Los misterios también existen

Por Liliana Etlis.

Los misterios también existen Estábamos en la plaza mi hermana Ana, el Pola y yo con otrxs; viajábamos en un remolino de tiempos pretéritos. La Avenida de Mayo contenía nuestros dolidos cuerpos. Deseábamos aquella tarde encontrarnos con los retratos de nuestros compañeros ausentes del Integral de Munro. Nos envolvía la ternura y el maternaje del pasado y del presente.

Caminábamos junto a las Madres, que sostenían las fotos junto a miles de manos ya agotadas pero insistentes en la búsqueda de desapariciones de cuerpos. Miles de imágenes andaban con nosotrxs. Encontramos la de Héctor a pocos metros de donde respirábamos, también la del negro Omar muy cerquita. Apachándonos un ratito con ellos estábamos nuevamente acompañados, mixturados con incontables pañuelos blancos.

Nosotrxs estábamos allí y, a la vez, detrás del kiosco del Integral, leyendo El Descamisado que había traído Héctor, sostenido por la axila de su lado izquierdo en la simultaneidad del tiempo y con el mismo aire. Con el negro Omar discutíamos si socialismo nacional u otro. La Fede y los peronistas estábamos juntos debatiendo cómo íbamos a llegar a un mundo mejor.

Al poco tiempo apareció la columna de la UES y nos quedamos mirándola un tiempo enfrentados a las fotos. Los jóvenes que sujetaban el cartel tenían los rostros del futuro. Yo sostenía empecinadamente ante mi hermana y el Pola que el de la izquierda era Oscar García. Era como un entramado entre la internalización que iba desde el recuerdo a la memoria y volvía a la presentificación, por eso quedamos los tres observando la pancarta: habían pasado 40 años, pero seguía igual, no había envejecido, seguía sonriente. Las décadas pasaron para nosotrxs; para Héctor, Omar y Oscar seguían brillando sus ojos con la luz de la plaza siempre y con la misma intensidad, habían probado el elixir de la inmortalidad. Mi hermana y el Pola finalmente aprobaron la existencia y nos acercamos al retrato de Osqui. Acariciamos su rostro, contamos quién era a los que sostenían el cartel y quedamos así suspendidos los tres entre tiempos donde por primera vez marchamos juntos a los de la comisión de la tarde del Integral.

Nos abrazamos y lloramos.

Ese día fue uno de los más misteriosos de mi vida.