Los gallos

Por Víctor Hortel.

La noche del jueves había terminado con un sabor amargo.

No fue la falta del entrenador lo que más los sorprendió, sino la apatía de su histórico Capitán.

Debían afrontar un dificilísimo compromiso. Nada más y nada menos que un partido contra los gloriosos “Pumas”; si con los temibles “Pumas”; esos que portaban la mística de la histórica gira por Sudáfrica, esos, que hacía poco le habían ganado a Francia durante el último mundial.

La UAR, había decidido una serie de partidos para la promoción y difusión del rugby, en aquellos ámbitos y regiones del país donde el deporte era muy poco conocido.

En los medios locales, todos con una clara tendencia e historia futbolera, que nunca habían apoyado la difusión de ese deporte en el pueblo, intentaban “bajarle el precio” al evento, hablando sólo de una “clínica de rugby” a cargo de algunos “rugbyers” que ocasionalmente, y sin trascendencia, habían pasado por la selección nacional.

Ellos, en cambio, bien sabían que quienes venían eran “Los Pumas”. Y nada de clínica, esa sería una verdadera final. O al menos así lo pensaron hasta el jueves por la noche.

En el pueblo, todo era excitación. Ya desde el arribo de los móviles de las grandes cadenas de noticias deportivas, la tranquilidad pueblerina, había mutado por un incesante circular de jóvenes y chiquilines, que corrían por las calles tratando de reproducir esas jugadas fantásticas de los mundiales, o de aquellas históricas jugadas del 5 o del 3 naciones, que ahora inundaban sus televisores a toda hora.

Las delegaciones de otros pueblos, todos rigurosamente uniformados con los atuendos de sus respectivos clubes de rugby, le daban un toque de color a las silenciosas horas de la siesta, tradicionalmente obligatoria y que ahora nadie respetaba.

Definitivamente era todo un acontecimiento. Hasta el intendente, el viejo Eduardo, estaba movilizado. Corriendo de entrevista en entrevista y recibiendo con honores a cualquiera que pronunciase, try, tackle o palabra similar.  Sabía que eran sus quince minutos de fama y no estaba dispuesto a desaprovecharlo; menos aún en un año electoral.

Todo se potencializó hasta el infinito cuando el Gobernador, en persona, anunció que concurriría a esa “fiesta del deporte argentino”. A partir de ese entonces, los medios locales ya habían dejado de hablar de “clínica”, para hablar de “partido exhibición”.

Los escasos y antiguos hoteles no dieron abasto. Las casas de familias recibieron a los visitantes. Las grandes cadenas emitían en directo desde las distintas placitas del pueblo, haciéndoles reportajes a cuanto chico pasara por ahí, sin importar que camiseta vestían o si sabían algo de rugby. Hasta la abuela Margarita, la abuela de todos en el pueblo, se dio el gusto de salir al aire con un trapo de los “Duendes de Rosario”, que era el club de su ciudad natal.

Finalmente, los futboleros se sumaron a la “PUMAmanía”. Era el tiempo del rugby y rápidamente lo entendieron. Ellos que sólo hablaban de sombreritos, chilenas, rabonas y carrileros, se descubrieron entusiasmados tratando de entender un tackle, un try o un line; o un kick.

En el pueblo todo era fiesta. No pasaba lo mismo en el club. “Los GALLOS”, tenían toda la presión sobre sus espaldas. Con tan sólo diez años de existencia, no habían conseguido aún ningún logro deportivo de significancia. Apenas una mínima mención, cuando lograron ser aceptados en un campeonato regional, en el que ocuparon el último lugar sin lucimiento alguno.

Era una mochila pesada la que debían llevar, enfrentar nada más ni nada menos que a los PUMAS. Lo harían con dignidad, o al menos eso pensaban.

La semana previa, Los GALLOS, sufrieron terriblemente la fiebre “Puma” que se había apoderado del pueblo. Olvidados y ninguneados, tuvieron que soportar que se hablara de cualquier equipo de rugby, menos de ellos. Que se aceptaran comentarios “rugbysticos” de gente que nunca había visto ni tocado una ovalada, y hasta que el presidente del club de futbol local, el gallego García, les diera una lección, y por televisión, explicando que estrategia debían aplicar frente a la selección nacional de Rugby. Una ofensa. Mayor aun proviniendo de un “racinguista”.

Luego, la llegada de Los PUMAS, tres días antes del partido, superó todas las expectativas y los hundió, quizás, en el mayor y profundo pozo depresivo. En un despliegue de recursos y tecnología, desembarcaron con equipos, y máquinas de entrenamiento de última generación. Médicos, nutricionistas, preparadores físicos personalizados, todo lo cual colocaba a “Los GALLOS”, aproximadamente en los sistemas de entrenamiento propios del siglo XIX.

Los “GALLOS”, sentían que perdían antes de empezar.

Las grandes marcas mundiales del deporte, inundaron el pueblo con stand y puestos de difusión. Los medios locales ya hablaban del “partido amistoso”. Los niños portaban orgullosos sus botines de calcos y suvenires.

Los habitantes de “Comandanta Evita” se sorprendieron cuando descubrieron a su intendente primero y a ellos mismo después, hablando por las cadenas ESPN, FOX y Caracol.

A todo esto, “Los GALLOS” continuaban en el ostracismo, soportando la indiferencia de su gente. Cumpliendo la rutina del entrenamiento, intentaban consolidarse como grupo frente a tremendo desafío. No había espíritu, faltaba garra. Sentían que el pueblo les había soltado la mano y que ningún apoyo obtendrían de la tribuna local. Para colmo, por esas cosas que no tienen explicación, a pedido del intendente, el Capitán, había sido relegado incomprensiblemente al banco de suplentes. El técnico, envidioso del carisma del Capitán hacia los jugadores, acepto gustoso la sugerencia y claramente le indicó al Capitán que ni pensara en ingresar al campo de juego, que debería conformarse con la foto del vestuario.

El Capitán, ya era mayor para esas lides, sus huesos y articulaciones daban permanente alarma de tal situación. El “Mariscal Mandraque, como también le llamaban, era lo que se dice un jugadorazo, con una terrible e imponente presencia dentro de la cancha, no sólo era quien armaba al equipo, sino que era el único que podía sorprender con una jugada soñada. De esos tipos que cuando uno lo mira dice al toque. “este jugo al rugby”

El mito, decía que el Capitán había jugado con Los Pumas y que una temprana lesión en su pierna izquierda – rotura de ligamentos cruzados, meniscos y todo lo que se encuentra en esa zona –   lo había relegado de la alta competencia. Imposibilitado de competir en los grandes equipos, se replegó al pequeñísimo equipo de “Comandanta Evita”, para despuntar el vicio y transmitir su pasión a los más chicos.

La noticia, que sería suplente, sin posibilidad de ingreso, le cayó como una bolsa de cemento en la cabeza. Intentando que su desilusión no afectase al resto del equipo, hizo lo que cualquier PUMA hubiera hecho; continúo entrenando, dejando todo en el entrenamiento, colaborando con sus compañeros, asistiendo a los más jóvenes, alentando a los más grandes.

Muy a su pesar, el resto del equipo recibió el impacto, en la noche del jueves y ya la desazón invadió todas las almas.

Sólo restaba esperar que el tiempo transcurriera como un rayo, que todo ocurriera rápidamente.  Al fin y al cabo, nadie, en su sano juicio podía pretender que ellos, “Los GALLOS”, pudieran hacer frente a un equipo de gladiadores.

El sábado, desde temprano, la gente se arremolinó en el estadio municipal. Gobernador, intendentes, legisladores, empresarios, le daban una nota institucional al evento. Delegaciones de diversos equipos de todo el país y la gente de la UAR se encargaron que eso fuera una verdadera fiesta de rugby. El escenario era imponente. Todo era alegría y rugby. El rumor decía que el mismísimo Presidente de la Nación concurría al partido. Ya todo era exagerado.

Luego de todo el show, la cancha se despejo y las escuadras pisaron el césped cual campo de batalla. El Mariscal Mandraque, beso su cancha, beso su pasto, beso al canchero de toda la vida y se hundió en el banco de suplentes.

El recibimiento a Los PUMAS fue apoteótico, impresionante. “amigos y amigas, reciban uds a nuestros temibles gladiadores, dignos representantes de nuestra querida azul y blanca, connnnnnnnnnnn udsssssssssss LOOOOOOSSSSSSSSSSS PUMAAAASS”, con esa frase, la voz del estadio, atronó las almas y los corazones.  El público exaltado, se puso de pie para dar la ovación más grande que esa región del planeta haya escuchado jamás.

A continuación, el maestro de ceremonias, el cura Perico, antiguo jugador de rugby en el seminario mayor, nombró a cada uno de los jugadores Pumas: Yanqui Martín, Pichot, Roncero, Albacete, Contempomi, Fernandez Lobe, Ledesma y tantos otros. Las gargantas rojas de los gritos y las manos ardiendo de los aplausos.

Los concurrentes dieron a los PUMAS, el afecto y reconocimiento que se merecían.

Nadie se percató de la presencia de “Los Gallos” que en el sector sur del estadio ejecutaban sus movimientos precompetitivos. La voz del estadio, optó por no nombrarlos para poder recuperar la tensión de sus cuerdas vocales.

Llegada la hora de la verdad, el partido se inició en términos amistosos, prácticamente exhibicionista. Mandraque, desde el banco de suplentes era un mero testigo, lleno de bronca y decepción.

Un tackle alto, al cuello de un PUMA, enfureció a la selección nacional, que se despertó de tanto halago y ovación y comenzó a jugar de un modo brillante, los tryes no se hicieron esperar y fueron la delicia de la gente. “Los GALLOS”, nada podían hacer frente a tanta potencia, habilidad y técnica. El primer tiempo terminó con 50 tryes convertidos por los PUMAS, que ni siquiera transpiraron y “Los Gallos” absolutamente exhaustos, agotados y rendidos.

El segundo tiempo se inició con un extraño movimiento de gente en el palco oficial. El rumor de la presencia del Presidente de la Nación, tomaba fuerza. De concretarse sería un sueño cumplido para todo el pueblo.

El partido continuó como debería ocurrir, con los PUMAS desplegando un rugby de otro planeta y “Los GALLOS” en una actuación menos que digna. Ya nadie se interesaba por el resultado y todos admiraban las jugadas de Los PUMAS.

Cuando tan sólo faltaban 15 minutos para terminar el partido, lo impensado. El Presidente de la Nación ingresó, con su comitiva al estadio. Aplausos, gritos, vítores, definitivamente el pueblo de “Comandanta Evita”, vivía el mejor día de toda su historia. El partido se suspendió, los medios, el Gobernador, la gente, pedía unas palabras del Presidente y éste, gustoso, aceptó el convite y encaró al centro del campo de juego con un micrófono robado a un notero de la CNN.

Parado en el centro del estadio, frente a la multitud que lo aclamaba y todos los que seguían el partido por las cadenas de televisión, Tomo aire, saludo brevemente y descargo una reprimenda feroz.

Dijo el Presidente con voz enérgica: “Como puede ser que un partido de rugby de este nivel, en este pueblo, no lo tenga al Mariscal Mandraque como protagonista”, luego prosiguió: “Si Mandraque, no juega, estando en el banco, hay alguien que no entiende ni el espíritu ni la mística del juego”. Dicho esto, con bronca, tiró el micrófono y presuroso corrió hacía el banco de “Los GALLOS”, para confundirse en un interminable abrazo con “su” Mariscal Mandraque; el mismo que le había enseñado a hacer pases con la guinda en sus tiempos de juventud universitaria en la facultad de derecho de la Universidad Nacional de La Plata.

Cuando el abrazo aún no había terminado, el capitán de Los PUMAS descerrajo un temible grito, que nacido en sus entrañas se encargó del homenaje: “MANDRAQUE MANDRAQUE”. Fue suficiente para que todo el estadio lo siguiese y el grito de “MANDRAQUE, MANDRAQUE” bajara desde el cielo para endulzar los oídos de ese ángel del deporte. Los gritos de “MANNNNDRRRRAAAQUUUUEEEEE”, aún retumban en el campanario de la iglesia del cura Perico.

Obviamente, el Presidente no se sentó en el palco, hasta que Mandraque no ingresó a jugar su partido.

Para que todos escuchasen, dijo, a los gritos, el Capitán de Los PUMAS: “señores empieza un nuevo partido, HAY UN PUMA FRENTE A NOSOTROS, JUGUEMOS CON HONOR, JUGUEMOS ESTA FINAL CON DIGNIDAD”.

Para que el Intendente y el DT escucharan, dijo, a los gritos, el ocasional Capitán de Los GALLOS –al que apodaban “El Ciego”: “hermanos, empieza un nuevo partido, honremos a LOS PUMAS con un juego digno. Tenemos frente a nosotros, a los gloriosos PUMAS, ACABEMOS CON ELLOS. POR NUESTRO HONOR, POR NUESTRA DIGNIDAD, POR NOSOTROS.

Fueron 15 minutos de un rugby excelso, dignos de una final de la copa del mundo. Los GALLOS desplegaron de la mano de Mandraque, un rugby que hubiera preocupado a los mismísimos All Blacks. A pesar de toda su potencia y capacidad, LOS PUMAS no pudieron volver a doblegar el in goal rival y no convirtieron más. Ni tryes, ni penales.

Los GALLOS, se presentaron como una inexpugnable muralla invencible a todos los intentos de Los PUMAS.

La gente se emocionó de tal modo que con lágrimas en los ojos comenzaron a gritar los sobrenombres de los jugadores de su equipo. Mariscal, Chino, Búfalo, Tanque, Tigre, Tiburón, Jet, Máquina, Sombra…

De pronto, el pueblo y todos los presentes comprendieron que ellos tenían sus propios gladiadores, que los representaban con un coraje y una entrega envidiable. Entendieron que aún en la peor adversidad los GALLOS no habían abandonado su camino, a pesar de las humillaciones que el pueblo les había destinado.

Era gracioso ver al Presidente, con la camiseta roja y blanca a cuadro de Los GALLOS.

Todo el estadio comenzó a revolear sobre sus cabezas la mítica camiseta, en muestra de respeto y admiración.

Así, cuando todo ya terminaba con la alegría de una verdadera fiesta popular, en tiempo de descuento, cuando los PUMAS menos lo esperaban, el Mariscal Mandraque, dio un grito escalofriante: “GALLOOOOOOOSSSSSSSS”. El estadio enmudeció. Los espectadores se congelaron.  Los PUMAS, sin entender qué pasaba, advirtieron un rápido movimiento estratégico de los GALLOS. El equipo del Mariscal Mandraque, adoptó posición de ataque en sus veintidós yardas, algo absurdo.

Luego de una espléndida serie de pases de manos entre los tres cuartos, con participación activa de los gordos, sobrepasaron la mitad de la cancha. Así, Mandraque, que había iniciado la jugada varias yardas atrás, tomó nuevamente la ovalada y claramente ordenó: “A CARGAAAAAARRRR”. La guinda se elevó hasta los mismísimos pies del Señor, los GALLOS, corrieron como tremebundas fieras mitológicas alentadas por el permanente grito de su Mariscal. Al caer, la guinda cayó como un verdadero regalo del cielo, el pique fue a favor de los GALLOS; rápido pase de manos, salteo, salteo invertido y la bola que viaja aceleradamente a las manos de Mandraque, que, de frente, y con más de cien kilos, viene atropellando con una fortaleza propia de mil jóvenes bisontes. El último hombre de los PUMAS, el fullback, mide la distancia, se apresta y acomete con un tackle que bien podría haber demolido, de un solo golpe, al estadio entero. Pero Mandraque, con una reacción fuera de todo relato, pica sobre la punta de sus pies y se entrega a un vuelo rasante, veloz, heroico, elegante, y pasando sobre su marcador, cae en el in goal de los PUMAS, entrando por debajo de los palos.

“Es try, si si si si es try de Los GALLOS, grítelo pueblo de “Comandanta Evita”, grítelo carajo, es TRYYYYYYYYYYY DE LOSSSSSSSSSS GALLLOOOOOOSS” dijo la voz del estadio, en lo que seguramente ha sido el relato más importante en su vida.

El Mariscal Mandraque, le regalo a su equipo, a su pueblo, en la mejor jugada que la humanidad entera le haya visto realizar, un try de mil demonios. Explota el estadio.

Los GALLOS, corren a abrazarlo y se funden en una sola masa cárnica sin forma humana. Los PUMAS, que primero atinaron a un estruendoso aplauso ante la memorable jugada, corren a cargar en hombros a esos gladiadores locales, hasta ahora ignorados y menospreciados. Los GALLOS son paseados en los hombros por los gloriosos PUMAS, que es el mayor reconocimiento que un jugador de rugby puede esperar.

El estadio, por supuesto, se vino abajo con la ovación: “MANNDRAQUUUE MMMMAAAANDRAAAQUE”

El Presidente no se cansó de explicar ante los medios la amistad que lo unía al Mariscal Mandraque y el enorme jugador que era.

En el conteo final los PUMAS hicieron 50 tryes, con sus respectivas anotaciones. Los GALLOS sólo uno (la conversión no pudo ejecutarse por la invasión de la cancha por parte de todos los hinchas presentes)

Las fotos del try y del Presidente abrazado al Mariscal Mandraque, dieron la vuelta al mundo y pusieron al pueblo de “Comandante Conesa” en la lista de lugares memorables para el rugby mundial.

Y los PUMAS quisieron ser GALLOS y los GALLOS se sintieron PUMAS de la mano del Mariscal.

Los diarios locales titularon todas sus ediciones, durante meses, con frases de reconocimiento y admiración a sus jugadores. Calificaron al encuentro como una FINAL DE LA COPA DEL MUNDO, y brindaron a sus jugadores el lugar que la historia les tenía destinado y que se merecían.

Nunca más se supo del DT y del Intendente del pueblo.

Aún en las escuelas del pueblo se relata a los más pequeños la hazaña de los GALLOS o de “LOS MARISCALES” como se los llamó a partir de ese momento.