Los Unos y los Otros

Por Liliana Etlis.

Aquella tarde recordé momentos escuchando Quilapayún y otras yerbas, la cantata de Iquique nos había dejado una impronta peculiar, habíamos dejado a un costado del sendero las formas aristocráticas de la intransigencia para dar luz a sentipensares gloriosos de utopías probables, potentes, apasionamientos en las ideas y pieles abiertas y sensibles para escuchar otras verdades, otros caminos posibles de Unidad. Buscábamos las huellas latinoamericanas en silencio, nuestros cuerpos sentían aroma a romanticismo transformador los unos, los otros seguían con debates cerrados con candados de acero inoxidable, así y todo, compartíamos esa tarde soleada momentos y fantasías, el mundo finalmente sería compartido y la miel también sería deleitada en los paladares de los unos y los otros.

Hoy, pasando los tiempos espiralados y curvas circulares, espacios similares a la banda de Moebius y vacíos de una linealidad peligrosa con el hedor del encierro, surgen novedosas cascadas transparentes de los unos y los otros, de ambos..

¿Es posible amar en los límites de las ilusiones? ¿es factible continuar viviendo con memoria los unos y los otros? ¿Es el desierto que nos impide andar en la anchura y la serenidad o es la germinación de la desmemoria en cuerpos vacíos de interrogantes?

¿Cómo labrar el cómo? los unos y los otros en la Unidad frente a lo siniestro? ¿El fruto de la diversidad o el espanto vivido? ¿ y la memoria que es también seguir soñando?

Un abuelo entrado en años se acercó y me susurró al oído aquel día de soles y lunas, donde ignorábamos las turbulencias por venir. Acurrucando palabras murmuró una alegoría escuchada en tiempos lejanos, y repitió mirando el cielo azul, muy azul, existente:

Primero, donde quiera que vivas es probablemente Egipto. Siempre, que siempre hay un lugar mejor, un mundo más atractivo, una tierra prometida. Y, tercero, que el camino a esa tierra es a través del desierto. No hay forma de llegar ahí excepto uniéndose y caminando”, (alegoría de M.Walzer)

Quedando en el aire letras articuladas por la espera, acompañadas por la humedad y todos los sentidos del mundo, vibraron néctares y voces, una polifonía de futuro incierto y utopías posibles.