“M” de Maia….También de miserables

Por Ceferino Namuncurá.

La vida deseable sólo es revelada a los pobres de espíritu ”

James Joyce

Quizá la última imagen pública sea esa, guardada en nuestra retina, de Maia de espalda, sobre su cuerpecito escuálido enfundado en un camperón azul, de una mujer policía que seguramente espera el mismo destino ignoto, asomadas a un cordón de vereda en esa media mañana, con jurando el frío de años de esta sociedad de olvidos. Ese mismo frío, patético, que como un alito siniestro inundó otra vez de silencio conocido, esa inmensidad desnuda, ese infinito redundante en lo más simple, el ser de Maia, ser que debiera ser nuestro desvelo.

Cuanta nostalgia, cuanta necesidad de “Polo”, (Fabian Polosecki), en estos días aciagos, donde la tragedia social de nuestro siglo interpela nuevamente a una sociedad agotada, náufraga, en un devenir incierto. Solo representándonos a “Polo”, ¿es posible representarse a Maia en sus sueños de cartón, algunas chapas, un viejo colchón y retazo de trapos en una calle que no nos resulta desconocida?

¡Definitivamente no!, pero, ¿dónde están los tiempos de estos nuevos “Polo”?, para que esta verdadera llaga de la miseria extrema, imperdonable y miserable de esta sociedad nuestra, no sean imágenes borrosas que se escapan en las miradas sin ver de esa misma sociedad?, ¿o es simplemente la atrocidad de un “modo”, de una forma, el modo de una forma de vida que no se cansa de fabricar escoria donde debería haber sueños?

Maia es dolor, es llaga, es grieta, es límite, pero también la síntesis de una formulación errónea de una sociedad vacía, donde se extravían seres, sectores y dirigentes, en tabulaciones frías, en polinómicas donde la variable humana decanta en catarsis abstracta, donde el reduccionismo impiadoso no se conforma con segmentar tiempos y espacios sino también vidas.

Es … el ¿qué importa?, ese mismo “que importa” patológico que se transforma en sintaxis siniestro, como lo definió alguna vez Malraux, es la defección frente a la inmediatez, el sonambulismo en ese espacio oscurecido por una sociedad que no quiere ver, en el que vagan siete mil almas de compatriotas solamente en una ciudad cosmopolita como nuestra Capital Federal, y cuantas otras almas en tantas capitales transidas por el olvido.

a vorágine de esta pandemia que asola estas tierras, sus implicancias que paralizan, debe ser y será un vértice en el devenir de nuestras vidas, solo una mirada retrospectiva en un futuro próximo nos impondrá la dimensión de nuestras conductas como cuerpo social, nada será igual, no está en discusión , pero tampoco será discutible el resultado, puesto que serán hechos consumados, por el tiempo, pero como reflejo de la acción de nuestros días,  y será un peldaño más alto de un proceso social evolutivo o el frenesí de una mentira que incubada en tanto desatino. En ambos escenarios habrá “Maias”, dignos como los únicos privilegiados o extirpados del género humano. Tal vez una disyuntiva atroz, pero disyuntiva al fin, la misma que se incuba en una misma matriz, “la política”, es en ese mismo ceno donde se dirime algo más que un concepto, es el cenáculo de una forma de vida, la vieja lucha entre el “todos”, o “algunos”.

Está en juego la palabra, el concepto, la acción, el hecho el “fatum”, el destino del individuo y el sistema, la invisibilidad y el silencio de los que van quedando por el camino, o el “nunca más” del olvido a un compatriota que espera con la “ñata frente al vidrio”, uno solo de ellos relegado será la cruz de una religión que ha fracasado.

No es momento para tibios, tampoco para indecisos, tenemos un legado, tenemos mártires por una causa que no podemos abandonar al olvido, la política es el arma, es la herramienta, pero también el sueño de los desposeídos,  es hora de despojarnos del paradigma de lo deseable, del mito del resultado, del álgebra o la aritmética que mide en estos tiempos lo humano, es la hora cumbre del acierto o el error en la definición de este mundo, para no encontrarnos,  por esas calles donde transitan hermanos que todavía esperan, como dos extraños.