de maíz tras haber tocados records de stocks en el 2017 y en el 2019 respectivamente.

Volviendo a la preocupación explicitada en el primer párrafo, el recorte de estimación de producción de soja fue del orden de las cuatro millones de toneladas (50.7 Mt. Vs, 45 Mt.) y adicionalmente un recorte de tres millones de toneladas para el maíz (51.5 Mt. Vs. 48.5 Mt.).

La gravedad de esto no solo reside en el riesgo de perder todo lo invertido por los productores, de la caída en la producción agroindustrial y otras cuestiones micro, sino particularmente a nivel país se presenta un escenario en el que cuantificando, por ejemplo, solo la reducción en la producción para el complejo soja se generaría una reducción en el ingreso de divisas por 2.262 millones de dólares, hasta el momento.

En definitiva, presentada la coyuntura y haciendo un análisis lo más objetivo que se permita, nos encontramos con una producción agraria que presenta las siguientes cuestiones:

  • Una fuerte sequía en la que aún existe el riesgo de no cosechar en determinadas regiones.
  • Un escenario de precios altos sostenido.
  • Un problema de competitividad derivado del tipo de cambio, un productor de soja recibe por cada dólar equivalente producido 63,47 pesos.
  • Una ausencia de un plan agropecuario general que permita planificar sobre los cultivos y/o las actividades a realizar en el establecimiento y menos aún a nivel país, poder responder la pregunta ¿Cuál es el sector agropecuario que buscamos?

Se suman a esta serie de cuestiones la consistente falta de definiciones alrededor de la prórroga al régimen de promoción de los biocombustibles, en el que en este caso si se observa la fuerte influencia del sector petrolero en distintos estratos del gobierno. Por caso, pareciera que los biocombustibles son los principales responsables de los males de la economía y del precio de los combustibles, pero YPF se embandera para anunciar el aumento programado de los valores de surtidor, ¿acaso eso no tiene impacto en la espiral inflacionaria? O aún más grave, en las expectativas de inflación que tiene el conjunto de los actores de la economía, pensar que cualquier persona que tiene a su dirección la producción y/o venta de bienes y servicios no considera estas variables es sencillamente infantil.

El anuncio de la empresa mixta con mayoría estatal YPF gira alrededor de la necesidad de financiar su plan de inversiones, es decir, todos los argentinos vamos a estar financiando su actividad y riesgo “privado”, una verdadera paradoja.

Está claro que en nuestro país hay sectores ganadores y perdederos, beneficiados y perjudicados, favoritos y relegados, lo que no puede pasar es que dicha prevalencia sea a costa de todo un sector de la sociedad que seguramente se verá perjudicado por la suba de los precios que genere el aumento en los combustibles o de cualquier sector económico que por contar con una competitividad relativa sobre el otro sea castigado para financiar a otro a través de esquemas “quasi” impositivos diferenciales.

Representando ese segmento el segundo de mayor importancia en cuanto a ventas de la compañía petrolera al mercado externo.

En fin, en sus manos estará seguir “repensando” a Argentina sin un sector agropecuario inteligentemente insertado en un modelo de crecimiento y desarrollo nacional y social de mediano y largo plazo que brilla por su ausencia.